jueves, 14 de marzo de 2019

Los niños no tienen que aprenderlo todo en educación infantil, por Mel Elices.

Pues no, los niños no tienen que aprenderlo todo en educación infantil
La verdad es que no sé qué le pasa a la gente con los seis años. Parece que antes de esa edad los niños pequeños ya tienen que saber leer, escribir, sumar, restar y no sé qué cuántas cosas más. Parece ser que el segundo ciclo de educación infantil (incluso el primero) es un escenario que se debe pasar a toda prisa y con unos objetivos bastantes exigentes y ridículos. Algunas personas, y eso incluye también a algunos padres, no son conscientes de que no todos los niños tienen el mismo ritmo de maduración.
 ¿Aprender a leer y a sumar en educación infantil?
Por ejemplo, no creo que leer y aprender a sumar (operaciones sencillas. Y sí, hay centros en educación infantil que ya enseñan a sumar) sea uno de los objetivos importantes de la etapa. Estamos hablando de que algunos maestros de educación infantil están pidiendo por las redes sociales ejercicios matemáticos para hacer con niños de cuatro años). ¿Ejercicios matemáticos? ¿Niños de cuatro años? Es que me parece algo exagerado y absurdo.
Pero eso al sistema educativo, a algunos padres ya los maestros les da igual. Están empeñados en que antes de los seis años (y si es antes de esa edad, mejor), sus alumnos e hijos ya tienen que ser casi unos expertos lectores, escritores y futuros matemáticos. Y cuidado: algún que otro progenitor podría enfadarse si algún maestro o profesor decidiera no llevar esa tarea a cabo en su aula. Lo peor de todo es que están convirtiendo la educación infantil en una preprimaria. Y eso no está bien. ¡Cada cosa a su tiempo, por favor! Y sobre todo, respeto al ritmo de los niños. 
 ¿Se adelantan aprendizajes en educación infantil?
Pero, ¿por qué tanta prisa? ¿realmente hay algún estudio en el que se diga que aprender a leer y a escribir en educación infantil será mejor para los pequeños? ¿obtendrán mejores calificaciones entonces? Pues hasta dónde yo sé, la respuesta es no. Un niño que sabe leer y escribir desde los cinco años no será mejor que uno que no sepa. Y tampoco obtendrá mejores notas. De hecho, lo único que he leído han sido artículos dónde explican que no se puede obligar ni exigir a un niño que aprenda algo cuando no está preparado (y menos algo tan importante como la escritura y la lectura).
Y menos algo que requiere un tiempo, un ambiente, unas habilidades, conocimientos concretos y por supuesto, experiencia previa de los maestros y educadores. La mayoría de países que tenemos alrededor se echan las manos a la cabeza cuando leen o escuchan que en España enseñan a un niño a leer antes de los seis años, cuando por ejemplo, los innovadores fineses se centran en actividades lúdicas, en la educación emocional, en la imaginación, en la diversión y en la creatividad. 
Me parece poco que únicamente se lleven las manos a la cabeza y que no estemos en el ojo del huracán de la educación (que a veces es así como me siento). Me da la sensación de que al entrar en el segundo ciclo de infantil se produce un proceso de velocidad y aceleración increíble. Y que en muchos centros para conseguir esos objetivos que tienen como principales, utilizan esa metodología de “la letra con sangre entra”. Menos mal que algunos maestros y padres no se dan cuenta de que esa no es la mejor opción. Ni mucho menos.
¿A veces se produce un aprendizaje obligado?
Si se obliga a aprender a un niño algo que todavía no le interesa, algo por lo que no ha mostrado curiosidad, y encima con tan poca empatía, sensibilidad y consciencia, lo único que se va a conseguir es que el niño se encierre en sí mismo y se desmotive. Y no sólo se desmotivaría y se encerraría en sí mismo, sino que esa presión y esa exigencia podrían causarle enfermedades como una depresión infantil, ansiedad, problemas de alimentación y de sueño. ¿Y qué harían entonces los padres y las familias?
Está claro que el periodo de la educación infantil debería ser mucho más flexible. Y con esto no quiero decir que no haya escuelas que no lo sean, pero la gran mayoría de ellas siguen al pie de la letra los objetivos marcados, siendo buenos o no para los más pequeños. Parece que a algunos centros únicamente les importa no salirse en ningún momento del guión. Pero lo que es cierto, es que los centros educativos de infantil deberían ser un entorno lúdico, flexible, donde se fomentara las ganas de aprender a través del juego, la imaginación, la experimentación y la creatividad.
Es una pena como una etapa tan preciosa como es la educación infantil, se llene de estrés, agobios, desmotivación y poca emoción. La educación infantil no consiste en dar fichas a los niños para que ellos las resuelvan estando sentados en la silla sin moverse. Un niño tan pequeño no debería sentirse agobiado por aprender a sumar y a leer de forma obligada. La educación infantil es una etapa de descubrimiento, de convivencia, de experimentación, de autoconocimiento y de emociones. ¿Qué sentido tiene empezar a estresar a los niños en esta etapa?
Mel Elices Agudo
Asesora de formación para educadores, maestros y profesores. Consultora educativa para familias en melelices.com.
Alcalá de Henares, Madrid, España.



viernes, 8 de marzo de 2019

Decálogo para educar en la igualdad de género, por Victoria González.

Aunque la situación ha cambiado mucho en los últimos años, todavía queda un largo camino para llegar a la igualdad de género. La sociedad no espera lo mismo, ni ofrece idénticas oportunidades a hombres y a mujeres. Además, se valora de manera más positiva a quienes se ajustan a las expectativas y los roles dominantes.

Luchar contra la violencia de género es cosa de todos y visibilizar la condena a esta lacra social también. 

Algunos estudios han demostrado que los hombres que despliegan características “masculinas” y las mujeres que exhiben características “femeninas” reciben evaluaciones más positivas que quienes no lo hacen, según explica el informe de la campaña “Muévete por una educación de igualdad”, impulsada por Ayuda en Acción, Entreculturas e InteRed y apoyada por la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo.

Y es que no somos conscientes, pero todos tenemos muy arraigados algunos prejuicios y actitudes machistas que seguimos reproduciendo generación tras generación, seguramente porque es lo que hemos observado e interiorizado desde que éramos pequeñitos. Por eso, la educación es fundamental para romper con estos prejuicios. En casa, los padres son el ejemplo a seguir, y conviene reflexionar sobre los valores que se transmiten a los hijos. Para ello, es útil hacerse preguntas del tipo: ¿Quién toma las decisiones importantes en casa? ¿Cómo se organiza el reparto de tareas? ¿Cómo se resuelven los conflictos?

“Los adultos que rodean a los niños son una fuente de información constante, que es aceptada por ellos sin filtro ni cuestionamiento. De manera silenciosa, los niños y niñas integran todo lo que les llega y lo imitan”, explica Sergio Díez, coordinador de la Escuela de Filósofos de los Colegios Brains. Desde estos centros educativos se sugiere un decálogo de buenas prácticas para padres y profesores que puede ayudar a educar a los más pequeños y a prevenir la discriminación y la violencia de género:

 1. Observar y escuchar.

Es importante observar cómo se relacionan nuestros hijos con sus compañeros y compañeras, entender qué conceptos manejan.
 2. Desmontemos los prejuicios.

Cuando afirman algo categóricamente hay que responder con una pregunta: ¿por qué? Por ejemplo, si nuestro hijo nos dice que fregar es de mujeres, podemos preguntarle: “¿Por qué es de mujeres? ¿Los niños no tienen manos? ¿Por qué no van a saber fregar?”. Al tratar de razonar el prejuicio, éste acaba autodestruyéndose.

Además, recordemos la discriminación también se produce hacia el género masculino: todavía existe una percepción de  quelos niños deben ser más duros, mientras que las niñas son sensibles. Está peor visto y a muchos chicos se les ridiculiza por llorar, o por mostrar una mayor sensibilidad, y esos son prejuicios que también debemos esforzarnos por desmontar.
3. No se puede generalizar.

Debemos hacerles comprender que las generalizaciones conducen a error. Cada persona es única e irrepetible, y tiene virtudes, defectos y capacidades propias, independientemente de si es hombre o mujer.

Tenemos características propias que nos vienen dadas por nuestro sexo, pero esto no debería que implicar que tengamos distintas oportunidades o que se espere que nos comportemos de una forma u otra.

4. Implicar a los niños y niñas en las tareas del hogar.

Asignarles responsabilidades o actividades cotidianas que tradicionalmente han sido consideradas 'cosas de mujeres' o 'cosas de hombres'.

 5. Compartir la información, debatir con ellos.

Es bueno hablar con ellos de la información que reciben en la escuela, en la televisión, de sus amigos… así generamos el hábito de conversar y discutir ideas en casa y fomentamos en los niños el espíritu crítico. Además, nos ayuda a entender cómo son, qué ven, qué piensan y cómo se sienten.

 6. Comprender nuestras propias limitaciones en cuanto a género.

Hemos sido educados en una sociedad que, igual que hoy, pretendía asignar un rol a cada sexo, y por eso nosotros mismos, tanto hombres como mujeres, tenemos interiorizadas algunas actitudes discriminatorias. Es bueno mirarnos con ojo crítico y, de alguna manera, reeducarnos.

 7. Responde sus dudas.

Debemos procurar que el momento de la televisión lo compartan con nosotros, y tenemos que responder a cualquier pregunta que les surja respecto a aquello que están viendo, incluidas las aquellas sobre sexualidad o relaciones entre hombres y mujeres.

 8. Juegos “unisex”.

Muchos juegos tradicionales no necesitan herramientas, ni tienen roles definidos: el pañuelo, la gallinita ciega, el rescate... son divertidos, no entienden de género, ¡y no pasan de moda!

 9. Da ejemplo.

Ellos nos observan y son como esponjas: repiten nuestras palabras e imitan nuestros comportamientos. Ven cómo nos relacionamos con ellos, con nuestra pareja, con nosotros mismos, con el entorno familiar y con la sociedad. Los patrones de comportamiento se heredan, y no es sencillo desligarse de esta influencia familiar. Evitemos roles, tópicos, lugares comunes respecto al género, y dejemos que vayan creando sus propias opiniones desde el respeto y la empatía por lo diferente.

10. El aprendizaje nunca se acaba.

Para enseñar hábitos, debemos ser nuestra mejor versión posible. Y para ello tenemos que desaprender, criticarnos, ver y comprender la realidad de nuestro entorno y cambiar lo que no funciona.

Fuentes: Escuela de Filósofos de los Colegios Brains y campaña “Muévete por la Igualdad” de Ayuda en Acción, Entreculturas e InteRed y Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo.


jueves, 28 de febrero de 2019

¿EXCELENCIA EDUCATIVA?

Hoy proclaman muchos colegios, como obligatorio, el ideal de la “excelencia”: la institución debe ser excelente, los programas de formación y los profesores también, y los estudiantes deben aspirar a ser excelentes y a demostrarlo.

Permítanme decirles que considero este ideal de la excelencia una aberración. “Excelente” es el superlativo de “bueno”; excelente es el que excellit, el que sobresale como único sobre todos los demás; en la práctica, el perfecto. En el ámbito educativo, hablar de excelencia sería legítimo si significara un proceso gradual de mejoramiento, pero es atroz si significa perfección. Educar siempre ha significado crecimiento, desarrollo de capacidades, maduración, y una buena educación debe dejar una disposición permanente a seguirse superando; pero ninguna filosofía educativa había tenido antes la ilusoria pretensión de proponerse hacer hombres perfectos.

Yo creo que la excelencia no es virtud; prefiero, como el poeta, pensar que “no importa llegar primero, sino llegar todos, y a tiempo”. El propósito de ser excelente conlleva la trampa de una secreta arrogancia. Mejores sí podemos y debemos ser; perfectos, no. Lo que una pedagogía sana debe procurar es incitarnos a desarrollar nuestros talentos, preocupándonos por que sirvan a los demás. Querer ser perfecto desemboca en el narcisismo y el egoísmo. Si somos mejores que otros —y todos lo somos en algún aspecto— debemos hacernos perdonar nuestra superioridad, lo que lograremos si compartimos con los demás nuestra propia vulnerabilidad y ponemos nuestras capacidades a su servicio".

Lograr calidad en educación - más allá de cómo se defina concretamente este concepto - es tarea titánica, delicada, compleja, multi- y trans-sectorial, sostenida, de largo aliento, de varias décadas, permanente, sin fin. Más si se trata no de lograrla en un plantel o en un conjunto de planteles sino en todo un sistema educativo. Por eso resulta curioso que hoy muchos se empeñen en hablar de excelencia educativa. Como sin con calidad, con buena educación, no bastará. 

La "excelencia" educativa se ofrece o se propone hoy en todo tipo de niveles educativos. La ofrecen, sobre todo, la folletería promocional y la gran política educativa desde determinadas instituciones y, también, desde los gobiernos. De tanto leerla y escucharla en documentos, en charlas y en eventos tengo la impresión de que donde más se habla de excelencia es donde más lejos se está de alcanzarla.

Conservo hace muchos años esta cita de Pablo Latapí - inspirada en versos de León Felipe: “Voy con las riendas tensas y refrenando el vuelo, porque no es lo que importa llegar solo ni pronto, sino con todos y a tiempo” - que ahora me sirve para enmarcar esta breve reflexión. No solo no perdió sino que ganó en relevancia y en vigencia.

"El propósito de ser excelente conlleva la trampa de una secreta arrogancia", escribe Latapí, maestro de maestros, para quien calidad educativa, equidad y servicio social fueron siempre de la mano. Arrogancia que niega las realidades de la educación en nuestros países y la necesidad de transformarla con sentido de justicia y equidad, para poder construir sociedades más felices, más democráticas, más igualitarias, más y mejor educadas.

Son tiempos de exacerbado individualismo-narcisismo y perenne inequidad social, en que se ha ido perdiendo la pasión transformadora de la educación no para mejorar puntajes en pruebas sino para transformarnos como personas, para transformar la realidad y el mundo en que vivimos. Hay, al mismo tiempo, creciente conciencia de que, a nivel global y de cada país, no hay calidad educativa posible mientras no se avance en equidad. El aprendizaje a lo largo de la vida se ha propuesto como nuevo paradigma para la educación en el siglo XXI, dentro y fuera de las aulas. La colaboración (antes que la competencia), la empatía y la inclusión se incorporan a las reformas y a las políticas educativas como valores deseables en las personas y como competencias indispensables del 'aprender a aprender' y para la convivencia social.

"Toda escuela una buena escuela" es el lema de los finlandeses, que han logrado, a lo largo de varias décadas, convertirlo en realidad y en desafío continuo, no para una minoría sino para todos. Nunca aspiraron a ser los mejores en PISA, reiteran los arquitectos de la nunca acabada reforma educativa en ese país. Lograr una "educación de excelencia" jamás estuvo en su ideario, solamente lograr una buena educación para todos, prestando para ello atención tanto a la equidad como a la calidad. Y por eso han logrado lo que hoy se expresa a nivel mundial como un deseo y es asegurar una educación equitativa, inclusiva y de calidad que ofrezca oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida para todos.


viernes, 22 de febrero de 2019

Derecho y justicia social en la educación.


Cuando hablamos de educación inclusiva ¿realmente sabemos lo que es y lo que supone?¿Somos conscientes de que es un derecho? ¿Somos conscientes de que como docentes es nuestra obligación garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad a todo el alumnado? Cuando hablamos de educación inclusiva, ¿sabemos que hablamos de justicia social, de derechos humanos, de ética?
El principio de inclusión aparece por primera vez en España en mayo del año 2006, cuando se aprueba la Ley Orgánica de Educación (LOE). Ese mismo año, en el mes de diciembre, las Naciones Unidas aprueban también la Convención sobre los derechos de las personas con Discapacidad, que en su artículo 24 habla del DERECHO a una educación inclusiva. España firma y ratifica esa Convención en mayo del año 2008, y desde entonces entra a formar parte del ordenamiento jurídico español.
La educación inclusiva es un derecho que tiene todo nuestro alumnado y para nosotros, los docentes, es una obligación ofrecer y garantizar los apoyos y ajustes necesarios para conseguirla. 

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Hablar de justicia social es hablar de educación inclusiva; es hablar de asegurar que todos los niños y niñas tengan derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad; es hablar de filosofía, de ética y de humanismo; es hablar de personas. En la actualidad, cada vez hay más familias que para conseguir este derecho a la educación deben acudir a los tribunales, con el consiguiente sufrimiento, desasosiego e incertidumbre que ello acarrea. Esto no es hablar de justicia social, no es hablar de educación inclusiva.
La justicia social en educación debe alejarse del concepto tradicional de justicia legal y debe acercarse a la justicia como presencia y participación de todo el alumnado en el aula y sobre todo a la justicia como educación de calidad y éxito para todos.
Para ello, los docentes y los centros educativos debemos cambiar nuestras culturas, nuestra mirada, debemos ver la capacidad y no la discapacidad, ver el talento y no el déficit, debemos estar informados y formados, debemos transformar nuestras prácticas y debemos liderar este cambio.
La justicia social se basa en aceptar las diferencias, en diluir los límites entre lo que yo, como docente, entiendo por normalidad y anormalidad, en ofrecer una educación de calidad a todo el alumnado, en un cambio de mirada mío y en un cambio de cultura del centro educativo. Cuando no somos justos, somos injustos, y entonces hablamos de opresores y oprimidos, y yo soy opresora cuando soy culpable del sufrimiento ajeno, cuando cometo injusticias, cuando le digo a una familia que su hijo o su hija no puede estar en este centro, cuando no ofrezco apoyos y ajustes suficientes a todo el alumnado, cuando etiqueto, cuando pongo barreras, cuando no las elimino, cuando no permito que todos los niños participen, cuando segrego, cuando invisibilizo, cuando tengo prejuicios, cuando me molestan dentro del aula; pero, sobre todo, cuando acepto la injusticia como algo normal y lo habitual se vuelve opresivamente cotidiano.
Reflexionemos sobre nuestras prácticas, reflexionemos sobre cómo transformarlas, reflexionemos sobre nuestra mirada, reflexionemos sobre qué es lo que quiero, sobre las barreras que pongo y quiero eliminar, sobre los apoyos que necesito para conseguir eliminarlas, sobre lo que puedo y no puedo hacer sola, sobre quién me va a ayudar. Reflexionemos sobre la justicia y la injusticia y entonces, solo entonces, esta reflexión me servirá para caminar, para conseguir una educación justa, equitativa y de calidad para todo el alumnado, para hablar de educación con mayúsculas, porque no tendríamos que hablar de educación inclusiva, tendríamos que hablar solo de educación, de educación con mayúsculas, porque cuando añado el adjetivo “inclusiva” al sustantivo “educación”, quiere decir que previamente he segregado y que por eso ahora tengo que incluir. Seamos capaces de hacer brillar siempre a todo nuestro alumnado, de iluminarlos y permitir que nos iluminen.
Educar es lo mismoque poner un motor a una barca…Hay que medir, pensar, equilibrar…y poner todo en marcha.Pero para eso,uno tiene que llevar en el almaun poco de marino…un poco de

viernes, 15 de febrero de 2019

La tutoría con el profesor



Una comunicación fluida entre el profesor y las familias es fundamental para el desarrollo educativo del alumno
Intercambiar información, resolver conflictos, analizar el comportamiento o simplemente conocer las opiniones de las dos partes son algunos de los objetivos que persiguen las tutorías con los padres. Una herramienta esencial, tanto para las familias como para los educadores, que ayuda a integrar de forma coherente los ámbitos educativos escolar y familiar.
¿Para qué querrá vernos el profesor? Es la pregunta que se suelen hacer muchos padres ante la solicitud de una entrevista personal con el tutor de sus hijos, ya que frecuentemente se asocia este hecho a que el alumno presenta algún problema o dificultad en el aula.
Las tutorías logran una mayor coherencia entre la educación del niño en el colegio y en el hogar
Nada más lejos de la realidad. Las tutorías con la familia no deben considerarse únicamente como una herramienta para resolver conflictos, sino como una vía para intercambiar la información relevante sobre la situación del alumno en el ambiente familiar y en el escolar y analizar sus influencias. De este modo, se logra una mayor coherencia entre la educación del niño en el colegio y en el hogar, se unifican criterios y se asumen unas mismas líneas de actuación en los dos ámbitos.
Todos los centros escolares deben incluir dentro de su Proyecto Curricular el denominado Plan de Acción Tutorial (PAT), donde se especifican los criterios y procedimientos para la organización y funcionamiento de las tutorías, tanto con los alumnos como con las familias. Generalmente entre las actuaciones que se incluyen en el PAT de un centro se incluyen las entrevistas individuales con los padres para informarles del desarrollo académico del alumno o de cualquier aspecto relacionado con su formación, con el objetivo principal de que se establezca un canal de comunicación fluido entre los profesores y familia.
Los padres siempre pueden solicitar una entrevista con el tutor si lo desean
Normalmente, el centro escolar, dentro del PAT, estipula para cada nivel educativo un número de tutorías rutinarias con los padres, pero estos siempre pueden solicitar una entrevista personal con el tutor del alumno si lo desean, ya sea porque han detectado algún problema o dificultad en el escolar que es conveniente consultar con el profesor, para informarle sobre algún cambio en la situación familiar que puede afectar al alumno o simplemente para conocer otros aspectos de la evolución de sus hijos, que no se reflejan en las notas o evaluaciones que informan periódicamente sobre el rendimiento escolar del alumno.
Preparar la entrevista
Al igual que sería impensable acudir a una reunión de trabajo sin haberla preparado con anterioridad, los padres deberían preparar del mismo modo las tutorías con el profesor. Tras consultar con varios profesores de distintas etapas educativas, ofrecemos una serie de pautas que los padres deberían tener en cuenta a la hora de acudir a la cita con el tutor de sus hijos:
Deben ser puntuales: normalmente el profesor concierta varias citas en el mismo día, el que una familia se retrase, puede afectar al resto de familias que se han convocado.
Preparar la entrevista: los padres deben tener claro que no sólo van a escuchar, sino que la tutoría es un intercambio de información, por tanto es aconsejable que recojan por escrito los temas que quieran tratar con el profesor y aquella información que pueda ser relevante para el docente, tanto la referente al rendimiento (el tiempo que dedica a las tareas o las dificultades que encuentra), como a sus hábitos en el hogar (relaciones con otros miembros de la familia o las actividades de ocio).
Consenso entre los padres: es importante que los padres consensúen sus opiniones sobre los temas que se van a tratar en la tutoría con anterioridad, y si hay disparidad en sus opiniones comunicárselo al tutor.
Los hijos pueden ser la mejor fuente de información para preparar la entrevista
Conversar con los hijos: a partir de una edad, los hijos pueden ser la mejor fuente de información para preparar una tutoría. Preguntarle sobre los temas que le preocupan o simplemente obtener su opinión sobre su situación escolar orientará a los padres en los puntos importantes que deben tratar en la entrevista con el profesor.
Tener una actitud positiva: los padres deben tener en cuenta que la entrevista con el tutor es una herramienta para favorecer el desarrollo escolar del alumno, y que aunque algunos de los aspectos que el profesor transmita sobre ellos sea negativo o discutible, no es conveniente adoptar una actitud defensiva.
El profesor interactúa no sólo con un alumno, sino con un grupo amplio de la misma edad
Valorar la opinión del profesor: aunque los padres pueden ser los que mejor conocen a sus hijos, es evidente que el profesor puede conocer actitudes y características de los alumnos que no manifiestan en el entorno familiar y que aportan a los padres una información complementaria muy valiosa. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el profesor interactúa no sólo con un alumno, sino con un grupo amplio de la misma edad y por tanto, hay que valorar ampliamente su opinión sobre algún problema o actitud y el grado de importancia que hay que darle.
Establecer objetivos: al finalizar la entrevista los padres deben acordar con el tutor, si es necesario, aquellos aspectos referentes al alumno que se necesitan mejorar o reforzar y de qué modo participará cada una de las partes en la consecución de los objetivos que se planteen.
Cómo debe preparar la tutoría el profesor
La ponencia Cómo mejorar la relación entre el centro educativo y las familias realizada por un equipo de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía en el Encuentro Nacional de Orientadores, recoge algunas de las pautas esenciales para los tutores a la hora de preparar una entrevista individual con los padres.
Antes de la entrevista: el tutor debe preparar la entrevista informándose del alumno, preparando tanto lo que vaya a decir como el material de apoyo que se vaya a utilizar (notas, fichas, partes...). Asimismo, el tutor debe preparar el lugar de la entrevista, procurando que sea tranquilo, cómodo, sin interrupciones y confidencial.
Durante la entrevista:
  • Crear un buen clima con los entrevistados y comunicar el tiempo disponible.
  • Valorar la posibilidad de incluir al alumno en la entrevista.
  • Extraer características y acciones positivas del alumno y manifestarlas en primer lugar antes que lo negativo.
  • Seguir un orden prefijado en la entrevista: escolar, personal, social...
  • Objetividad sobre el alumno: Hablar más con el verbo ESTAR y HACER que con el SER.
  • Transmitir confianza y seguridad en lo que se dice y hace. Tener mentalidad positiva, dar expectativas positivas y promover el cambio.
  • Transmitir que son colaboradores en la educación del hijo, no meros transmisores de información. Que lo personal y lo social preocupa tanto como lo meramente académico.
  • Transmitir empatía: cuando haya malestar y preocupación reales ponerse en el lugar del entrevistado, pensar que como padres es normal que estén preocupados por sus hijos.
  • No hacer alardes de autoridad, cuestionar, evaluar, juzgar o discutir y del mismo modo no aceptar faltas de respeto o de mala educación, amenazas o críticas injustificadas.
  • Transmitir sensación de confianza en las capacidades de los padres.
  • Derivar al Orientador cuando el problema sea necesario.
  • Recoger toda la información posible. Los padres conocen al alumno mejor que nosotros.
  • Ser coherentes: no pedir a los padres que hagan algo para solucionar un problema del alumno si nosotros no estamos dispuestos a hacer algo también, aunque eso nos suponga más trabajo.

miércoles, 6 de febrero de 2019

¿Cómo es posible que los niños estén más ocupados que los adultos?. Por Mel Elices.

https://melelices.com/
Está clarísimo que cada padre elige de qué manera educar a sus hijos. Pero hay una cosa que no logro entender: ¿como es posible que los niños estén más ocupados que los padres? Tengo una amiga que lleva a su hijo de seis años a fútbol, a inglés, a natación, pintura, música y a clases de informática para peques. El otro día me mandó un mensaje y me dijo: “Mel, mi hijo se duerme por las esquinas. Creo que le pasa algo”. 
Mi contestación fue clara: ¿pero te extraña que se duerma por las esquinas? No tiene suficiente con todos los deberes que tiene que hacer cada día, si no que también tiene que asistir a todas las actividades extraescolares a las que le habéis apuntado. ¿Cuándo tiene tiempo de jugar libremente, de desconectar y de descansar? Posiblemente, lo que al niño le pase es que esté excesivamente cansado. 
Los niños no son robots sin sentimientos
En bastantes ocasiones he escuchado eso de: ¡pero si son niños! ¡Ellos no se cansan! ¿Cómo que no se cansan? Sí que lo hacen. Y también se pueden sentir saturados y agobiados con tantos deberes y actividades extraescolares. Puede que no sepan expresar su malestar o cansancio pero sí que lo sienten. Los niños no son robots sin sentimientos y con energía infinita.
A los adultos también nos gusta descansar, desconectar, tener tiempo para nosotros y para hacer las cosas que nos gustan… ¿por qué hay gente que piensa que con los niños es diferente? Ellos también necesitan tiempo para disfrutar, para jugar y sobre todo para relajarse. No se debería creer que los peques pueden con todo y que van a estar al cien por cien siempre.
Exceso de deberes y actividades extraescolares
Conozco a niños de educación primaria que tienen una cantidad excesiva de deberes cada día. Como si eso no fuese suficiente, también tiene que ir a un montón de actividades extraescolares que les agotan. Vamos, que en bastantes ocasiones, los niños tienen muchísimas más cosas por hacer que los propios padres.
Pero ojo, yo no digo que las actividades extraescolares estén mal. Me parece bien que si un niño le gusta mucho el fútbol y quiere practicar el deporte, se le apunte a un equipo. Es genial que un peque quiera ir a música porque le encanta tocar los instrumentos. No está mal tener una o dos horas a la semana de extraescolares. Lo que es horrible es que los niños las tengan todos los días.
¿Por qué los niños tienen que ser genios en todo? 
Personalmente, creo que se está produciendo una sobreestimulación con los aprendizajes. Hay padres que quieren que sus hijos sean los mejores en absolutamente todo. Por eso les apuntan a la mayoría de actividades extraescolares: los peques tienen que ser perfectos en fútbol, en natación, en inglés, en pintura y con los ordenadores.
¿Por qué? ¿Por qué hay padres que se empeñan en que los niños sean ases en prácticamente todas las áreas? Quizás no sepan que un aceleramiento de aprendizaje no es nada conveniente para el desarrollo. Puede que desconozcan que los peques también tienen que descansar y que no es necesario que sean genios en todo.
El miedo innecesario a decepcionar a los padres
Hay bastantes niños que temen decepcionar a sus padres al decirles que no quieren ir a fútbol, pintura o a clases de informática. Lo que ellos más desean es que sus padres estén orgullosos y felices con ellos. Por eso hay veces que no expresan cómo se sienten o lo cansados que puedan llegar a estar.
Desde mi punto de vista, apuntar a actividades extraescolares a los niños solo para que estén entretenidos y sin que ellos realmente quieran, es un problema. Algunas veces, tengo la sensación de que son los padres los que quieren que sus hijos estén hiperocupados asistiendo a las actividades todos los días. Ojalá sea una sensación equivocada.
Mi hijo va a inglés, informática, música…
Bueno, vale. ¿Y su hijo cuándo juega? ¿Cuándo tiene tiempo para hacer una actividad de forma relajada y sin estrés? ¿Realmente es necesario que de clases de informática con cinco años? Quizás, sería más adecuado (y ojo, que yo todavía no soy madre) ir al parque con él para que corra y juegue libremente?
No sé si os habéis encontrado alguna vez con algún papá o mamá que comenta eso de: pues yo he apuntado a mi hijo a inglés, música, informática y pintura para que vaya más adelantado que el resto de los compañeros. Pero creo que se olvidan de una cosa: los niños no son simples trofeos que exponer ante los demás. Tienen derecho a disfrutar de algo muy importante: su propia infancia.