martes, 25 de abril de 2017

Tecnología en los niños: ¿amiga o enemiga?.

Hoy en día es muy común ver a niños pequeños entretenidos con una tableta o un teléfono inteligente. Si antes la gran preocupación de los papás era que sus hijos pasaran demasiado tiempo viendo tele, hoy la situación es distinta.

De acuerdo con la especialista en educación, y Directora General del centro SEDI para el desarrollo infantil, Patricia de la Fuente, el problema con la tecnología en los niños, particularmente estos dispositivos, es que si no se utilizan con moderación podrían alterar el desarrollo y la salud de los más pequeños del hogar, llegando a provocar irritabilidad, cambios de carácter y problemas de ansiedad a la hora de dormir. “Uno de los aspectos más preocupantes es que, la nueva generación, denominada homelander –como se les denomina a los nacidos en los últimos 15 años- está acostumbrada al uso indiscriminado de estos aparatos debido a que son innatos tecnológicos. Sin embargo, como padres, debemos encontrar un equilibrio para que no se convierta en un detonador de malas prácticas en la vida social”, comenta.

El uso infantil de los smartphones ha crecido del 8% al 40% en dos años, una situación que preocupa a especialistas como la psicóloga infantil Graciela Vilchis: “Si al pequeño se le proporciona alguno de estos aparatos por un tiempo extendido puede afectar el desarrollo de habilidades sociales o disminuir su capacidad de resolución de problemas, por ejemplo, matemáticos. ¿Cuántos no estamos acostumbrados a solucionar todo con el uso de apps o herramientas internas del celular? Estas enseñanzas se transmiten a los niños”.

Por otro lado, la Academia Americana de Pediatría (AAP) señala que el uso de pantallas en menores de 2 años puede generar retrasos en el aprendizaje, además de que la luz que emiten estos dispositivos puede alterar la secreción de sustancias como el cortisol o la melatonina. “Es importante cuidar de dispositivos, sobre todo en la noche, pues es cuando hormonas como la del crecimiento (HC) alcanzan su máximo nivel en menores de 10 años” comenta Patricia de la Fuente.

De acuerdo con lo anterior, la especialista nos da algunos consejos sobre el buen uso de celulares y tabletas.

·         Recálcale que ni los teléfonos ni las tabletas son juguetes y establece límites de tiempo en cuanto a su uso. Si tu peque tiene menos de 10 años, lo mejor es que siempre lo haga supervisado por un adulto.

·         Evita que lo use durante la noche.

·         Refuerza las actividades al aire libre, la lectura y las manualidades, esto alimentará su imaginación y creatividad.

·         Evita darle total libertad sobre tu celular o tableta. Es importante recordarles que son de nuestra propiedad y eso es algo que debe respetar.
·         Cerciórate de que su interacción con amigos sea natural y no esté replicando lo que observa en internet. Es importante vigilar esto para que te asegures de que no se está saltando etapas de diversión.

martes, 18 de abril de 2017

Si no estudias, no trabajas

La misión casi imposible de los menores de 25 años con poco nivel de estudios en España es acceder al mercado laboral. Y esto, aunque parece una obviedad, no lo es tanto, como demuestra el hecho de que "el desempleo juvenil se trate erróneamente como un fenómeno homogéneo, cuando la situación de partida de cada joven en cuanto a su nivel de estudios influye directamente en su éxito laboral y, en el futuro, en su probabilidad de riesgo de probreza y exclusión".
La afirmación, tajante, la hace a EL MUNDO Begoña Cueto, profesora titular de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo y autora del dossier Bajo nivel educativo, baja participación laboral, que forma parte de un estudio más amplio del Observatorio Social de La Caixa sobre la situación de los jóvenes españoles. Cueto sostiene además que el problema de trabajo de los jóvenes sin estudios es estructural y se sostiene más allá de la recesión. "Independientemente del ciclo económico, la tasa de empleo de las personas con estudios básicos no llega al 60% en los momentos centrales de sus vidas, mientras que la de aquellas que tienen estudios superiores alcanza el 90%".
El trabajo, publicado este miércoles, recoge que en España la crisis ha sido especialmente larga, que ha repercutido de manera muy negativa en el mercado laboral y que ha perjudicado enormemente a los jóvenes. "La recesión empeoró la situación de todos los menores de 30 años, pero aquellos con un bajo nivel de estudios vieron caer su tasa de empleo entre 25 y 30 puntos, mientras que la de quienes contaban con estudios superiores cayó 10 puntos".
La profesora de la Universidad de Oviedo destaca estas diferencias en las cifras de tasas de empleo y desempleo según la formación. "A pesar de que se conoce muy bien el impacto positivo de la educación sobre el acceso al empleo, seguimos hablando de desempleo juvenil como si fuera un todo homogéneo cuando su situación es muy distinta dependiendo del nivel de cualificación alcanzado". Y el problema, recuerda, es que el grupo de jóvenes con bajo nivel de cualificación aún es sustancial (el 7,2% de los chicos entre 16 y 29 años tiene estudios primarios o menos y el 35,5% la ESO).
Cueto insiste en recalcar algo evidente pero que parece olvidado: "Las dificultades de inserción laboral de un joven universitario nada tienen que ver con las de un joven que abandonó la educación obligatoria. Sin embargo, no es habitual el diseño de políticas diferenciadas para atajar este desempleo".
"La crisis ha afectado a los chicos en un momento clave de su trayectoria laboral: la transición de la educación al empleo, lo que puede tener extensas repercusiones", dice la investigadora, que ahonda además en el problema del abandono escolar temprano en España. Aunque en 2016 el porcentaje de abandono bajó por primera vez del 19% , sigue siendo una cifra muy alta. "Es un problema grave que comienza en la etapa de educación primaria. En quinto de primaria, el 89,5% del alumnado está matriculado en el curso teórico que le corresponde. A los 14 años el porcentaje baja al 71%. Estas cifras muestran una elevada tasa de repetición, cuando diversos estudios nos dicen que repetir curso no es una estrategia que funcione, por lo que se deberían poner en marcha políticas de apoyo en los primeros cursos y dedicar recursos en esta primera etapa para que los alumnos no se desmotiven".
"Desafortunadamente", recuerda la profesora, "el origen social sigue influyendo mucho en la probabilidad de abandono educativo. Quienes tienen padres con bajos niveles educativos, siguen teniendo una mayor probabilidad de tener un bajo nivel de cualificación". Los datos muestran que la diferencia entre el rendimiento medio de los alumnos más y menos favorecidos socioeconómicamente en 2015 en España, fue de 80 puntos en las tres competencias: lectura, ciencia y matemáticas. Ello equivale a un retraso estimado de dos años de enseñanza.

Sin empleo, pero no ni-nis
Begoña Cueto quiere desmontar el mito de los 'ni-nis' (ni estudian ni trabajan), "que categoriza negativamente a los jóvenes y no refleja la realidad". Ella utiliza el término inactividad para dar una radiografía más fiable de la juventud española. Con el vocablo inactivos "definimos a aquellos que no están trabajando ni buscando empleo y por distintos motivos".
La inactividad por razón de estudios representa un porcentaje muy relevante del total que, además, ha aumentado durante la crisis (ya que al no haber trabajo siguen estudiando). Pero la investigación destaca que entre las personas con baja cualificación "aparecen otros dos motivos importantes. La enfermedad o incapacidad propia para no buscar empleo de un 23,5% de los varones con bajo nivel educativo y de un 18,9% de las mujeres; y el cuidado de dependientesentre quienes tienen estudios primarios o menos o estudios secundarios con orientación profesional".
La autora se muestra sorprendida y preocupada por "la relevancia de las razones de cuidado y conciliación para explicar la inactividad laboral de las mujeres. Incluso entre las más jóvenes, ya se perciben problemas de conciliación entre vida laboral y familiar que no aparecen en el caso de los hombres", señala.
Los jóvenes inactivos han aumentado considerablemente con la crisis. En 2008 era inactivo el 32,5% de los menores de 30 años, una cifra que en 2016 alcanzó el 44,5%. Entre quienes completaron la ESO en 2006 era inactivo el 36% mientras que una década después lo era el 51,8%.
Escaso éxito de los programas de inserción laboral
El informe del Observatorio Social de La Caixa incluye también un análisis de Almudena Moreno, profesora de sociología de la Universidad de Valladolid, sobre el reto de la Garantía Juvenil, una recomendación adoptada por el Consejo Europeo para que los menores de 25 años -en España se amplió el rango de edad hasta los 29- tengan una oferta de empleo y formación en los cuatro meses posteriores a la finalización de sus estudios o a la entrada en situación de desempleo.
Sin embargo, este programa no ha cuajado en España. Tan sólo lo conoce el 25% de los jóvenes españoles, según datos del Eurobarómetro, y el porcentaje de chicos que tras seis meses de estar registrado encontró empleo o formación fue del 38%, frente al 71% de éxito de los irlandeses o el 68% de los italianos.
Moreno destaca que "son precisamente los jóvenes con menos formación y por tanto más susceptibles de experimentar situaciones de pobreza y exclusión social los que menos se registran como demandantes de empleo, junto con los jóvenes con estudios superiores, aunque por razones diferentes: los primeros, porque tienen menos habilidades y competencias para buscar trabajo, además de estar desmotivados. Los segundos porque no confían en encontrar trabajo en estos servicios".
Las causas de esta ineficiencia para atraer a los jóvenes estriban, por un lado, en la escasa visibilidad de las campañas publicitarias entre la población joven y, por otro, en la limitada capacidad administrativa, presupuestaria y de personal.
Las cifras de la juventud española
·         En los últimos 20 años, el desempleo juvenil prácticamente ha doblado el desempleo general.
·         El 79% de los jóvenes (19-30 años) tiene la impresión de que han sido excluidos de la vida económica y social a raíz de la crisis. En la UE el porcentaje es del 57%.
·         En 2005, el 44% de los jóvenes que vivían con sus padres estudiaba, frente a casi el 60% en 2015. En 2005, el 40% de ellos trabajaba, más del doble que una década después (17%).
·         Los hombres jóvenes abandonan el hogar de los padres casi dos años más tarde que las mujeres, con 30,1 años frente a los 28 de ellas
·         Casi cuatro de cada 10 jóvenes estaba en 2015 en riesgo de pobreza y exclusión social, 10 puntos más que en la UE (29,1%).


viernes, 7 de abril de 2017

Decálogo para las vacaciones

1. Las vacaciones son para disfrutar y descansar

Del mismo modo que los adultos no emplean -o no deberían emplear- el tiempo de vacaciones para repasar o adelantar el trabajo de la oficina, no tiene sentido que los niños se pasen las vacaciones realizando las mismas tareas que realizan a lo largo del curso. El verano es el tiempo para que duerman más, tengan horarios menos rígidos y menos obligaciones que durante el curso académico. Y hay que pensar que jugar nunca es perder el tiempo, y menos en vacaciones.

2. Ayudar en casa

Las vacaciones son para descansar, pero no para no hacer nada. Y lo primero que hay que enseñar a los niños es que deben contribuir a las tareas domésticas, ayudando a que el tiempo de descanso lo sea para todos, también para los padres. El hecho de que tengan horarios menos rígidos y más tiempo para el ocio y descanso debe ser aprovechado para fomentarles su autonomía e incrementar su habitual aportación a la buena marcha de la casa, Que se vistan solos y aprendan a recoger la ropa cuando son pequeños, que hagan la cama y mantengan ordenada su habitación, que ayuden a poner y quitar la mesa o a poner los platos en el lavavajilla o incluso a preparar la comida o la cena, que colaboren haciendo la compra o yendo por algunos recados, son tareas muy recomendables que contribuyen más de lo que se piensa a su desarrollo personal y también a su felicidad presente y futura.

3. Conversar con ellos (y escucharlos)

Las vacaciones son un buen momento para pedir a los hijos que aumenten su contribución en casa. Recíprocamente, son también la mejor época para dedicar tiempo a nuestros hijos y estar con ellos y sobre todo conversar con ellos. "Habla para que yo te conozca", decía Sócrates. Hacer hablar a los niños, incluso de forma pública, entre nuestros familiares y amigos, es una manera extraordinaria de desarrollar sus capacidades intelectuales y de entrenarlos en una de las habilidades y competencias tradicionalmente más deficitarias en nuestro sistema educativo, que es la de hablar en público. A los niños les encanta hablar en público y sentirse protagonistas. Aprovechar este tiempo para escucharlos y también para que nos escuchen a nosotros es otra excelente forma de contribuir a su desarrollo personal e intelectual.

4. Entrenar los conocimientos de forma lúdica

Hay muchas formas, y sólo hay que aprovechar el contexto y las oportunidades de cada día, y también tener en cuenta las habilidades y gustos de cada niño. Por ejemplo, una forma de que un niño de siete años haga matemáticas, sin tener la sensación de estar haciéndolo, es dejándolo que se encargue de pagar y de que esté pendiente de que le den la vuelta correcta. ¡Les encantará! A un niño que le gusta dibujar puede resultarle mucho más motivador hacer un dibujo en la arena de la playa que ponerlo delante de un cuaderno. Y desde luego a todos les podrá parecer mucho más divertido tener en casa "la hora del inglés" antes que repasar vocabulario. Y el resultado puede ser casi el mismo (o mejor).

5. Leer, leer y leer

Y si es posible, organizar un momento de lectura en voz alta. La lectura en voz alta es magnífica para el cerebro y, si al niño no le gusta especialmente, se le hará mucho más llevadera al poder contar con la atención de la familia. En cualquier caso, tenga en cuenta que los niños imitan lo que ven, y si ven a los padres leer, lo normal es que ellos lean. Si ven a sus padres con la tableta o el móvil, ellos pensarán que esa es también la mejor forma de ocio.

6. Una actividad para demostrar lo aprendido

Hay que enseñar a los niños que los conocimientos son algo útil y eficaz, algo que les ayuda para la vida. El verano es un momento magnífico para que los niños se den cuenta de lo que han aprendido y de lo bueno que es saber más para la vida diaria. Una buena forma de lograrlo es plantearles, en forma de reto, que desarrollen una actividad para demostrarnos y demostrarse a sí mismo algo de lo mucho que han aprendido. En un niño pequeño, puede ser comprar una postal para el abuelo, redactarla y enviársela. O escribir una carta a un amigo del cole y enviársela contando cómo se lo está pasando en las vacaciones. En un chaval que entra en la ESO puede ser un resumen creativo del verano o de un viaje del verano, en dibujos, diapositivas, vídeo, o como quiera. Una actividad de este tipo no sólo será un buen entrenamiento intelectual para no perder la forma sino que además fomentará la autoestima de los niños.

7. El día en el que "mandan" ellos

Otra idea en esta misma dirección es reservar un día en el que todas las actividades son decididas por ellos, pero también desarrolladas por ellos (aunque sea con nuestra ayuda). Ellos son los jefes, los "padres" y deciden el calendario de la jornada. Que todo salga bien, depende de ellos.

8. Viajar

Siempre que se pueda, viajar es ya en sí mismo una forma de aprender y madurar y desarrollarse intelectual y personalmente. Si tenemos esa suerte de poder viajar, lo que hay que evitar a toda costa es que los niños formen parte simplemente del equipaje. Darlesresponsabilidad en la planificación y desarrollo del viaje, dejarles que ellos se informen y sean los que elijan algunas actividades en concreto y que tengan que ponernos al día a nosotros de lo que estamos viendo o vamos a hacer, permitirles que ellos sean los que pidan en el restaurante o se hagan responsables de su documentación en el hotel o en el aeropuerto, dejar que nos saquen los billetes de los museos o de los espectáculos a los que vamos a ir..., todo eso es potenciarles su autonomía y su capacidad intelectual.

9. Museos, conciertos... Cultura

Aprovechar el verano para interesarlos por las artes y la cultura, visitando museos o pueblos monumentales, o yendo a conciertos juntos, o simplemente al cine de verano, son otras actividades más que recomendables para el verano.

10. La televisión y el móvil: ni premio ni castigo

Con la televisión y los dispositivos electrónicos, lo mejor que se puede hacer es establecer unas normas a principio del verano sobre los horarios y condiciones de uso. Y en la medida de lo posible, que sean similares para toda la familia, niños y adultos. También resulta recomendable no usar el tiempo de exposición a estos dispositivos como mecanismo de premio o castigo, pues, si se hace así, los niños aprenderán inconscientemente que no hay ninguna forma de ocio mejor que esa. Nuevamente aquí es preciso insistir que la mejor forma de predicar es con el ejemplo.


Recomendaciones para trabajar con niños pequeños en vacaciones

40 Recomendaciones 

PARA DESARROLLAR LA AUTONOMÍA
1.- Intentar que sigan teniendo un horario y un orden, dentro de lo posible.
2.- Trabajar la autonomía para favorecer la entrada al cole.
3.- Compartir  y disfrutar con ellos todos los momentos posibles, no darles las cosas hechas, enseñarles a hacerlas
4.- Hablarles de todo lo que ven, hacer que prestan atención a lo que hay a su alrededor, hacer que se fijen en cualidades de los objetos, colores, formas… explorar  e investigar juntos.
5.- Ayudarles para que hagan las cosas por ellos mismos: vestirse, desvestirse, ponerse los zapatos, utilizar los cubiertos…
6.- No abandonar los límites puestos durante el curso, no ceder ante sus caprichos.
7.- Hacerles pequeños encargos de traer y llevar cosas.
8.-Crearles pequeñas responsabilidades: Por ejemplo, encargarse de poner las servilletas en la mesa.
9.- Hacerles responsables de recoger sus cosas, quedando estas recogidas después de jugar.
10.- Pedirles ayuda al realizar la compra.
11.- Introducir texturas de alimentos nuevos, frutas nuevas, combinar colores, hacer figuras por ejemplo una flor.
PARA FAVORECER EL DESARROLLO MOTRIZ
12.- Subir y bajar escaleras alternando pies.
13.- Cuando se suban a una altura, banco o columpio, no bajarles sino enseñarles a bajar poniéndose de espaldas y bajando hacia atrás agarrado.
14.- Juegos con pelotas: lanzar y recoger, rodar por un caminito, patada con el pie.
15.- Equilibrios con un pie.
16.- Andar hacia atrás.
17.- Organizar circuitos: debajo de la mesa, subir a un banquito, saltar…
18.- Para motricidad fina, ejercicios de cosido, hacer collares…
19.- Pintar con materiales de diferentes texturas, más blandas, más duras… con las manos, con los dedos…
PARA FAVORECER EL DESARROLLO COGNITIVO
20.- Hacer torres con cubos, botes, piedras… cualquier material vale.
21.- Construcción de trenes…
22.- Agrupar objetos según un criterio: pelotas, un color, piedras, conchas, papeles.
23.- Hacer conjuntos de objetos con características comunes.
24.- Abrir y cerrar botes, enroscar y desenroscar.
25.- Imitar trazos tanto en papel como en la arena, agua, en el aire…
26.- Emparejar objetos: lápiz con el papel, jabón con la esponja, agua y el vaso…
27.- Realizar series de objetos cotidianos siguiendo un criterio dado.
PARA FAVORECER EL DESARROLLO DEL LENGUAJE
28.- Contarles cuentos dejando las frases sin terminar.
29.- Cuentos con pictogramas.
30.- Nombrar todo lo que veis para aumentar su vocabulario.
31.- Pedir que nombre las imágenes de un libro.
32.- Nombrar las partes del cuerpoen él y en otra persona.
33.- Ejercicios de lengua y boca: lengua dentro-fuera, arriba-abajo, doblar lengua, morritos, boca abierta-cerrada, dar besos al aire, boca de pez.
34.- Ejercicios de soplar: papel seda, carreras de bolitas, soplar por pajita, sorber por pajita, soplar pompas de jabón, apagar una vela….
35.- Inflar las mejillas como globos y explotar.
36.- Imitar sonidos del entorno como el teléfono (ring ring), reloj (tic tac), timbre (dindon), moto (brrrr), ambulancia (ninonino).
37.- Imitar sonidos de animales.
38.- Decir silencio ssssss.


viernes, 31 de marzo de 2017

Cosas que hacemos los docentes y que matan la creatividad de los alumnos

La creatividad consiste en asumir riesgos y, por eso, necesita de cierto entrenamiento emocional. Sí, como lo oyes, la creatividad se entrena. Es verdad que hay personas que tienen muy integrada esta capacidad, casi de forma innata; pero lo más frecuente es que, conforme resultamos victoriosos de los retos que nos hemos marcado, aumente la confianza en nosotros mismos y seamos capaces de afrontar nuevos desafíos.

Por eso, es esencial que los adultos –y en especial los maestros y padres– tengamos claro que nuestro papel es fundamental para el desarrollo de la creatividad en los niños y que, tal como existen algunas prácticas que son muy positivas para potenciarla, también las hay que no lo son para nada.

¿Quieres conocer cuáles son las prácticas que hacemos habitualmente en la escuela y matan la imaginación de nuestros alumnos?.

1. No saltarnos de tanto en tanto el temario

¡Qué locura dirás! Las planificaciones están bien, nos ayudan a organizarnos y cumplir unos objetivos; pero recuerda que de nada valen si no incluyen las motivaciones e intereses de tus alumnos. ¡Introduce las preocupaciones e ideas de tus estudiantes en el día a día!

2. Hacer todos lo mismo en plástica (u otras materias)

La Educación Plástica nos invita a crear y divertirnos, y pone en práctica nuestras habilidades desde el minuto 0. Sin embargo, por costumbre, tendemos a pedir a nuestros alumnos que repliquen modelos que los maestros ya les damos, es decir, que hagan todos lo mismo y de la misma forma: “Hoy vamos a hacer todos una manzana con plastilina”, “hoy toca pintar con acuarelas”.
Con esta práctica, estamos obviando su creatividad para resolver situaciones y les estamos negando la posibilidad de conocerse mejor a sí mismos. Planteémoslo, entonces, de la siguiente forma: “¿Por qué no buscáis una manera de expresar cómo os sentís hoy?” “¿Qué tal si hoy me mostráis algo que os guste mucho: ¡podéis utilizar la técnica que queráis!”

3. No dar el mismo valor a todas las Inteligencias y materias

Muchas asignaturas han desaparecido prácticamente de nuestros planes de estudio para dar preferencia a otras. El caso más claro es el de las Humanidades y de ahí que nuestros alumnos no tengan casi contacto con algunas áreas como la danza, el cine, el teatro o la poesía. Esto resulta una traba para que nuestros pequeños exploren sus propios talentos y puedan experimentar.

4. No premiar la iniciativa y la actitud emprendedora

¿Cuándo fue la última vez que premiaste la iniciativa? Si uno de tus alumnos se ha esforzado en encontrar una solución alternativa o ha hecho más allá de lo estrictamente demandado, ¡destácalo! Es importante que les recuerdes a menudo que no todo tiene por qué hacerse de la misma manera y que cada uno debe encontrar sus propias “maneras” de hacer las cosas.

5. No hablar de emociones

Como te decía al inicio del artículo, la creatividad se basa en gran parte en asumir riesgos y, para arriesgar, hay que confiar en uno mismo y tener una buena autoestima. Los niños necesitan de las palabras de ánimo y del afecto de sus referentes para ir ganando en seguridad dentro de los entornos que no conocen y así superar sus miedos en las materias o contenidos nuevos.
Así, es imprescindible que los maestros (y papás) estemos atentos a cómo se sienten nuestros alumnos, y les ofrezcamos el espacio para expresarse.

6. Dar demasiada importancia a los errores


Cuando nuestros alumnos se equivocan en su tarea, nuestra respuesta automática es la de corregirles e indicarles en qué han fallado. Por supuesto, es bueno detectar los errores para modificarlos y poder avanzar. Sin embargo, también lo es que les recordemos lo mucho que han aprendido, lo que sí que saben hacer bien y el esfuerzo que ponen a diario. En ocasiones este último mensaje queda más diluido, no ponemos tanto énfasis como en el anterior, y esto no es nada justo para el niño. En este sentido destacamos, por ejemplo, el método del bolígrafo verde que destaca los aciertos en lugar de los errores.

miércoles, 29 de marzo de 2017

¿Quién ha de hacer los deberes?, Elvira Lindo

La leyenda, más que urbana, doméstica, existe: los deberes los hacen los padres. No los míos, desde luego. Ni tampoco los suyos, si compartimos generación. Cuando nosotros éramos niños, las madres, que eran las que solían estar en casa, no estaban muy pendientes de ese asunto. De vez en cuando, se oía la célebre frase “¿no tienes deberes?” en un tono rutinario. Éramos, para bien o para mal, más independientes; para bien o para mal, nuestra primordial misión en la vida como niños era no dar guerra. Y aprobar. Una vez que nos tocó ser padres y madres, en ocasiones, divorciados, vivíamos nuestro papel con culpabilidad, y sí, les hicimos algunos deberes a nuestros niños. Que tire la primera piedra el que no lo hiciera. En mi caso, como mis cualidades pedagógicas son nulas era como que terminaba antes si lo remataba yo. No siempre me pusieron buena nota, la verdad sea dicha.


Urge que los políticos hablen de educación y dejen polémicas banales

Ahora me cuentan amigos más jóvenes que las criaturas andan agobiadas por el volumen de deberes a los que han de enfrentarse cada tarde. A eso se suma que con los disparatados horarios españoles, las madres o los padres ya no están en casa para aliviarles el trabajo. Dado que el asunto ha llegado al Congreso de los Diputados, de lo cual me alegro (es urgente que los políticos hablen de asuntos como la educación y dejen de embarullarnos con sus polémicas banales), se me ocurre que hay una sociedad que tiene una serie de deberes pendientes y más aún con los resultados aún calientes de la evaluación Pisa. Apunto algunos:

Los padres tienen el deber de educar a sus hijos en la medida de lo posible, para que el profesor pierda menos tiempo en corregir unos modales que dificultan la enseñanza; la sociedad en sí misma tiene el deber de entender que la buena educación diaria, en la calle o en el trabajo, es formativa, que la cortesía es tan contagiosa como la zafiedad; si antes aceptábamos que la educación de los niños correspondía a la sociedad en general y no solo a papá o a mamá, ahora debería comprenderse que el aumento de la grosería y la violencia verbal contribuyen a cómo se comportan los niños; el Gobierno y la oposición tienen el deber de racionalizar los horarios para favorecer la convivencia familiar; los padres tienen el deber de no sobrecargar a sus hijos con un exceso de actividades extraescolares que a cualquiera de nosotros agotaría; los niños tienen el derecho inapelable a jugar; los adultos tienen el deber de favorecer el juego en la calle; los niños tienen el deber de aburrirse, y los padres, de no provocar en sus hijos una necesidad constante de novedades; los padres tienen el deber de no sobreestimular a los niños favoreciendo un carácter ansioso e impaciente; los profesores deben serlo por vocación, no es un oficio que tolere las medias tintas; el Gobierno no debe sobrecargar a la educación pública con las necesidades provenientes de la inmigración, es un asunto que concierne a toda la comunidad educativa, privada, concertada o pública; el Gobierno debe entender que es urgente y necesaria una asignatura que aborde los derechos y deberes de la ciudadanía; los centros no deben tolerar las faltas de respeto a los profesores por parte de los alumnos; los padres no deben tolerar que sus hijos ofendan a sus profesores; los padres no deben hablar de manera displicente de los profesores delante de sus hijos; las tutorías, más en estos tiempos, deben considerarse parte fundamental de la actividad escolar; las asignaturas creativas, como la música o las artes plásticas, no deben relegarse al horario extraescolar como si no sirvieran para nada; los niños tienen el derecho a ir bien desayunados al colegio; los padres, los profesores y los médicos deben entender que hay niños que sufren ansiedad y la ansiedad no precisa medicación sino un ritmo social distinto; el estado debe asumir que la escuela tiene que seguir siendo el mayor mecanismo de igualdad social; el sistema educativo debe insistir en que los niños aprendan a expresarse con claridad y a comprender un texto, de ahí depende en gran parte su futuro; la educación debiera ser uno de los temas prioritarios del discurso político; los profesores deberían de tener más tiempo para desarrollar sus clases y no vivir esclavos de la burocracia.


Cargar sobre el profesorado el que los niños sean excelentes es injusto

Todos deberíamos entender que un niño no se educa solamente en el colegio y que los resultados académicos son un reflejo de lo que está ocurriendo en un país: el nivel de educación en la calle, en los medios, la ansiedad que provoca la falta de expectativas, la agresividad, los malos modos, las palabras gruesas. Eso importa. Cargar sobre las espaldas del profesorado el deber de que los niños sean excelentes es injusto. Los cachorros se educan en la manada, así que usted y yo, como parte de ella, también tenemos un montón de deberes que hacer.

lunes, 20 de marzo de 2017

Sin infancia, no hay futuro

Cada vez más estudios en el mundo demuestran hasta qué punto todo lo que pasa en la infancia, sobre todo durante los primeros años, marca a la persona para bien o para mal. Los problemas que no se solucionen en esa fase, las oportunidades de desarrollo que se dejen pasar, afectarán directamente a las posibilidades futuras de esos niños y niñas y sus familias. Pero, además, suponen un gran coste futuro para las arcas públicas y las sociedades en la forma de programas compensatorios y gestión de la convivencia en la escuela, gasto en desempleo, delincuencia, problemas de salud en la edad adulta, y un largo etcétera. Se sabe, por tanto, que la inversión en este grupo de edad es la más rentable con diferencia. Mientras en países muchos más pobres que el nuestro ya se está tomando conciencia de esto, y se están adoptando las medidas necesarias, en España continuamos mirando hacia otro lado.
En cualquier lugar del mundo, una niña que nace en una familia de renta baja lo va a tener de entrada mucho más difícil en la vida que una nacida en una familia de renta media-alta. En eso no somos especiales. Posiblemente la primera tendrá que lidiar con las dificultades de sus padres desde muy pequeña, no sólo en la forma de carencias materiales, sino también emocionales y psicológicas. También se verá afectada por la falta de expectativas que su entorno tiene sobre ella.
Pero estas desigualdades son injustas e ineficientes: conducen a sociedades menos cohesionadas y en las que se derrocha el talento y potencial de los menores que viven este tipo de situaciones. De ahí que sea necesaria la intervención estatal para corregirlas, a través de las políticas y servicios públicos. El papel del Estado debe ser garantizar que las oportunidades de los niños en el futuro dependan de su propio esfuerzo y capacidades, y no de dónde vienen o dónde nacen. Así es en la mayoría de países de Europa. Pero, de nuevo, no en España, donde las historias de éxito escolar y personal de muchas de estas niñas son cada vez más difíciles de encontrar.
En nuestro país, la crisis parece haberse cebado en las familias con hijos en situaciones más precarias. Así, el porcentaje de niños que vive en hogares donde el primer responsable está parado o inactivo, o tiene un contrato temporal, es sustancialmente mayor entre aquéllos que proceden de familias con menor renta, y esta proporción ha aumentado de manera considerable.
Mientras esto ocurría, los gastos de vivienda para muchas de estas familias apenas han variado, lo que ha supuesto una carga imposible de superar para muchas, con presupuestos familiares disponibles prácticamente inexistentes. Como consecuencia, en los últimos años son cada vez más los niños procedentes de familias con dificultades económicas que acuden al colegio sin desayunar, que no disponen de un espacio propio para estudiar, que pasan frío en casa, que sufren mayores problemas de obesidad, que apenas se relacionan con compañeros de distinto origen social en la escuela, que disponen de menor tiempo y atención por parte de su familia o que viven situaciones de estrés continuado con efectos en la salud y el aprendizaje.
El Estado y las comunidades autónomas españolas, en lugar de intervenir en mayor medida, se han retirado casi por completo cuando más necesarios eran. Como consecuencia, por ejemplo, alrededor de 1.600.000 niños y niñas por debajo del umbral de la pobreza no tienen acceso a la prestación por hijo a cargo. Lo que es peor, su cuantía ahora es tan limitada (582 euros anuales, comparado con los 3.100 euros en Italia, un país de renta similar, o 528 en Bulgaria, cuya renta es cuatro veces inferior a la española) que incluso para el reducido número de hogares que la perciben su efecto es casi nulo.
Tampoco se ha invertido en servicios públicos de calidad dirigidos a estas niñas y niños. Al contrario, los recortes no han sido neutrales y han sido especialmente dolorosos para la infancia. Por ejemplo, en educación, se han disparado los ratios en escuelas en ciertos municipios y barrios donde ya eran demasiado altos para el alumnado que atendían, han desaparecido importantes programas educativos que mostraron su efectividad en la lucha contra el fracaso escolar y el absentismo y se han reducido considerablemente los presupuestos en formación en innovación pedagógica.
En un contexto de restricciones presupuestarias, la infancia española, que no dispone ni de voz ni de voto, ha resultado ser uno de los colectivos más perjudicados. Además, y a diferencia de otros países de nuestro entorno, continúan prevaleciendo en España  enfoques obsoletos e ineficaces sobre el desarrollo infantil, que ignoran de manera sistemática la importancia de las competencias socioemocionales, o el papel crucial de las madres y padres y sus capacidades a la hora de fomentarlas.
Asimismo, existen amplias diferencias entre comunidades autónomas con respecto a aspectos tan importantes como el desarrollo infantil temprano, que, a día de hoy, carece aún de un verdadero marco integrado.  Si a eso añadimos el carácter contributivo de nuestro estado de bienestar, que a menudo deja de lado a los más vulnerables, el resultado es dramático: son demasiados los niños y niñas españoles, justo aquellos que lo tienen más difícil, que se están quedando en la cuneta. Pero no olvidemos que, sin infancia, no hay futuro. Para nadie.  
Carmen de Paz y Lucas Gortazar (@lucas_gortazar) son miembros de la red KSNET y autores del estudio que ha dado pie al informe de Save the Children Desheredados.