Si revisamos la evolución del mercado laboral, nos daremos cuenta que la gran revolución se ha producido en los últimos 25 años, empujada por la expansión, conexión y democratización de la tecnología. Desde los cajeros automáticos, pago en la autopista, auto pago en los supermercados… a los expendedores automáticos de leche, robotización de las farmacias, venta por internet (Ali Baba es el almacén que más factura en el mundo) o el primer hotel totalmente robotizado (Henn-na en Japón). La tecnología está transformando, y lo hará mucho más en los próximos 5-10 años, el mundo del trabajo. El mundo está cambiando cada vez más deprisa por la evolución exponencial de la tecnología.
El informe "The Future of employment; how susceptible are jobs to computerisation?" pone de manifiesto que un 47% del empleo total de Estados Unidos (y del mundo occidental al que pertenecemos) está en riesgo. Las ocupaciones existentes en la actualidad se habrán trasformado en 2020 de tal modo debido a la evolución de la inteligencia artificial y la tecnología que, o habrán desaparecido o habrán cambiado de tal forma que serán irreconocibles y requerirán capacidades totalmente distintas a las actuales. Si hoy no sabemos lo que nos depara el futuro, ¿cómo podemos formar a los jóvenes para trabajos que todavía no existen? ¿Qué podemos aconsejarles para sean capaces de afrontar y triunfar en el futuro? Para mí estas son las cuatro claves:
1. Estudia Idiomas. El mundo se hace pequeño, la tecnología permite que todo esté conectado y las personas y las empresas se mueven libremente por su geografía. Dominar idiomas te permitirá trabajar en otros países, o pertenecer a multinacionales afincadas en España. Este proceso plastificará tu mente para te resulte más fácil aprender un nuevo idioma en el futuro.
2. Aprende a aprender. Quien piense que con lo que sabe es suficiente, está muerto. Todo se acelera, y el conocimiento y las capacidades apreciadas en el mercado laboral cambian. La capacidad de aprender a Aprender abre las puertas a transformarse, evolucionar y reinventarse contantemente. Solo formándote constantemente podrás optar a los empleos que vayan apareciendo.
3. Conócete a ti mismo. Descubre que te gusta, en que eres bueno (fortalezas), que cosas necesitas reforzar (debilidades), que te apasiona, Solo sabiendo quien eres sabrás rodearte de los complementarios para triunfar, o reforzar tus fortalezas para ofrecerlas al mundo y ser feliz trabajando. Puedes empezar haciendo tu propia lista y, preguntarle a tus amigos o compañeros para ver en que coincides y que te descubren de nuevo.
4. Desarrolla softskills. Habilidades como la paciencia, la humildad, la flexibilidad, la gestión de las emociones, la concentración, la positividad, la gestión del stress, el trabajo en equipo… son hoy los grandes decisores de quien trabaja y quién no. En un mercado donde muchas personas tienen y ofrecen las capacidades técnicas que los puestos demandan aplicando a las ofertas de empleo, son las llamadas sofskills las que finalmente deciden, entre los candidatos que tienen las bases técnicas requeridas (experiencia en venta, lenguajes de programación, metodologías de calidad, …), los que se quedan con el trabajo.
El mundo se tecnifica y se acelera hacia una nueva revolución, las máquinas y la tecnología estarán cada día más presentes. A nosotros, el ser humano, nos toca ocupar nuestro lugar, y ofrecer lo que realmente es diferencial: nuestra humanidad, nuestra empatía, nuestras emociones, nuestro AMOR. En la nueva revolución de las máquinas, nace la era de las personas, ¡no te quedes fuera!
miércoles, 9 de noviembre de 2016
lunes, 24 de octubre de 2016
Cómo enseñar a los niños a ver las diferencias como algo positivo.
Educar
a los niños para que se valoren y sepan apreciar sus diferencias.
El mundo está lleno de diferencias y esto es algo que nos
hace crecer de forma interna ya que podemos comprobar que en la vida cada uno
es cómo es y es algo que se debe comprender y respetar. Pero en esta sociedad
de valores superficiales a veces el hecho de tener diferencias en uno mismo puede ser un motivo de baja autoestima en los
niños, algo que desde casa se debe
solucionar.
Las diferencias en uno mismo no tiene que ser algo
malo (tanto internas como externas) y es que muchas veces la diferencia es lo que realmente hace la vida
interesante. Además, las diferencias entre las personas nos
enriquece y nos hace ver que no todo es cómo nosotros pensamos. Pero, ¿cómo
enseñar esto a los niños?
5 consejos para enseñar a los niños a ver las
diferencias como algo positivo
Las diferencias pueden ser de muchas maneras, pueden
ser culturales, físicas, internas, emocionales, etc. Pero todas y cada una de
las diferencias que existe en nuestra sociedad son cosas positivas. A
continuación podrás ver cómo enseñar a los niños a ver las diferencias como algo positivo y
bueno para sus vidas.
1. Enséñales desde el ejemplo y el amor. Sé un ejemplo
de amar a los demás aunque existan diferencias. No le des más
importancia de la cuenta a que los demás no sean como tú. Ayuda a los demás
aunque sean diferentes. Ama a tus hijos, a tu familia y respeta a los demás. Si
existen diferencias míralo siempre desde el lado positivo, por ejemplo si
tu hijo es muy alto dile que podrá alcanzar lugares donde otros no podrán.
2. Piensa en los valores familiares. Todas las familias tienen valores o creencias que les ayudan a
entender el mundo. Sea cuáles sean tus valores, aboga por tolerar a los demás y
por ver las diferencias como algo bueno. Así, si tu hijo se siente diferente no
tendrá problemas de autoestima, ¡todo lo contrario! Podrá sentirse mejor consigo
mismo y con los demás.
3. Expón a los niños a las diferencias. Para que los niños puedan entender y
respetar las diferencias tendrán que verlo directamente. Para
ello es tan fácil como dar una vuelta por la ciudad o la zona donde residís y
permitir que los niños se fijen en las diferencias entre las personas, culturas
y todos los puntos de vista diferentes que pueden haber (puntos de vista que no
necesariamente se debe compartir, pero siempre se debe comprender y respetar).
Esto le permitirá al niño ver y respetar a los demás.
4. Además,
tendrás que enseñar a tu hijo que en esta sociedad llena de estereotipos y tan
poco tolerante, es importante no
participar en situaciones en los que se degradan a los demás, la intolerancia es una falta de respeto hacia los
demás intolerable que no querríamos hacia nosotros mismos.
5. Fomentar la autoestima de los niños
es fundamental, porque si
se sienten bien consigo mismos no se sentirán amenazados por
las diferencias de los demás. Sentirse seguro de sí mismo es la mejor manera de
poder explorar el mundo observando las diferencias como algo bueno.
LA CURIOSIDAD POR APRENDER
Qué duda cabe que a lo largo de cualquier día las personas aprendemos
sin necesidad de tener un marco estrictamente formal, e incluso, sin tener una
persona que tenga la misión de hacernos aprender. La experiencia e interacción
con el entorno y la curiosidad son una receta ideal para ello. Por tanto, queda
claro que los espacios formales de educación y formación no son los únicos de
los que podemos nutrirnos.
Como bien es sabido, existen numerosas propuestas estrictamente educativas que no pertenecen a la dimensión formal y que, en su gran mayoría, no tienen ningún lazo con las instituciones clásicas a las que se les encarga la educación de la población, como colegios o universidades.
Y es que la intuición ya nos dice que espacios como las actividades de tiempo libre son generadoras de experiencias de aprendizaje muy potentes. Habitualmente las que tienen una estructura más programada y con un nivel de intencionalidad educativa más elevada se atribuyen a los niños y jóvenes, pero también existen para adultos.
La pedagogía del tiempo libre ha tenido un recorrido en las últimas décadas donde especialmente se ha reconocido su labor en paralelo a que se ha consolidado una programación y diseño de mucha calidad. En muchos casos estas propuestas tienen un relación muy directa con el aprendizaje especialmente colectivo y, es por ello, que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, UNESCO "reconoce y promueve la educación no formal como herramienta de empoderamiento y transformación social" tal y como explica Hoppers (2006) citado por Chacón-Ortiz (2015).
Este reconocimiento también viene acompañado por la profesionalización de algunos de los profesionales que piensan, diseñan, ejecutan y evalúan las acciones que se llevan a cabo en este entorno educativo. Es el caso, por ejemplo, de los profesionales de la Educación Social que son unos de los referentes en estas cuestiones.
La intuición de que estas propuestas generan cambios y aprendizaje en las personas ha pasado a materiales concretos que hacen tangibles los resultados. En este sentido, una de las preocupaciones actuales se centra en la evaluación de los proyectos. "El proceso de evaluación en educación no formal: Un camino para su construcción", en la revista Educare, es una de las últimas publicaciones al respecto que sitúa esta cuestión como esencial para el éxito. El autor Manuel Chacón-Ortiz pone sobre la mesa numerosas dimensiones a tener en cuenta al respecto y la importancia, como decíamos, de hacer tangible el proceso y recorrido que acaba haciendo una persona que participa de una iniciativa de educación no formal.
Desde la experiencia de la Universidad, qué duda cabe que en general existen diferencias entre las personas que acceden a ella y ha pasado por experiencias educativas de tiempo libre. Estas propuestas generan conflictos personales, con mayor o menor dificultad, de manera continua que requieren de una resolución. El proceso que ello conlleva prepara para situaciones futuras que la vida te depara en diferentes ámbitos.
Tener que planificar un fin de semana o una semana en la montaña genera un nivel de entrenamiento en la organización, en la previsión y en el trabajo en equipo pocas veces comparable con lo que pueda ofrecer una asignatura en la secundaria desde un modelo tradicional de aprendizaje.
Y si en la Universidad esa diferencia es detectable especialmente los primeros cursos, cuando el contexto es el laboral puede en algunos casos marcar la diferencia como futuro profesional.
En definitiva, la escuela lógicamente no es el único marco donde aprender. La motivación puede llevar a cabo momentos de aprendizaje maravillosos más allá de las paredes de los colegios que por otra parte, sin duda, ejercen el encargo educativo y de igualdad de oportunidades más importante.
Para acabar, solamente hace falta añadir que sobre todo lo que hemos hablado será fundamental las ganas de aprender. Así pues, la curiosidad puede llegar a provocarnos a nosotros mismos espacios continuos de aprendizaje incluso en solitario. El saber observar más allá de únicamente ver nos lleva a aprender. E incluso iría más allá animando a hacer el proceso de ver, mirar y además contemplar para gozar de los pequeños instantes y situaciones donde hay posibilidades de aprender solamente si se ejecuta esa curiosidad tantas veces citada en este artículo.
Hay numerosos autores que explican como una actividad tan simple y humana como el caminar puede ser una posibilidad de aprendizaje, un actividad absolutamente informal en la que no existe planificación. "Virtudes pedagógicas del Camino de Santiago" de Xavier Ücar, "Presencia de la pedagogía en el acto de caminar: homo viator, nomadismo y formación" de Jordi García Farrero o incluso el siempre brillante Francesc Torralba con su última publicación "Correr para pensar y sentir" son algunas propuestas de lectura obligadas en este sentido.
Como bien es sabido, existen numerosas propuestas estrictamente educativas que no pertenecen a la dimensión formal y que, en su gran mayoría, no tienen ningún lazo con las instituciones clásicas a las que se les encarga la educación de la población, como colegios o universidades.
Y es que la intuición ya nos dice que espacios como las actividades de tiempo libre son generadoras de experiencias de aprendizaje muy potentes. Habitualmente las que tienen una estructura más programada y con un nivel de intencionalidad educativa más elevada se atribuyen a los niños y jóvenes, pero también existen para adultos.
La pedagogía del tiempo libre ha tenido un recorrido en las últimas décadas donde especialmente se ha reconocido su labor en paralelo a que se ha consolidado una programación y diseño de mucha calidad. En muchos casos estas propuestas tienen un relación muy directa con el aprendizaje especialmente colectivo y, es por ello, que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, UNESCO "reconoce y promueve la educación no formal como herramienta de empoderamiento y transformación social" tal y como explica Hoppers (2006) citado por Chacón-Ortiz (2015).
Este reconocimiento también viene acompañado por la profesionalización de algunos de los profesionales que piensan, diseñan, ejecutan y evalúan las acciones que se llevan a cabo en este entorno educativo. Es el caso, por ejemplo, de los profesionales de la Educación Social que son unos de los referentes en estas cuestiones.
La intuición de que estas propuestas generan cambios y aprendizaje en las personas ha pasado a materiales concretos que hacen tangibles los resultados. En este sentido, una de las preocupaciones actuales se centra en la evaluación de los proyectos. "El proceso de evaluación en educación no formal: Un camino para su construcción", en la revista Educare, es una de las últimas publicaciones al respecto que sitúa esta cuestión como esencial para el éxito. El autor Manuel Chacón-Ortiz pone sobre la mesa numerosas dimensiones a tener en cuenta al respecto y la importancia, como decíamos, de hacer tangible el proceso y recorrido que acaba haciendo una persona que participa de una iniciativa de educación no formal.
Desde la experiencia de la Universidad, qué duda cabe que en general existen diferencias entre las personas que acceden a ella y ha pasado por experiencias educativas de tiempo libre. Estas propuestas generan conflictos personales, con mayor o menor dificultad, de manera continua que requieren de una resolución. El proceso que ello conlleva prepara para situaciones futuras que la vida te depara en diferentes ámbitos.
Tener que planificar un fin de semana o una semana en la montaña genera un nivel de entrenamiento en la organización, en la previsión y en el trabajo en equipo pocas veces comparable con lo que pueda ofrecer una asignatura en la secundaria desde un modelo tradicional de aprendizaje.
Y si en la Universidad esa diferencia es detectable especialmente los primeros cursos, cuando el contexto es el laboral puede en algunos casos marcar la diferencia como futuro profesional.
En definitiva, la escuela lógicamente no es el único marco donde aprender. La motivación puede llevar a cabo momentos de aprendizaje maravillosos más allá de las paredes de los colegios que por otra parte, sin duda, ejercen el encargo educativo y de igualdad de oportunidades más importante.
Para acabar, solamente hace falta añadir que sobre todo lo que hemos hablado será fundamental las ganas de aprender. Así pues, la curiosidad puede llegar a provocarnos a nosotros mismos espacios continuos de aprendizaje incluso en solitario. El saber observar más allá de únicamente ver nos lleva a aprender. E incluso iría más allá animando a hacer el proceso de ver, mirar y además contemplar para gozar de los pequeños instantes y situaciones donde hay posibilidades de aprender solamente si se ejecuta esa curiosidad tantas veces citada en este artículo.
Hay numerosos autores que explican como una actividad tan simple y humana como el caminar puede ser una posibilidad de aprendizaje, un actividad absolutamente informal en la que no existe planificación. "Virtudes pedagógicas del Camino de Santiago" de Xavier Ücar, "Presencia de la pedagogía en el acto de caminar: homo viator, nomadismo y formación" de Jordi García Farrero o incluso el siempre brillante Francesc Torralba con su última publicación "Correr para pensar y sentir" son algunas propuestas de lectura obligadas en este sentido.
miércoles, 5 de octubre de 2016
La risa influye en el rendimiento escolar.
Los profesores que integran el humor en el aula llegan mejor a los alumnos, que se sienten más motivados y capaces para superar las dificultades
Efectos de la risa en clase
La risa potencia las actitudes positivas. Cuando reímos se liberan endorfinas que proporcionan una sensación de bienestar. Pero el simple hecho de sonreír ayuda a esa mejoría. De ahí que la risa se emplee para eliminar tensiones e, incluso, para aliviar el dolor. En el aula, es un instrumento para mejorar el rendimiento académico de los estudiantes.
Al reírse, los alumnos se sienten motivados, están receptivos y se favorece el estudio
Al reírse, los alumnos se sienten motivados, con ganas de adquirir conocimientos, estimulados para el aprendizaje. Están receptivos y se favorece el estudio. Se calcula que los niños ríen unas 300 veces al día -los adultos, menos de 30-. Aprovechar estos momentos para facilitarles el gusto por los libros resulta sin duda muy beneficioso.
A su vez, la alegría que se crea en el aula refuerza las relaciones entre los estudiantes y el vínculo con el profesorado. Reír juntos une y aumenta la confianza entre quienes comparten ese momento. La pedagoga y psicóloga Celia Rodríguez Ruiz asegura que la risa refuerza las habilidades sociales y favorece la concentración. "Estar relajados y positivos contribuye a relacionarnos de forma efectiva y hace que la concentración sea más efectiva", subraya.
No obstante, en su tesis 'El uso del humor en la enseñanza: una visión del profesorado de ELE', Francisco Manuel Rivero González señala que todavía hay resistencias a introducir el humor en el aula por el miedo a perder el control de la clase, a no tener gracia suficiente, impartir contenidos serios que no se prestan al humor o la preocupación por ofender a alguien.
Cómo potenciar la risa en el aula
El humor en el aula, en especial en edades tempranas, motiva hacia el estudio y ayuda a generar unos hábitos que se mantendrán en la edad adulta. Germán Payo, director del programa "Educa desde el Humor", insiste en la idea de que "el humor es una herramienta para relacionarnos". Sin conceder a esta capacidad más importancia que al hecho de ser "un buen profesor", defiende que quien enseña con humor "comunica mejor, se relaciona, motiva y conecta con el alumnado".
No hay que caer en el exceso hasta el punto de que los estudiantes se rían del profesor. Se debe buscar el equilibrio. Y este es tan importante que hasta algunos centros, como la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, han creado un "Aula del Humor", para el conocimiento y el estudio de este fenómeno, además de organizar distintas actividades que lo promueven.
El juego en clase es un aliado de la risa, de los buenos momentos y de la unión del grupo. Germán Payo añade otras ideas para potenciar el buen humor: "Clases activas, participativas, entretenidas con juegos de aprendizaje, con temas serios y ejemplos divertidos que ilustren los conceptos que explicamos". La actitud del profesorado es fundamental. Incluso ellos se benefician de la risa, al reducir su nivel de estrés.Introducir un chiste, una frase divertida o una broma en el momento oportuno es un recurso didáctico que proporciona una risa sana para todos.
El programa "Aulas Felices", implantado en España y países como México o Colombia, se basa en la psicología positiva. Dirigido a alumnos entre 3 y 18 años y de descarga gratuita en Internet para que cualquier centro cuente con él, proporciona ideas al profesorado para introducir el humor en el aula, a la vez que se fomenta la autonomía, la iniciativa y el denominado "aprender a aprender".
Reír antes de un examen
No es una cuestión baladí. La risa no es algo que deba tomarse, precisamente, a risa. En un experimento realizado en 2002, se comprobó que reír antes de un examen resulta mejor que repasar apuntes. Una vez realizada esta prueba, "se redujeron los niveles de ansiedad y tensión y se estimuló la creatividad y la imaginación". La risa antes de comenzar una prueba ayuda a superar el miedo y relaja a los estudiantes.
martes, 4 de octubre de 2016
La importancia de saber decir ‘no’ a los niños.
«¡Tienes la piel muy fina!». Es muy
posible que en algún momento haya escuchado o pronunciado esa expresión para
referirse a alguien que no sabe encajar bien las críticas. Una persona que no
concibe perder, porque no ha aprendido a hacerlo desde su más tierna infancia,
en el seno de su hogar, donde empiezan a asimilarse casi todas las lecciones.
Las consecuencias negativas de no poner límites a los menores es un asunto
mucho más serio de lo que algunos padres piensan.
Especialistas consultados avisan de que la
ausencia de disciplina generará «niños inseguros» a los que estaremos enseñando
que pueden tener y hacer lo que deseen. El problema surgirá cuando esa persona
crezca y descubra que la vida, como se dice en el argot de la calle, da muchos
palos, ya que a su cerebro le va a costar cambiar algo que tiene aprendido,
entonces empezarán los problemas de toda índole: psicológicos o emocionales,
conductuales...
«Los límites son fundamentales para el
desarrollo emocional y social del niño. Les ayudan a vivir en sociedad
enseñándoles dónde acaban sus derechos y empiezan los del otro, les enseñan a
frustrarse y a perder, y a tolerar el error», explica la psicóloga infantil
Mónica González. La especialista del Hospital Quirónsalud Marbella afirma que
estos límites deben existir en cualquier contexto (casa, colegio...) y en
referencia a cualquier situación (horario de salidas o juegos, higiene, etc.)
«En cuanto el niño va adquiriendo cierta autonomía ya le ponemos límites,
aunque lo hacemos de una forma espontánea o natural, y casi sin darnos cuenta.
Por ejemplo cuando no dejamos al bebé que toque algo peligroso o se meta algo
en la boca... Ahí ya estamos empezando a limitar. Pero alrededor de los 2 años
ya deberíamos hacer esto de una forma mucho más consciente y planificada»,
explica González.
Esta especialista afirma que aplicar
límites a los menores de una forma razonable y efectiva es mucho más sencillo
de lo que parece y ha elaborado unas pautas fundamentales para que los papás no
fallen en el intento:
Flexibilidad
Es primordial adaptarnos a la edad y necesidades del
niño. Por ejemplo, no podemos exigir a un menor de dos años que permanezca
sentado en un restaurante todo el tiempo. Es mejor no estar corrigiendo
permanentemente y que lo hagamos en lo realmente importante, y ahí seamos
autoridad.
Claridad
El niño tiene que saber exactamente qué conductas son
las que se esperan de él y qué conductas no se toleran. Tenemos que ser
concretos, ya que el pensamiento del niño es así y tenemos que adaptarnos a
ellos si queremos ser eficaces. Mensajes como «pórtate bien» o «no seas malo»
son muy generales, tenemos que especificar en conductas palpables y concretas.
Por ejemplo: «no debes pegar a tu hermano» o «tenemos que llevar el plato a la
cocina al terminar de comer».
Causa-Efecto
Aplicar consecuencias que estén asociadas a las conductas del niño, y que
siempre tienen que estar establecidas de antemano, nunca se improvisa. El niño
tiene que saber lo que va a pasar antes de actuar, porque así le damos control
y porque mucho más importante incluso es el mensaje que le estamos mandando:
«el responsable de tu vida eres tú». Algo que a medida que vamos creciendo nos
convierte en personas proactivas y luchadoras.
Reconocimiento y desatención
Refuerzo positivo para conseguir o mantener las
conductas deseadas mediante economía de fichas, atención en lo positivo,
premios, valoración o acceso a tecnologías dependiendo de la edad y de cada
niño. Desatención y si es necesario consecuencias que no gusten al niño para
extinguir las conductas no deseadas. Por ejemplo: «si pegas a un niño dejas de
jugar». Si se produce esa conducta se retira al niño del contexto de juego
durante los minutos que años tenga. Si tiene tres años, tres minutos. Después
de este tiempo vuelve al juego, y lo repito si es necesario cada vez que se dé
esa conducta indeseada.
Mantener la calma
No utilizar broncas, gritos, ni ninguna conducta
violenta ni física ni verbal. Los mensajes deben ir enfocados a la conducta
concreta y no a la totalidad del niño o a su persona (cambiar «eres malo» por
«esto está mal»). Los sermones y las explicaciones excesivas tampoco funcionan
y desgastan muchísimo. El cerebro del niño, que está en desarrollo, es muy poco
cognitivo, y aprende sobre todo desde lo experiencial. Es por esto por lo que
los padres nos dicen siempre «es que ya le he dicho esto miles de veces y sigue
sin hacerlo». El niño aprende sobre todo por asociaciones entre un estímulo y
una emoción o una conducta y una consecuencia. Esto no quiere decir que no
tengamos que hablar o explicar al niño, de hecho es fundamental que escuchemos
a nuestros hijos y que respondamos a sus dudas y curiosidades.
Además, los papás deben saber que la atención es uno de los mayores
reforzadores (si no el mayor) para el ser humano. Muchas veces, sin darnos
cuenta, llevamos toda nuestra atención a lo que los niños hacen mal y casi ni
vemos lo que hacen bien. El cerebro del niño necesita atención, y mejor en lo
negativo que en ningún sitio, y cuanta más atención más enganchadas van a
quedar esas conductas que lejos de extinguirse se mantendrán por lo que en
psicología llamamos un refuerzo por atención. Así que vamos a intentar llevar
la atención a lo que el niño hace bien y a mandarle mensajes en positivo.
Los papás son la autoridad
Aunque se puede negociar, al final la última palabra sobre las normas en la
casa la tienen los padres. Y siempre, tenemos que cumplir lo que hemos pactado
(lo positivo y lo negativo).
Canalizar sentimientos
Permitir y normalizar la expresión de emociones desagradables en el niño.
Si hemos dicho al niño que si pega a otro nene nos iremos del parque, es normal
que se enfade cuando vea que cumplimos con lo que hemos dicho, o que llore o se
sienta mal si no le damos algo que nos pide en una tienda.
Permitirle errar
Todo esto se puede hacer desde el amor, la comprensión, el respeto y la
tolerancia al error, que nos va ayudar a aprender y más si somos niños. Todos
nos equivocamos y actuamos mal a veces, eso forma parte del ser humano, y es el
mensaje que debemos mandar a nuestro hijos, que los queremos igual aunque se
equivoquen y que les estamos ayudando a avanzar, a aprender y a desarrollar su
mejor versión, y por eso tenemos que ir marcándoles el camino correcto.
lunes, 26 de septiembre de 2016
El miedo en los niños ¿de dónde viene?.
El miedo en los niños es algo habitual, generalmente no supone más que una etapa en la que les resulta difícil conciliar el sueño, pero en ocasiones puede llegar a ser un problema mayor si se alarga su duración en el tiempo o el miedo en los niños desencadena pesadillas frecuentes o ataques de ansiedad a la hora de dormir.
Llega la noche, ya ha cenado, se ha bañado y se ha cepillado los dientes. Se pone el pijama y se va a la habitación un poco a regañadientes. Llega el momento clave: le das un beso de buenas noches y le apagas la luz. Al poco tiempo su habitación se ilumina y te llama. “No puedo dormir” o “tengo miedo”suele ser el comienzo de una noche más que terminará con un inquilino en vuestra cama.
¿Cuál es la causa más común del miedo en los niños?
La respuesta no es sencilla, porque las razones del miedo en los niños varían según el niño y la edad, pero es algo general sobre todo en menores de diez años.
Uno de los temores más comunes en nuestros hijos es la oscuridad y todo lo que esto supone.
El origen del miedo en los niños
Cuando un niño tiene miedo a la oscuridad, o a los monstruos, no está simplemente siendo víctima de su imaginación. El miedo en los niños tiene un origen primitivo y a la vez depende de unainfluencia social, que varía según la cultura a la que pertenece. Uno de los miedos más comunes cuando son pequeños es el temor a determinado tipo de criaturas, reales o no, desde leones, cocodrilos, perros, lobos o arañas, hasta vampiros, brujas o zombis.
Este miedo tiene su origen en el ADN humano y su causa no es otra que la de evitar las situaciones en las que nos encontramos indefensos o expuestos a peligros externos. El instinto de supervivencia se reflejaba en el temor a los animales con los que convivíamos en nuestros inicios: los animales más grandes y más feroces suponían una amenaza para la especie, por tanto había que estar alerta constantemente y más cuando la visibilidad disminuía y se estaba más expuesto a un ataque.
El miedo a las serpientes, los leones o los cocodrilos surge en los niños de manera espontánea por este motivo, aunque no sean animales con los que el niño conviva en su día a día. Incluso los seres ficticios tienen como base el miedo a criaturas grandes que pueden suponer un peligro.
Con el tiempo el miedo a la oscuridad o a dormir solos desaparece. Es importante tratar el miedo en los niños de una manera cercana pero sin que suponga una dificultad mayor a largo plazo.
La ayuda que se le pueda proporcionar a un niño con miedos nocturnos pasa por crear zonas seguras como dejar una luz encendida, leerle un cuento en el que el protagonista debe enfrentarse a un miedo similar (como un dragón) o hacerle compañía hasta que se duerma en los casos más reincidentes.
Si el miedo persiste o va en aumento es aconsejable la intervención de un especialista, el enfoque de un profesional puede ayudar tanto al niño como a los padres a poner bajo control este problema. Siempre teniendo presente que no tiene que suponer un problema y que es propio de la edad y no algo inusual o específico de nuestro hijo.
*Te recomendamos el libro El sueño infantil y sus dificultades, de Jesús Jarque. Un manual para afrontar las dificultades habituales relacionadas con el sueño que suelen presentarse en los niños de 3 a 12 años.
martes, 20 de septiembre de 2016
MOTIVACIÓN
La palabra motivación proviene del latín, concretamente de los vocablos motivus omotus, y que vendría a significar algo así como “causa del movimiento”. Los docentes sois en gran parte los autores de ese poderoso impulso en los alumnos, esa revolución que los acerca al conocimiento y al aprendizaje.
A continuación, quiero compartir con vosotros ideas que pueden inspiraros para un inicio de curso distinto pensadas para Primaria. Escoged aquellas que os gusten y podáis adaptar a vuestra forma de ser y de ver el mundo. ¿Os atrevéis a inventar las vuestras propias?
Una fiesta de inicio de curso
Me encanta pensar en el inicio del curso escolar como en una semilla recién plantada, una semilla que tiene por delante un gran proyecto entre manos: crecer y dar frutos. Es para mí la mejor metáfora de algo que comienza y que puede traer consigo grandes beneficios.
Entonces, ¿por qué no nos planteamos este inicio como la celebración de todo eso? Os propongo organizar una sencilla fiesta que gire entorno a estos valores. Cread un gran mural con los propósitos para el nuevo curso, tanto de los profesores como de los estudiantes. Lo podéis hacer digital (con aplicaciones como Glogster oMural.ly…) y así, además de conservarlo más fácilmente, os resultará más sencillo difundirlo entre vuestra comunidad educativa.
Aprovechad e implicad a las familias en esta celebración. Es necesario darles protagonismo desde el inicio para que esta motivación que queréis transmitir llegue doblemente a vuestros alumnos.
La mascota, una decisión conjunta
Solemos olvidar que algo clave para motivar a nuestros estudiantes es hacerlos partícipes del aprendizaje y del día a día en la escuela. Por eso, si este año tenéis previsto comprar una mascota para la clase, os sugiero que planteéis la situación en clase.
Haced conjuntamente una lista de los animales que les gustaría tener y, a continuación, elaborad un listado con los pros y contras que podría tener cuidar de cada una de estas mascotas en el aula. Negociad y estableced una dinámica de votaciones para seleccionar el animal que, por las circunstancias del aula y las personas que la conforman, se puede adaptar mejor.
Con esta simple acción, que únicamente supone cederles un poco de espacio para decidir, estáis incentivando el pensamiento crítico de vuestros alumnos, su capacidad para tomar decisiones, su empatía, su sentido de la responsabilidad, y su habilidad para negociar y ponerse de acuerdo con otras personas.
Todos servimos para algo (autoconocimiento y autoestima)
Os sugiero una actividad para promover el autoconocimiento de vuestros alumnos y su papel dentro del grupo-clase. Colocad un folio en la espalda de todos los niños, y pedid vayan moviéndose por la clase y escribiendo en papel de sus compañeros aquellas cosas que valoran de ellos, aquello que saben hacer bien y sus mejores cualidades en el trato con los demás. Por ejemplo: “Es muy amable, siempre responde bien cuando se le pide algo”, “sabe mejor que nadie resolver problemas de matemáticas”, “sabe jugar muy bien a fútbol”, “canta bien”…
A continuación, después de ver los comentarios que cada niño ha recibido, pedidles que piensen en qué podrían ayudar a los demás y qué podrían ofrecer por sus compañeros. Decid a los demás que valoren esas propuestas que los compañeros hacen y que les den su opinión.
Por ejemplo, el niño que sabe jugar muy bien al fútbol, podría enseñar a los que estén interesados algunas técnicas durante la hora del patio. O, por el contrario, el niño que sabe resolver problemas de matemáticas, podría sentarse con algún alumno que le cuesta esta materia.
No tienen por qué resultar propuestas demasiado firmes en un principio o que se prolonguen mucho en el tiempo, pero si que es interesante que estas dinámicas sirvan para trabajar la cohesión del grupo y potenciar la autoestima de los alumnos. Si hace muy poco que nuestros estudiantes se han conocido, es preferible retrasar la actividad y hacerla un poquito más adelante.
Un cofre misterioso.
Durante el inicio de curso, no tenemos tiempo ni recursos para decorar demasiado el aula; pero os animo a que no os deis por vencidos y que incluyáis los primeros días un objeto misterioso que dé un poco de color al aula vacía.
Os recomiendo que escojáis un cofre o un maletín antiguo. Es muy importante que inventéis para este objeto una buena historia. ¿Lo olvidó un detective durante las vacaciones en una estación abandonada?, ¿lo había traído la marea a una playa desierta? Haced conjuntamente elucubraciones respecto a quién podría pertenecer y qué podría contener en su interior.
Os recomiendo que escojáis un cofre o un maletín antiguo. Es muy importante que inventéis para este objeto una buena historia. ¿Lo olvidó un detective durante las vacaciones en una estación abandonada?, ¿lo había traído la marea a una playa desierta? Haced conjuntamente elucubraciones respecto a quién podría pertenecer y qué podría contener en su interior.
Aprovechad la curiosidad que habéis suscitado en los niños para desvelarles, con la apertura del maletín o cofre, alguna noticia interesante sobre el nuevo curso: quizás vais a hacer una excursión a la playa, o vais a ver cómo trabajan los detectives, o vais a visitar una fábrica de maletas, etcétera.
Actividades como estas captan el interés de nuestros alumnos e incentivan su motivación; por eso son ideales para el inicio de curso. Sin embargo, pueden adaptarse y realizarse a lo largo de todo el curso escolar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)