jueves, 10 de enero de 2019

¿Cuántas más horas pasa el alumnado en la escuela más aprende? POR ROCÍO MARÍA CECILIO, trabajadora social.

Rocío María García Cecilio, trabajadora social, reflexiona sobre esta cuestión que ha sido objeto de debate en numerosas ocasiones. Opina que lo prioritario no es cumplir con el horario (o las horas de estudio) sino centrarse en el aprendizaje. ¿Qué creéis vosotros?
El tiempo en la escuela es utilizado para distintas actividades y rutinas que conforman el día a día. Entre estas rutinas podemos nombrar el formar filas; los rituales escolares de entrada y de salida; destinar tiempo a temas que surgen no planificados pero relevantes como una charla sobre un acontecimiento que involucra a los alumnos y vale la pena abordarlo; el recreo…
También se destina parte de ese tiempo a establecer un clima dentro del aula. Sin embargo, el mayor tiempo se lo lleva el proceso educativo, es decir, el destinado a estudiar y suele ser de entre dos horas y media a tres en cada jornada. ¿Es posible que un uso del tiempo más efectivo y un clima favorable incrementen las horas destinadas al proceso educativo? ¿Existe alguna evidencia que lleve a pensar que cuantas más horas estén los alumnos en la escuela aprenden más y mejor?
Horas de estudio: menos es más
Los últimos estudios demuestran una relación inversa y se cumple la máxima de que menos es más. Lo demuestra el hecho de que tanto en Finlandia como en Corea del Sur (dos de los países con sistemas educativos que mejor puntúan en evaluaciones internacionales) los profesores imparten menos horas de clase al año que la mayoría de los países de la OCDE.
De hecho, España se encuentra entre los países con mayor carga horaria y, sin embargo, a pesar de que dedica más tiempo a las clases que la mayoría de naciones de la Unión Europea no obtiene los mejores resultados en estas evaluaciones.
El aprendizaje depende más de la calidad que de la cantidad del tiempo empleado. En el caso de Finlandia, por ejemplo, la ley aconseja que las lecciones no duren más de 45 minutos y sean intercaladas por descansos orientados al juego libre en el exterior (independientemente del clima). A pesar de esto, si un docente necesita más tiempo, puede ampliar su sesión, siempre y cuando aumente proporcionalmente el tiempo de descanso. Y es que el recreo en ese país es considerado como un tiempo esencial para el aprendizaje y nunca una pérdida de tiempo.
Centrarse en el aprendizaje
La capacidad de concentración no es la misma a las 8 de la mañana que a las 14 horas, y en las persona esta capacidad no suele ir más allá de los veinte minutos. Entonces, lo que se requiere no solo es un sistema que reduzca las cargas horarias, que hay que cambiar las técnicas de enseñanza de los profesores hacia sus alumnos.
Hay que elaborar sesiones en las que lo prioritario no sea cumplir con un horario y unas clases. Debemos centrarnos en el aprendizaje que no acaba cuando llega la hora siguiente: “desconecto y a la siguiente materia, y así sucesivamente durante”.
Es necesario poner en evidencia los mitos y creencias porque tienden a crear falsas imágenes de los problemas que afectan a la educación. Estos errores llevan a diseñar políticas destinadas a resolver problemas imaginarios y, por lo tanto, no mejoran la calidad de la educación. Mientras persistan los mitos y la desinformación será difícil observar objetivamente los procesos docentes para lograr una buena descripción de los problemas y de las causas que los generan. Un buen punto de partida para identificarlos parece ser el examen de los elementos clave para determinar los resultados de los procesos de aprendizaje.


viernes, 21 de diciembre de 2018

LAS VACACIONES DE NAVIDAD


Las vacaciones de Navidad son un periodo especial para los niños. Ante ellos se presenta dos semanas sin clases, sin tareas, con mucho juego (PRINCIPAL HERRAMIENTA DE APRENDIZAJE) y con las obligaciones un poco más relajadas.
Sin embargo, todo ese exceso de libertad debe ser bien encauzado y aprovecharlo para enseñar a nuestros hijos a distribuir el tiempo libre de manera coherente y sana, disfrutando de él todo lo que puedan pero sin olvidar las responsabilidades. Para que os sirva de ayuda, aquí os dejo algunas recomendaciones muy útiles que se pueden tener en cuenta.
  • Lo primero, antes de mandarles hacer esta tarea o aquella, es sentarnos con ellos y hablar de la organización de su tiempo. Establecer una especie de horario consensuado para distribuir sus tareas y que sepan a qué atenerse en cada momento, que no estén perdidos.
  • Es importante que en este horario se marque un tiempo para repasar los contenidos que han ido adquiriendo durante el curso, sin atosigarles, pero marcando un espacio y que lo hagan como si fuera un juego divertido. Hoy en día en Internet podemos encontrar multitud de enlaces y páginas para "repasar jugando".
  • La lectura es otra actividad que debe ocupar un lugar prioritario. Hay que incentivarla y hacer que los niños disfruten con los libros, que encuentren la magia que encierran las historias. Podemos visitar con ellos bibliotecas, librerías, llevarles a las actividades de cuentacuentos que se hagan en la localidad, pequeños teatrillos y representaciones...Todo ello son actividades encaminadas a" formar lectores".
  • Las labores de casa también tienen que tener su hueco diario. La colaboración en esas tareas les hace ser responsables y valorar el trabajo que hacen los demás.
  • Dedicar un tiempo al televisor, el ordenador, la consola...pero un tiempo controlado, vigilando de cerca los programas que ven y las páginas de Internet que visitan.
  • Es importante pactar con ellos la hora aproximada para ir a dormir y para levantarse. El orden nos da seguridad a todos.
  • No olvidemos tampoco los buenos hábitos alimenticios: alimentación variada, fruta rica y fresquita en lugar de chuches y helados continuamente.
  • Las vacaciones también son un momento excelente para realizar actividades en familia. Disfrutemos de ellos siempre que tengamos ocasión.
  • Y nuestro último consejo es que habléis mucho con ellos, que os acerquéis a su mundo infantil aportando pequeñas soluciones a sus "problemillas". Esto mejorará mucho las relaciones con vuestros hijos y os ayudará a crecer juntos. Y disfrutad, disfrutad hasta el último momento todo lo que podáis porque estos maravillosos años nunca vuelven.

FELIZ NAVIDAD 2018-2109

Desde el CEIP “Pedro Sanz Vázquez” deseamos una Feliz Navidad a todos los que comparten el deseo de un mundo mejor, lleno de paz y esperanza.

Brindamos por todos aquellos que siguen considerando que la Educación es el arma más potente para cambiar el mundo.

https://youtu.be/AFvRf8PfpKw

¡Feliz Navidad!

 La educación genera confianza. La confianza genera esperanza. La esperanza genera paz (Confucio).

lunes, 17 de diciembre de 2018

La regla de los cuatro regalos de Navidad. Por Estefanía Esteban.



Los niños no deberían recibir en Navidad más de cuatro regalos


Ni ocho, ni diez ni doce. Cuatro. Cuatro es una cifra perfecta. Es la cantidad de regalos que recomiendan los expertos para los niños en Navidad. 
Ya me imagino que es un objetivo casi imposible. Toda la familia compite por hacer al niño feliz, e incluye sus deseos en su carta personal a los Reyes Magos. Al final, los niños se juntan con el regalo que encargó su tía, el que encargó su tío, el que pidieron sus abuelos, el que pidieron sus otros abuelos... los que apuntaron ellos... Y resulta que reciben tantos juguetes, que no son capaces de pasar más de un día seguido con uno de ellos. La solución para evitar este empacho de juguetes: la regla de los cuatro regalos de Navidad. 
En qué consiste la regla de los cuatro regalos de Navidad
La regla de los cuatro regalos navideños es bien sencilla. Consiste en seleccionar sólo cuatro cosas, basándose siempre en estos cuatro principios: 
1. Algo que sirva para llevar (ropa, zapatos, complementos...).
3. Algo que realmente deseen.
4. Algo que realmente necesiten.
Desde luego, se trata de apostar por la calidad frente a la cantidad, un auténtico desafío cuando se trata de niños. Porque ellos, evidentemente, sienten un afán desenfrenado por tenerlo todo, y si es posible, ya, en este mismo momento.
Pero... ¿realmente disfrutan cada vez que reciben una avalancha de juguetes? ¿Realmente valoran cada regalo? La respuesta es No. Cuanto más reciben, más vacíos se sienten, porque no son capaces de 'digerir' tal empacho.
Los niños reciben más juguetes en Navidad de los que necesitan
Según los últimos estudios, los niños reciben en Navidad diez veces más regalos de los que necesitan.  ¿Y no ocurre que a pesar de tener decenas de juguetes guardados, al final terminan jugando con los mismos siempre? ¿O quizás creando sus propios juguetes con cajas de cartón y cartulinas que encuentran por casa?
La razón es que poco a poco, ante tanto juguete, los niños pierden la ilusión. Y ante tanto estímulo, llega la apatía. Imagina que llega un día en el que le preguntas: ¿Qué le vas a pedir a Papá Noel? Y te contestará: no sé. Intenta que nunca llegue ese día. La Navidad, recuerda, no sólo se basa en regalar juguetes. Los niños son capaces de ver mucho más que nosotros en esta fiesta. Los villancicos, las tiendas decoradas con estrellas y espumillón, las luces, las reuniones en familia, los dulces navideños... Sólo necesitamos aprender un poco de ellos para disfrutar de otra forma durante estos días.


jueves, 13 de diciembre de 2018

REALMENTE, ¿QUÉ ES UNA EDUCACIÓN DE CALIDAD?

En el panorama educativo actual, estamos perdiendo el norte. Olvidamos con demasiada frecuencia el verdadero propósito de la educación: que nuestros alumnos y alumnas dispongan de los conocimientos, las destrezas, las habilidades, el carácter... que les permitan estar preparados (en el sentido más amplio que puedas imaginar) para la vida. Olvidamos demasiado a menudo que lo que debemos conseguir en nuestras escuelas, no es que los niños y las niñas hagan lo que quieran, si no que quieran lo que hagan.

Tenemos una tendencia casi obsesiva a complicarnos la existencia, y lo que es peor aún la existencia de nuestros alumnos y alumnas. Proponemos supuestas innovaciones cada vez más complicadas y complejas que no apartan mejora ni solución real alguna, pero las defendemos porque "molan" porque es "cool", porque nos diferencia de "otros".

Si de verdad queremos mejorar la calidad de la educación que ofrecemos en nuestras escuelas, debemos plantearnos propósitos claros y sencillo como estos:

- Leer comprensiva y compulsivamente.
- Comunicarse de forma eficaz, ya sea oralmente o por escrito.
- Ser capaces de plantear y resolver problemas, es decir, ser capaces de pensar de forma creativa y crítica.
- Conocer el mundo que nos rodea, pero no de memoria sino comprendiéndolo. Educar localmente para entender el mundo en su globalidad.
- Conocer y dominar el lenguaje de las ciencias, de las matemáticas; pero también el de la música, la pintura, la escultura...
- Conocer las emociones y dominarlas. Tener un carácter perseverante, meticuloso, resiliente...

- Desarrollar la capacidad de trabajar en equipo bajo la premisa fundamental de la convivencia: EL RESPETO.

Para conseguir esto (y seguramente alguna que otra cosa más) hay muchos caminos. Busca y encuentra el tuyo propio, evalúa los resultados que consigues, revísalo permanentemente y, sobre todo, compártelo con otros. Pero ten siempre presente que "la complejidad es tu enemiga. Cualquier tonto puede hacer algo complicado. Lo difícil es hacer algo simple." (Richard Branson).


Extraído de un artículo de Salvador Rodríguez Ojaos.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Superando la ilusión bilingüe

(Publicado en Escuela el 6 de septiembre de 2017)

El bilingüismo escolar hace mucha ilusión en España. Una palabra tan tramposa como esa (bilingüe es el hablante nativo de dos lenguas, no el que estudia en otras dos materias escolares) ha despertado esa ilusa fascinación que provocan ciertos escenarios futuros (¿una Europa en la que todos hablemos inglés?) y algunos espejismos procedentes del pasado (¿aquellos colegios británicos, alemanes o franceses en que se educaban nuestras élites?). Así ha crecido ese imaginario que asocia la modernización educativa de nuestros colegios e institutos con su declaración como centros bilingües en esos vistosos rótulos que suelen incluir la banderita del país que no quiere ser europeo.

La ilusión bilingüe ha llevado a algunos profesores a enseñar la materia de la que son especialistas en una lengua de la que no lo son. O a aparentarlo, porque no parece probable que los alumnos aprendan mejor las matemáticas o las ciencias si la comunicación en esas clases es todo el tiempo en una lengua distinta de la que comparten con el profesor.

No está claro que el aprendizaje intencional de una lengua extranjera mejore por usarla mientras se aprenden otros contenidos. De hecho, no se hace así en las academias y escuelas oficiales de idiomas, ni tampoco son en inglés las actividades extraescolares (musicales, deportivas, etc) que completan esa educación en la sombra orientada al enriquecimiento de la que habla Mark Bray. Obviamente, a nadie se le ocurriría que fuera en inglés la otra educación en la sombra, la del refuerzo en las clases particulares.

Pero en el aula están todos. Los alumnos con notables competencias y los que tienen más dificultades. O quizá no. Porque precisamente un efecto secundario (o no tan secundario) de la ilusión bilingüe es la segregación escolar. La separación entre quienes participan en ese experimento y quienes se quedan en otras aulas. Sobra decir que, además de otros beneficios, los profesores comprometidos con él no suelen tener en las suyas a ese otro alumnado.

En todo caso, la ilusión bilingüe no es solo escolar. Especialmente entre los más jóvenes, parece extenderse cierto complejo por que nuestro idioma no sea el inglés. Así, los nombres de los nuevos negocios, las expresiones con las que se publicita casi todo, los eventos resultones y muchas otras cosas (también las muy locales) están dejando de escribirse y pronunciarse en español para hacerlo en inglés. Algo que resulta especialmente patético en el país en que nació la lengua europea con más hablantes nativos en el mundo y la segunda, tras el chino, con más hablantes nativos en todo el planeta.

Lo peor de esta anglofilia lingüística es que parte de un presupuesto nada democrático sobre el que se piensa muy poco: que el inglés es, y debe ser, la lengua del futuro. Así, no caemos en la cuenta de que puede llegar a serlo sin que ningún organismo ni institución democrática lo haya debatido ni decidido jamás. De hecho, si no se extienden antes los traductores orales multilingües (sorprende el poco interés que despierta el desarrollo de estas tecnologías), el inglés puede acabar siendo pronto la lengua universal. O al menos la lengua medio oficial del universo occidental.

Lo cierto es que las lenguas no son como las especies biológicas cuya evolución requiere miles de años. El cambio en las lenguas se va dando a escala intergeneracional y en solo unas décadas pueden advertirse variaciones que pueden llevar a que unas lenguas se extiendan y otras desaparezcan. La historia del latín, del español o del inglés son buena prueba de ello.

Además de esos desafíos de gran alcance, el hecho de que la ilusión bilingüe produzca segregación escolar y no sea la mejor manera de aprender otras lenguas, debería hacernos pensar que la formación en esas competencias debería estar a cargo de sus especialistas y que, para ayudarlos, quizá fueran más útiles iniciativas que aprovechen mejor el tiempo escolar. Por ejemplo, revisar si tiene sentido que, con tanta educación en la sombra de inglés, esta deba seguir siendo la primera lengua extranjera para la inmensa mayoría del alumnado cuando buena parte de él podría elegirla como segunda lengua y aprovechar aquel espacio curricular para aprender portugués, francés, italiano o alemán. También se podrían promover otras iniciativas muy significativas como la extensión de los intercambios escolares y el aumento de las becas para estancias estivales en otros países. Medidas más razonables que, a diferencia de la ilusión bilingüe, no requieren una organización escolar segregadora.

No estaría mal, por tanto, asumir la responsabilidad que todos tenemos con nuestra lengua y la que tenemos los docentes con las nuevas generaciones. Por ejemplo, desenmascarando ese espejismo que está penetrando intensamente en nuestra sociedad y en nuestro sistema educativo. Lo bueno es que, al menos en las instituciones escolares, desnudar al rey no es difícil. Solo requiere que quienes no comulgamos con esa espuria ilusión bilingüe intentemos que nuestros centros estén libres de ella. Si la dirección, el claustro o las familias se plantean seriamente este tema es posible cambiar las cosas en cada centro aún antes de que las administraciones frenen esta ingenua y nociva inercia cuyos principales beneficiados no son los alumnos.

Además de deshacer el camino segregador que este experimento comporta, denunciar y renunciar a la ilusión bilingüe permitirá algo muy importante: hacer más eficaz el aprendizaje intencional de otras lenguas y convertirlo en medio para conocer y valorar otras culturas, no en instrumento para seguir erosionando el aprecio por la nuestra.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

¿Qué hacer si crees que los niños molestan?



Se nos está olvidando qué es un niño, en qué consiste la infancia. En este mundo tan hedonista esperamos de los niños que se comporten, constantemente, como auténticos modelos de la buena educación desde edades tempranas. Se nos olvida que son niños que tienen que aprenderlo todo y que ese aprendizaje conlleva muchas horas, muchos días y muchos años. Así que tengamos paciencia.
Una sociedad que quiere niños que se comporten como adultos., niega el valor de la infancia.
Los niños gritan, los niños corren, los niños no se sientan, se tiran por el suelo, los niños atropellan, los niños se impacientan, los niños lloran, los niños tienen rabietas, los niños tienen miedo, los niños muerden, los niños se descontrolan, los niños se ensucian cuando comen, hablan con la boca llena, los niños miran, los niños señalan con el dedo, y vuelven a gritar, a correr, a no sentarse…
Pero los niños no molestan, pero hay cinco cosas que puedes recordar cuando creas que sí lo hacen:
1.- Los niños no molestan, molestan algunas cosas que hacen, pero sobre todo molesta que tú te pongas a “azuzarte” mentalmente diciendo: “no se callan, no se están quietos, qué cafres, etc, etc.” La naturaleza es sabia, y por eso los niños tienen padres, madres, abuelos, maestros, familia, vecinos, etc. porque esta tarea de educar, aunque es responsabilidad de padres y madres, precisa de la colaboración del resto de “la tribu”. Una buena manera de colaborar es mostrarse pacientes, entender el comportamiento de los niños, en vez de empezar a hacer invocaciones a Herodes. En este blog hemos repetido muchas veces que niños y adolescentes aún no están “terminados de construir” y, por lo tanto, las equivocaciones están implícitas en su proceso de aprendizaje.
2.- Educar es enseñar activamente a nuestros hijos modelos correctos de comportamiento. Por eso padres y madres no deben de escudarse en lo de “son niños” cuando el comportamiento de sus hijos pueda ser molesto para otras personas, sino hacer énfasis en que les pedimos a los hijos que dejen de hacer determinadas conductas, aunque sean de niños, para no molestar a otras personas. Y persistir. Y si tú ves que un niño hace esfuerzos por controlarse para parecer menos molesto, reconóceselo. Hazle saber que eso que ha hecho está muy bien, todos aprendemos con elogios. Y si hay que reñir, que lo riñan sus padres, que te recuerdo que educar a los hijos de los demás es tarea sencilla.
3.- No olvides que los niños pueden hacer algo que a ti te moleste, pero también son divertidos, imaginativos, cariñosos, empáticos, sorprendentes, creativos, artistas, comprensivos, leales, curiosos, inocentes. Los niños tienen muchos valores, y no sólo el de la obediencia ciega. Conozco muchos adultos que molestan más que un niño, y nadie dice que es por culpa de su padre o de su madre. Sin embargo en cuanto un niño saca los pies del tiesto, ponemos a escurrir a padres o madres negándoles capacidad educadora alguna.
4.- A mí me encantan los niños, me encanta estar entre ellos, y siempre hay uno que se acerca y me pellizca sibilinamente, pero si pongo cara de que me ha dolido, hay doce que me llenan la cara de besos con sus correspondientes babas. Y al que me pellizca le doy ración doble de abrazos. Por eso nunca me molestan los niños porque cualquiera de ellos necesita lo que tú y yo necesitamos: elogios y abrazos; confianza y abrazos; consideración y abrazos.
5.- Los niños no son molestos, sencillamente están vivos y hacen ruido. Se ensucian, gritan, te sonríen. Los niños necesitan que los adultos los entendamos, los eduquemos y sobre todo los protejamos. Proteger a los niños, proteger la infancia. Cómo nos puede molestar el mejor tesoro que tiene una sociedad.