jueves, 15 de abril de 2021

¿CÓMO GESTIONAR LA TRISTEZA (para niños y mayores)

 

La tristeza, la pena y la pérdida son parte del ser humano. Esto incluye todo, desde los pequeños pinchazos de tristeza que de vez en cuando nos pican, hasta el dolor profundo y abrumador que amenaza con arrancarnos la vida. A veces desearíamos estar entre la tristeza y las personas que amamos, y que sus corazones estén felices todo el tiempo. Pero no podemos. Lo mejor que podemos hacer es enseñarles lo más que podamos sobre cómo navegar a través de esta emoción muy real, humana e inevitable con coraje, fuerza y ​​sabiduría.

Tristeza, pena y pérdida. ¿Qué significan?

La tristeza surge cuando perdemos algo, o cuando sentimos que así ha pasado. La pérdida puede ser de todo tipo de cosas. Tal vez sea la pérdida de la cercanía con alguien que amas después de una discusión o la pérdida de algo que querías. También sucede cuando estás asustado, o cuando alguien dice o hace algo que te hace “sentir mal”. Algunas veces la tristeza se siente insoportable.

Como cuando se pierde un ser querido, a través de una ruptura, muerte o distancia, como perder una mascota o tener que pasar por algo profundamente doloroso, como la separación de tus padres. No hay razones tontas para sentirse triste. 

La tristeza sirve para:

·         Animarte a encontrar apoyo y consuelo de alguien que se preocupa por ti (tu corazón tiende a saber lo que necesitas, incluso si no estás tan seguro).

·         Hacerte saber que algo necesita su atención

·         Indicar a otras personas que es posible que necesites algo de amor, amabilidad o mimos

·         Darte la oportunidad de retirarte, para que puedas estar quieto y en silencio durante el tiempo suficiente para tener claridad sobre lo que te ha hecho sentir triste.

La tentación, la primera reacción puede ser alejar la tristeza, fingir que no existe o cubrirla con otro sentimiento, como la ira.

El problema es que nada de eso hace que la sensación desaparezca, y a veces puede hacer que te sientas peor durante mucho más tiempo…La tristeza siempre pasará. Sé paciente, amable y gentil contigo mismo y lo superarás.

Aquí algunas cosas importantes que debes saber sobre la tristeza:

Deja que tu tristeza trabaje para ti

1.      Tu tristeza tiene un trabajo importante que hacer. (Lo sé, a mí también me gustaría que encontrase una manera más fácil).

La tristeza que viene de la decepción puede sentirse muy mal, pero eso es porque es tentador centrarse en la pérdida. La tristeza puede tener una manera de hacer que desees rendirte, pero en realidad puede ser un mensaje importante para seguir adelante, aunque quizás en una dirección diferente.

En un primer momento, piensa en lo que has perdido (no hay nada de malo en eso). Date tu tiempo. Y luego, piensa en qué otra dirección podrías tomar… ¿es buena? En este sentido, la tristeza puede ser como una señal de tráfico, enviándote por un camino que será incluso mejor para ti que el que estás triste por perder.

 2.      Te da el tiempo y el espacio para resolver las cosas.

La tristeza te pone en el modo de ahorro de energía, que es una manera muy inteligente de darte la oportunidad de pensar en las cosas. Cuando estás triste, es probable que no tengas ganas de hacer nada y que tus pensamientos se sientan muy intensos porque tu mente trabajará duro para resolver las cosas. No hay de qué preocuparse. La tristeza puede estar llena de información importante para ti. Tómate un momento de silencio y ve si tu tristeza está tratando de decirte algo. ¿Está tratando de enseñarte sobre el tipo de personas que son buenas para ti o a quién debes evitar (no todos son encantadores para estar cerca)? Tal vez, si estás triste por una discusión con alguien que te importa, está tratando de enseñarte las cosas que son importantes, o una mejor manera de hacer las cosas.

Cuando te tomes el tiempo para sentarte con tu tristeza o para hablar con alguien que se preocupa por ti, saldrás más fuerte, más sabio y más claro que antes.

3.      O para adaptarse a una nueva normalidad.

Cuando algo “malo” sucede, es posible que las cosas no vuelvan a la normalidad que conoces, pero en algún momento habrá una nueva normalidad. Puede parecer diferente a la anterior y puede que no se sienta tan bien por un tiempo, pero seguirá siendo una normalidad que puedas amar, vivir, prosperar y ser feliz.

Sin embargo, esto puede llevar tiempo, así que sé amable contigo mismo, date tu tiempo. Tendrás tus “ups” y tus “downs”, pero debes saber que los “downs” no son un paso atrás, solo son un paso normal para el ser humano de adaptarse a algo nuevo.

4.      Así que deja que sea tu refugio por un rato.

Cuando te sientas triste, probablemente también sentirás otras cosas: confundido, celoso, enojado, solo, no lo suficientemente bueno. Deja que la tristeza sea tu refugio mientras clasificas tus sentimientos o los expresas con alguien que amas.

5.      Tu tristeza no es el enemigo.

La tristeza está ahí para ayudarte, no para lastimarte, y no está ahí para mantener alejado de la felicidad. Es lo que interviene cuando te alejas de la felicidad, para ayudarte a dirigirte de nuevo en la dirección correcta. Tú y tus sentimientos sois una sociedad, y mientras mejor escuches tus sentimientos, mejor funcionarán para ti.

6.      En realidad, la tristeza está tratando de ser tu héroe.

La tristeza aparece porque hay algo que necesitas saber. Siempre tiene algo que decirte. Tal vez seas más lento para tomar decisiones, tal vez te acerques más a las personas que se preocupan por ti, alejándote de aquellas que no saben cómo hacerlo o para ser más amable con usted mismo.

La tristeza es un héroe; no es del tipo con una capa y un disfraz de apariencia divertida, sino el tipo suave y tierno que te ayudará a descubrir lo que necesitas. Pero tendrás que estar tranquilo y quieto para escucharlo.

La tristeza no siempre se siente como tristeza

1.       Esa sensación de entumecimiento, está ahí por una razón.

Cuando algo realmente triste sucede, es posible que al principio te sientas entumecido. Eso está bien y es algo que sucede a menudo con una tristeza profunda y profunda. Es la forma de tu cerebro de protegerte de sentir demasiada tristeza al mismo tiempo. Sé paciente contigo mismo y ve con lo que sea que tu corazón quiera que sientas. Confía en ti

2.      Puede que te sientas realmente enojado, y eso está bien.

La ira es como un guardia de seguridad que a veces trata de evitar que los sentimientos realmente tristes te abrumen. La tristeza intensa puede ser un poco atemorizante, por eso al empezar a sentirla temieras no poder pararla.

La ira puede ser una forma útil de dejar de sentir como si te aplastara la tristeza, pero no será útil si bloquea lo que realmente sientes. Tampoco será útil si aleja a las personas que pueden consolarte y ayudarte con lo que sea que estés atravesando. Es importante hablar sobre cómo te sientes, te ayudará a moverte a través de los sentimientos y sanar. La ira puede evitar que sientas sentimientos más difíciles por un tiempo, pero es importante recordar que la única manera de lidiar con los sentimientos es sentirlos. ¡Siempre serás más fuerte de lo que crees!.

Y algunas maneras de sentirse mejor

1.      Tu mente es una cosa poderosa y puede hacer que te sientas demasiado triste por demasiado tiempo.

Nuestra experiencia se compone de lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos, pero hay algo importante que debes saber: los tres no tienen que coincidir. Aquí es donde tienes el poder de sentirte diferente.

Generalmente cuando te sientes triste, piensas cosas tristes y actúas de una manera triste.

Lo mismo ocurre con otras experiencias: cuando te sientes feliz, piensas cosas felices y te comportas de una manera feliz. Lo mismo con sentirse poderoso. Si adoptas una postura poderosa (de pie, con las manos en las caderas, las piernas bien separadas y una expresión poderosa en su rostro, estilo superhéroe), es probable que tengas pensamientos poderosos y te sientas tentado a usar una voz poderosa al hablar.

Pero, y aquí es donde entra en juego tu poder, si cambias uno de ellos, tus pensamientos o tu comportamiento, los otros dos finalmente se pondrán al día. Entonces, cuando te sientas triste y pienses cosas tristes, trata de hacer algo que te haga sentir más feliz, tal vez patear una pelota, jugar con tu mascota, hacer un dibujo o ver una película divertida, lo que te haga feliz.

Cuando haces esto, lo dice la neurociencia ¡puedes cambiar tu cerebro y hacerte sentir algo diferente!

2.      Abraza, si esto te sienta bien.

El contacto con alguien que conoces y en quien confías puede brindarte consuelo y, de hecho, ayudar a aliviar la tristeza. Esto se debe a que este tipo de contacto de confianza hace que el cerebro libere moléculas químicas que te ayudan a sentirte cuidado y cercano a las personas con las que estás. Sin embargo, recuerda tu responsabilidad de permitir quién puede tocarte y quien no. Si no estás de acuerdo con eso, entonces no es un buen momento.

3.      Incluso las personas fuertes necesitan gente. Todos lo hacemos.

La tristeza puede sentirse realmente sola, pero es increíblemente poderosa para que otras personas sepan que las necesitas, o para que sepamos que necesitamos estar con alguien que se preocupa. Estar con personas que se sienten bien al estar cerca te da valor, fuerza y ​​te da lo que necesitas para lidiar con las cosas difíciles. Ninguno de nosotros puede hacerlo todo por cuenta propia y saber la diferencia entre las cosas que puede manejar por sí mismo (¡y habrá muchas de ellas!) Y las cosas que necesita una mano para tratar, serán algo sobre usted eso es bastante impresionante.

4.      Eleva tu ritmo cardíaco para elevar tu estado de ánimo.

La actividad física ayudará a tu cerebro a mantenerse fuerte y feliz. El ejercicio ayuda a fortalecer la parte del cerebro que es responsable de los estados de ánimo y las emociones. Se llama el hipocampo. Incluso una caminata rápida de diez minutos será suficiente para levantar tu estado de ánimo.

5.      No hay una cantidad correcta de tristeza antes de que te sientas mejor.

Cuando sucede algo triste, no hay una cantidad de tiempo “normal” que te llevará a sentirte mejor. Tomará tanto tiempo como sea necesario. Sigue avanzando, incluso si es un poco cada día. Las cosas grandes vienen de muchas cosas pequeñas sumadas.

6.      Pero sé amable contigo mismo y no permitas que tu tristeza continúe por mucho tiempo.

Cuando piensas en cosas tristes una y otra vez, puede hacer que tu tristeza se haga más y más profunda. Esto puede llevar a algo que se llama depresión, que es cuando la tristeza permanece por mucho tiempo, afecta el sueño, el estado de ánimo y dejas de disfrutar de las cosas que solías disfrutar.

Está completamente bien sentirse triste y pensar cosas tristes, pero después de un tiempo también es importante concentrarse en avanzar y sentirse mejor.

A veces se trata de aprender lo que necesita aprender, tomar decisiones valientes, pasar tiempo con las personas que se preocupan por usted y hacer las cosas que ama, para darle a su mente lo que necesita para cambiar su enfoque de triste a feliz.

No hay un tiempo establecido para esto, pero si después de un tiempo le resulta difícil mirar las cosas o deja de disfrutar las cosas que solía encontrar para divertirse, es muy importante hablar con un amigo, familiar o un terapeuta que se preocupe por usted.

Lo que pueden hacer padres, educadores y cuidadores

1.      Valida su tristeza. No trates de cambiarla.

No fuerce al niño a seguir adelante o a dejar de lado su tristeza demasiado rápido.

La tristeza es una emoción normal y saludable, y si la alejas antes de que la persona haya tenido tiempo de adaptarse a su nueva realidad o de trabajar con lo que significa para ellos, podría ser peor. La pena y la tristeza es la forma en que nos ajustamos a la pérdida.

Es saludable, importante y normal. Si se ignora, minimiza o no se permite, en realidad puede hacer que su tristeza se enquiste.

2.      Podrían evitar las cosas que solían amar.

Para las personas que sienten tristeza las cosas no tendrán sentido por un tiempo, y será completamente normal que eviten las cosas que solían amar.

Cuando hay una pérdida, muchas de las cosas que eran importantes y divertidas toman un significado diferente porque se sentirán diferentes, como si faltara algo y, lo más probable, alguien. Anímalos, pero no apures ni obligues. El mejor momento para que ellos lleguen allí es cuando llegan allí.

3.      Mira el silencio.

Los niños podrían no tener las palabras o la autoconciencia para articular lo que están sintiendo. Tenga cuidado de interpretar su silencio como una señal de que todo está bien. Consulte con ellos de vez en cuando.

A veces su silencio estará bien y lo mejor será darles el espacio que necesitan para dar sentido a lo que están sintiendo. A veces, sin embargo, su silencio puede ser una señal de que necesitan ayuda para expresar lo que están sintiendo, para dar sentido a lo que ha sucedido, o que están esperando que alguien los sostenga cuando su mundo siente que se está derrumbando. .

4.      Y cuando están de duelo …

La pena vendrá con tantos sentimientos intensos y es probable que cambie su comportamiento por un tiempo, a veces drásticamente.

Es posible que tengan problemas para dormir, se enojen, no quieran hablar o luchen en la escuela. Mira lo que es: parte de un ajuste que este joven nunca imaginó tener que hacer.

Dales tiempo y asegúrales que sus sentimientos son normales, que, sin embargo, sienten que está completamente bien y, sobre todo, que son amados.

5.       Comprender la relación entre la tristeza y la ira.

Los niños afligidos (y los adultos) a menudo se moverán entre una profunda tristeza y arrebatos ardientes y enojados. El movimiento puede ocurrir de forma rápida e inesperada. Es posible que los niños no sepan cómo gestionar su enfado y que necesiten una mano para superar sus sentimientos.

Es probable que sus sentimientos no tengan sentido para ellos e incluso si lo hacen, no necesariamente sabrán qué hacer con esos sentimientos. Cuando esto suceda, podrían “expulsarlo” con la persona o la persona que más aman. El objetivo será incorrecto, pero es probable que sea el único objetivo que tienen.

Comprender de dónde viene y saber qué les está pasando ayudará a fomentar la compasión tu ti: sé paciente.

6.      Déjalos hablar.

Permíteles hablar sobre la pérdida, ya sea de un ser querido, una mascota, una amistad o una separación paterna. Puede que sientas que estás haciendo lo correcto al ponerle un tapón a las discusiones y a sus propios sentimientos, pero los niños necesitan saber que lo que están sintiendo está bien, y necesitan la información que llenará los vacíos de manera segura.

Que no haya nada de lo que no puedan hablar contigo, si quieren hablarlo. Deben poder revisar la relación o lo que sea que se les haya perdido, incluso si es solo en sus pensamientos o sus palabras o en la conversación contigo. Al verbalizarlo muchas veces lo importante deja de ser tan importante, cambia la óptica.

Es posible que también estén ansiosos por que alguien les diga que lo que están sintiendo es lo normal, así que, si van a ti a contártelo, es importante que les transmitas que su sentimientos está bien.

7.      Haz que vean lo que sientes, pero no te apoyes en ellos para que te apoyen.

Deja que vean que tú también tienes sentimientos, cómo manejas y regulas tus emociones y sentimientos. Esto ayudará a normalizar su experiencia y se sentirán más seguros de hablar sobre lo que está pasando.

También les ayudará a ampliar su vocabulario emocional, para que puedan estar conscientes de sus sentimientos cuando los sienten. Sin embargo, es importante que no te apoyes en ellos para que te apoyen. Necesitan sentirse seguros y protegidos, y como si pudieran acudir a ti, no como si tuvieran que cuidar de ti.

Descárgate gratis este mapa de emociones y sentimientos con sus expresiones para mejorar cómo describimos cómo nos sentimos.

8.      Atento a que la tristeza no continúe por mucho tiempo.

El cuerpo tiene una forma de responder a la pérdida. A corto plazo, liberará hormonas del estrés que serán útiles al principio. Eventualmente, sin embargo, pueden hacer daño y afectar el cerebro.

Sabemos que el cerebro continúa produciendo nuevas células cerebrales a lo largo de la vida. Cuando la tristeza permanece demasiado tiempo, puede convertirse en depresión e inhibir el crecimiento de las células cerebrales en el hipocampo, que es la parte del cerebro responsable de la memoria, el aprendizaje, las emociones y el estado de ánimo. La depresión hace que la producción de nuevas células cerebrales en el hipocampo se ralentice. La forma de aliviar esto es alentar cosas que realmente promuevan el crecimiento de nuevas células cerebrales como el ejercicio, aprender algo nuevo y conectarse con otros.


La ocasión es buena para conocerse, para saber qué le hace feliz y cómo gestionarla. Además es la ocasión para salir de ahí y alegrarse por haberlo hecho, gustarnos cómo lo hemos hecho, saber cómo automotivarnos, y mejorar nuestra autoestima. Al pasarlo por esa experiencia puedes comprender a otras personas cuando pasan por ellas (empatia, comprensión) y si descubres una nueva dirección en tu vida que te hace feliz, vas rumbo a tu bienestar.

Estas son las 5 competencias emocionales de la inteligencia emocional: autoconocerse, regularse, automotivarse, relacionarnos bien con los demás, tener habilidades para la Vida.

 

Ser capaz de entender tus emociones y cómo lidiar con ellas es una especie de superpoder que hay que cultivar cada día. En nuestra actividad de habilidades emocionales encontrarás fichas de todas las emociones básicas para aprender de forma individual y además un juego para hacer en grupo, contamos muchas cosas para adquirir ese “superpoder” y enseñárselo a los niños.

Todos los sentimientos tienen una razón importante para estar allí. Nunca es el sentimiento que causa el problema, sino lo que hacemos con él. Alejarlo, fingir que no existe o crear un enemigo causará problemas. Ser capaz de identificar, aceptar y comprender los sentimientos está en el corazón de la inteligencia emocional, que es uno de los factores más importantes para predecir el éxito y vivir bien.

La tristeza es algo que nos motiva evitar, pero no es un enemigo. Debido a nuestro deseo de evitar la tristeza, cuidamos a las personas y las cosas que son importantes para nosotros. A veces, sin embargo, la tristeza cae sobre nosotros de todos modos. Cuanto más podamos ayudar a nuestros niños y jóvenes a comprender por qué sienten lo que hacen, más podremos desarrollar su capacidad para tener relaciones plenas y saludables, y una vida emocionante y sincera.

Este artículo ha sido traducido por El Parque de las Emociones del blog de heysigmun

 

jueves, 25 de marzo de 2021

Educación emocional, la asignatura pendiente en el aprendizaje del futuro.

 Escrito por Javier Menéndez Sánchez Julia Romero.

Dijo Irving Berlin que “la vida es un 10% lo que te ocurre y un 90% cómo te lo tomas”, en clara alusión a la capacidad que tenemos las personas de adaptarnos a las circunstancias. Igual de claro fue el emperador romano Marco Aurelio, escribiendo que “la calidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos”.

En un contexto de incertidumbre como el actual, en plena pandemia por la Covid-19, la gestión de las emociones y pensamientos es más importante que nunca. Siempre lo es, sin duda, pero ahora que tantos ámbitos están en crisis -sanitario, económico y laboral- es esencial para no desanimarse. La vida sigue, con todo, y es preciso entenderlo y adaptarse cuanto antes.

La educación también ha tenido que hacerlo rápido. Los alumnos han cambiado el formato presencial, en las aulas, por videoconferencias desde su ordenador. Y el resultado ha sido positivo: útil, al menos, para continuar los aprendizajes en la distancia.

Toda crisis tiene sus desgracias y oportunidades

Sin embargo, esta correcta gestión emocional no es fácil. No lo es cuando miles de ciudadanos en todo el mundo se están contagiado, cuando una empresa quiebra o decide recortar gastos, o cuando tu contacto con amigos y familiares se limita a una pantalla hasta nuevo aviso.

Nuestra sociedad, tan avanzada en tantos campos, no estaba preparada para un golpe así de repentino que ha sido capaz de sacudir y parar el mundo entero en cuestión de semanas y cuyo origen resulta, incluso a día de hoy, desconocido. De película de ciencia ficción, vaya.

Lo bueno es que, como toda crisis, esta pandemia tiene también sus efectos positivos. El principal, quizá, es que está actuando como un potente revulsivo personal: es casi imposible no cuestionarse las propias metas y prioridades; un ejercicio de introspección y consciencia que de otra forma no se produciría a escala global.

Una crisis tan grande nos obliga a replantearnos muchas cosas, como agradecer las cosas buenas que, a menudo, pasamos por alto; o darle importancia a lo que realmente la tiene.

 

Como conjunto, ocurre algo similar. Las organizaciones e instituciones son inertes, pero funcionan mediante decisiones y trabajo humano.

El virus también las ha impactado negativamente, pero a la vez, enfocando lo positivo, es una oportunidad: el teletrabajo se ha convertido en la manera de trabajar de millones de ciudadanos.

Esta manera de entender la jornada laboral, más humana, considera la calidad de vida de los trabajadores. Pasada la pandemia, es probable que esta fórmula continúe; al menos, ciertos días por semanas o como opción.

De la enseñanza tradicional al valor de las emociones

Por su parte, la educación está implementando la digitalización. Pero, además, es previsible que vivida esta experiencia, los docentes introduzcan distintos enfoques a sus enseñanzas, con un mayor componente emocional.

Nassim Taleb, ensayista y estadístico, plantea que los profesores hablen de la incertidumbre, tan característica de nuestro tiempo. Si están preparando a las futuras generaciones para su carrera profesional, es interesante que las mentalicen bien del terreno de juego.

La resiliencia, la capacidad de adaptarse a tanto cambio y la creatividad serán decisivas. Y la educación, si pretende acercarse a la realidad laboral, irá incorporando su desarrollo poco a poco. Igual que el resto de las competencias sociales y emocionales, que ya se señalan como la clave del éxito en el trabajo.

El futuro pasa por la educación emocional

No en vano, en algunos países, la educación emocional es uno de los ejes vertebradores de la formación de los jóvenes. Por ejemplo, en Finlandia, donde se fomenta el trabajo en grupo y la participación de los alumnos por encima de la memorización. Además, las clases tienen un trato más personalizado y un carácter más lúdico y creativo.

 

En Dinamarca, los niños reciben formación en empatía, esa capacidad tan necesaria para una buena relación con otras personas. Los profesores enseñan a identificar emociones y a gestionarlas, una tarea que realizan junto con los propios alumnos, para que se abran más y participen, ayudando a sus compañeros.  

Pero no hace falta irse hasta los países nórdicos para encontrar esta ansiada educación emocional. Otros países como Malta -con el programa EPS (Educación Personal y Social)-, Reino Unido o Suiza -con el programa PFADE- llevan cierto recorrido. También, México -con el programa Amistad para siempre-, Argentina, República Dominicana y Nueva Zelanda.

En España, poco a poco, van surgiendo iniciativas. Como la puesta en marcha en Canarias, desde 2014, en la que los alumnos de Primero a Cuarto de Primaria tienen 90 minutos de Educación Emocional. Un tiempo que los docentes implicados aseguran que está bien invertido, ya no solo por las implicaciones psicológicas y relacionales, sino por el rendimiento académico, que es mayor. Beneficios no faltan.

El futuro próximo exige este tipo de formación humana. Cualquier proyecto educacional que se precie, como auguraba el célebre Eduard Punset, debe contemplarla en su programa como pilar central. Solo así los alumnos podrán completar la educación que reciben en casa, con su familia, y crecer de una manera más sana y empática con los demás.

 


miércoles, 17 de marzo de 2021

“La educación debería ser un entrenamiento sobre cómo aprender”

 Entrevistamos a Alfons Cornella, consultor educativo con experiencia en el campo de la innovación, que nos cuenta cómo será en su opinión el futuro de la educación.

Con más de 20 libros sobre tecnología e innovación, Alfons Cornella, consultor educativo con una amplia experiencia en el campo de la tecnología, acaba de publicar ‘Educar humanos en un mundo de máquinas inteligentes: 100 ideas y reflexiones acerca de la nueva educación que necesita la sociedad’. En esta obra reflexiona sobre cómo debe ser la educación que forme a los estudiantes para empleos que ni siquiera existen, prestando especial atención al lugar que las máquinas tendrán en todo ello.

¿Hacia dónde se dirige la educación actual? ¿Cómo será en el futuro?

Nadie lo sabe con certeza. Pero hay cada día más opiniones alrededor de dos ideas: sea lo que sea lo que venga, se centrará en descubrir y sacar partido al talento personal de cada uno, y en aprovechar las habilidades humanas que una máquina tiene difícil replicar. Por tanto, el futuro de la educación es lo que yo denomino ‘artesanía de humanos’: ayudar a descubrir el talento de los estudiantes, y estimularlos después a utilizarlo para hacer algo diferencial (cuanto más único mejor) y diferente de lo que pueda hacer una máquina. Por tanto, y aunque suene paradójico, el futuro de la educación es formar humanos diferentes y únicos.

¿Para qué se está educando a los estudiantes del presente?

Para aprender unos conocimientos que les permitan trabajar en algo que en pocos años no existirá. No formamos en ‘aprender a aprender’ ni a adaptarnos activamente a las nuevas condiciones del entorno. La educación debería ser un entrenamiento sobre cómo aprender, y, más exactamente, un entrenamiento a cómo tú aprendes, a tu forma particular de aprender. Ayudarte a descubrir para qué estás especialmente dotado (talento natural) y a determinar cómo aprendes (cómo incorporas nuevas habilidades, y sí, también nuevos conocimientos). Algo que creo que no se está haciendo a día de hoy.

¿Cuáles son las habilidades que deben desarrollar ahora para poder enfrentarse a su futuro laboral?

Sobre todo, a corto plazo, ‘aprender a aprender’: aprender a leer rápido, aprender a entender, aprender a sintetizar, aprender a presentar, aprender a desaprender también a aprender a concentrarse y a relajarse. Aprender a colaborar y a empatizar con otros humanos. Aprender a crear si ese es tu talento y también a aprender a utilizar máquinas como una forma de aumentar tus capacidades y habilidades. Perder el miedo a pensar por ti mismo o a arriesgarte a experimentar.

“El mundo al que vamos es demasiado complejo para desaprovechar el talento de las próximas generaciones”

En su libro hace referencia a que son necesarios muchos cambios: en docentes, espacios, métodos… ¿De qué forma deben cambiar?

Creo que el más relevante es que los alumnos deben aprender resolviendo situaciones lo más reales posibles. Y para ello deben incorporar ideas, herramientas y procesos. Me imagino una jornada en el aula que consiste en debatir, encontrar información, desarrollar conocimiento o experimentar al respecto. Un ejemplo: tratar sobre cómo llega el agua potable al grifo (algo realmente complejo y que involucra muchos conocimientos, tecnologías y ciencias sociales). Eso implica que no existen aulas-jaula, que existen herramientas para buscar la información y las personas para ayudar a discriminar la información relevante de la que no lo es. Cada día, una idea, un descubrimiento (¿qué hemos preguntado hoy?), una percepción de lo diversos y complejos que somos los humanos.

¿Será la inteligencia artificial clave para conseguir ese cambio?

Lo que creo que será clave es cómo aprendemos a combinar la inteligencia humana con la inteligencia artificial, cómo multiplicamos nuestras capacidades humanas por las de las máquinas inteligentes. La inteligencia artificial puede que cambie el mundo, pero tenemos que asegurarnos que somos nosotros los que controlemos que lo haga bien. En este sentido, en los centros educativos, si ya estamos llegando a tarde a sistematizar el proceso educativo para que cada estudiante entienda cómo funciona un programa (‘o sabes programar o te programan’), imaginémonos cómo de rápido deberíamos avanzar para que pudieran entender cómo funciona una máquina inteligente. O incorporamos la IA en la escuela o pronto a la mayoría de la población, y lo que ocurre a su alrededor, les parecerá pura magia: no entenderán nada y se someterán sin esperanza de poderlo controlar.

¿El aprendizaje de materias como robótica o programación en la escuela actual es el inicio de lo que vendrá?

Seguramente, pero insisto en que esto es solo una parte de la agenda. Hay que perderle el miedo a la tecnología (son herramientas), pero lo más importante es aprovechar las características únicas de los humanos: su creatividad, imaginación, inspiración, empatía, colaboración, resiliencia, compasión, capacidad de riesgo o capacidad de querer, por supuesto, el amor, la pasión, el arte o la música. Hay que hacer que cada humano pueda desarrollarse. No es una cuestión de ‘buenísmo’ sino de eficacia: el mundo al que vamos es demasiado complejo para desaprovechar el talento de las próximas generaciones.

“Hay que perderle el miedo a la tecnología (son herramientas), pero lo más importante es aprovechar las características únicas de los humanos”

¿Qué papel tendrán las máquinas en la educación?

Es difícil de pronosticar, pero creo que en la línea de lo ya dicho, lo que viene es la ‘multiplicación’ de humanos por máquinas: humanos que aumentan sus capacidades naturales con máquinas, y máquinas que aprenden de los humanos. Es posible que las máquinas almacenen datos y conocimientos y que den respuestas, pero nuestra esperanza es que nosotros podamos seguir haciendo las preguntas.

Comenta que la misión fundamental del maestro es descubrir y desarrollar talentos, ¿de qué forma puede hacerlo con los recursos actuales?

Hay casos de escuelas en todos los rincones del mundo sin muchos recursos, en los que el docente hace esa función de descubrimiento y proyección de las posibilidades del alumnado. Es cierto que para hacerlo puede que les falten herramientas, pero se pueden construir (de hecho, nosotros lo hemos hecho en un proyecto). Creo que el problema principal es que el trabajo del profesorado debería ser muy vocacional. Y parte de esa vocación debería ser hacer crecer humanos felices. Menos obsesión por pasar exámenes y pruebas y más energía en hacer que cada estudiante encuentre aquello que se le da muy bien, y que si llega a hacerlo le dará felicidad, para convertirse en un ciudadano que haga mejor la sociedad en la que vive.


jueves, 11 de marzo de 2021

COEDUCACIÓN E IGUALDAD

 

Coeducar es educar bajo un modelo libre de machismo, de sexismo y, por tanto, de violencias machistas. Es la educación en igualdad, es decir, claramente feminista. Es superar los estereotipos, las desigualdades impuestas socialmente para niños y niñas desde el androcentrismo dominante. Cuando hablamos de coeducación se trata de dar las mismas herramientas a niños y a niñas para que desarrollen sus capacidades y aptitudes sin diferencias entre unos y otras. El sistema educativo de nuestro país tiene amplio margen de mejora y una urgencia para que los niños y niñas que están escolarizados hoy sean personas igualitarias del mañana.

Paqui Méndez es la presidenta de l’Associació per la Coeducació y directora de Cortometrajes por la Igualdad: “La escuela coeducativa tiene que eliminar los mandatos de género, tiene que superar los estereotipos, tiene que ayudar y facilitar herramientas para acabar con las desigualdades y las jerarquías culturales e ideológicas. También tiene que incentivar y ayudar a que los niños también sean libres, que puedan expresar sus sentimientos, no ser los primeros en todo, educarlos en el cuidado, la empatía, el respeto y el buen trato”. Carmen Ruiz Repullo, experta en prevención de las violencias machistas en la juventud, además de profesora de la Universidad Pablo de Olavide, considera que necesitamos transformar la mirada educativa que hemos tenido hasta ahora, además de un compromiso por parte de las instituciones educativas y del personal que trabaja en ellas. Se necesita transversalizar la igualdad tanto en el currículum oculto como en el currículum explícito. No es cosa de una actividad en el Día de la Mujer, es un cambio radical que cuestiona tanto el fondo como la forma de la escuela: revisar los cuentos, los libros, las sinergias y los espacios en las aulas o reinventar los patios.

La socióloga Marina Subirats, referente a nivel nacional en el tema, explica: “En el siglo XIX se comienza a hablar de coeducación, sobre todo a principios del XX, con el movimiento sufragista y en España con la Institución Libre de Enseñanza. En aquel momento se plantea como la lucha de las mujeres por acceder a la educación, incluida la universidad. Posteriormente, en el primer tercio del XX, hay en España un movimiento por la coeducación, entendida entonces sobre todo como lo que hoy llamamos escuela mixta, es decir, que niños y niñas acudan a los mismos centros y tengan el mismo currículum. Durante la Segunda República se consigue aproximadamente un 30% de escuela mixta, pero con el franquismo se vuelve a la escuela segregada por sexos”. A partir de 1970, con la Ley General de Educación, las escuelas van convirtiéndose en mixtas, y ello permite un gran salto adelante en la educación de las mujeres, que hoy tienen en España niveles educativos superiores a los de los hombres.

Marina Subirats cuenta que a partir de la década de los ochenta algunas feministas comenzaron a preguntarse si la escuela mixta ya era totalmente igualitaria: “Comenzamos a investigar, y nos dimos cuenta de que no es así. La educación fue concebida desde un punto de vista androcéntrico, y aceptó la presencia de las mujeres, pero tanto la cultura como lo que llamamos el currículum oculto, es decir, los mensajes de todo tipo que se dan al alumnado, siguen dando prioridad a los hombres e ignorando a las mujeres, con lo cual las niñas van adquiriendo la idea de no ser personajes relevantes, de ser exactamente el segundo sexo. Ello tiene como consecuencia la inseguridad de la mayoría de mujeres”.

Desde l’Associació per la Coeducació Paqui Méndez y sus compañeras llevan años peleando por pequeños grandes cambios. Entre ellos creen fundamental modificar los contenidos del currículum y sobre todo los protagonistas de libros de texto. Méndez asegura que con tan solo un 6% de referentes femeninos en todas las materias, habría que empezar por incluir más para dar visibilidad, y evidenciar que las mujeres existen y han conseguido logros y revoluciones en todas las materias. “La comunidad educativa tiene que cumplir las leyes de prevención de violencia de género /2004, de igualdad /2007 en sus apartados educativos, que de momento no se hace. Es también imprescindible la formación en igualdad y coeducación en toda la comunidad educativa, tanto en el profesorado, equipos directivos, instituciones educativas y empresas participantes en el proceso educativo. Hay que formar a los formadores. Y, por supuesto, educar en los buenos tratos y en la convivencia pacífica para resolver los conflictos en las aulas y fuera de ellas”.

“Conozco experiencias estupendas y muy interesantes que llevan mucho tiempo trabajando la coeducación, como el IES Tirant Lo Blanch de Gandía, con un proyecto sobre contra-publicidad, trabajan todo el año los estereotipos en la publicidad sexista y convierten un anuncio sexista en uno igualitario. Otro instituto que trabaja la coeducación con su proyecto Hablame bonito, es el IES Bahía de Babel, de Alicante. Por otra parte, hay un colegio, el CEIP Ausiàs, de Picanya, que ha sido seleccionado por su trayectoria coeducativa. Actualmente realiza un programa piloto coeducativo para incorporar nuevas prácticas a toda la comunidad”, asegura Paqui Méndez que afirma que estos son oasis en los desiertos de las escuelas volcadas y preocupadas por la igualdad. No se trata entonces de actividades sueltas, de charlas ocasionales o de celebraciones de días o festividades, la coeducación necesita de un plan estructural y vertebrador de absolutamente todo lo que se hace en la escuela desde que se entra hasta que se cierra.

 

jueves, 4 de marzo de 2021

¿Qué hacer si no tienen deberes?. Andrea Vallori

Los deberes. Este siempre es un tema que genera controversia, tanto entre padres y madres como en los centros educativos.

¿Es mejor que hagan deberes cada día? ¿Y los fines de semana, puentes y vacaciones? ¿A partir de cuando deberían memorizar? ¿Qué hacemos si no tienen deberes?

Es importante que tengamos claro que cada centro educativo tiene su línea metodológica y que, además, cada maestro/a actúa según su criterio, el cual se puede basar en muchos aspectos.

Personalmente, no soy partidaria de mandar deberes a casa o de que acaben las tareas de clase en casa. No obstante, me adapto un poco al centro donde estoy y a lo que funciona al alumnado.

Vamos a hablar de los casos en que nuestros hijos/as no suelen tener deberes y nos sentimos inseguros por que no sabemos qué están trabajando en clase y cómo podemos ayudarles académicamente. Ahí van algunos tips a tener en cuenta:

ü Pregunta a tu hijo/a qué han hecho en clase y confía en lo que te cuenta.

ü Dale margen de confianza para que te cuente sus dudas y aquello que necesita reforzar.

ü Entiende que lo trabaja en el colegio es suficiente para su progreso.

ü En casa, podemos potenciar otros aspectos de su personalidad.

ü Podéis pactar unas horas a la semana de refuerzo escolar en casa.

ü Podéis optar por unas horas semanales en una académica lúdico-formativa para mejorar a nivel de lenguas o de matemáticas.

Aunque no haya deberes, muchas de las áreas que se imparten en el colegio se podrían trabajar de forma indirecta en casa. Vamos a ver algunos ejemplos, pero recordad que dependerá de cada caso concreto, edad, nivel y características de cada persona. 


    •      Lectura de cuentos o libros: de forma individual, contarle un cuento en voz alta, hablar sobre un libro que ha leído…
    •      Ir al cine: elegir entre todos una película, comprar las palomitas y las entradas, opinar sobre la película.
    •      Cocinar en familia.
    •      Hacer la lista de la compra e ir a comprar.
    •      Tener y cuidar un huerto urbano.
    •      Ir de excursión, a la montaña, al campo, al parque, a la playa… dan mucho juego, podemos
    •      agrupar, ver colores, diferenciar texturas, conocer animales y plantas…
    •      Fomentar el juego libre y al aire libre.
    •      Relacionarse con iguales y también con mayores.
    •      Trabajar el respeto, los turnos de palabras, el tono de voz.
    •      Juego simbólico: muñecas, médicos, cocina, disfraces…
    •      Dibujar y pintar con diferentes técnicas y materiales.
    •      Escuchar música, cantar, bailar y reconocer música popular.
    •      Agrupar imágenes u objetos por familias.
    •      Fomentar la expresión oral



    Estas son algunas de las tareas que podéis hacer y seguro que inconscientemente las hacéis.

    Otra opción muy recomendable es mantener contacto con el tutor/a para que os vaya comentando aquello que están trabajando en clase y cómo podéis ayudar desde casa. Para mí, una buena comunicación familia-escuela es la base para el éxito escolar.