jueves, 14 de mayo de 2015

Cuando las prisas de los padres se convierten en estrés para los hijos.

El sistema neurológico de nuestros hijos no está preparado para el ritmo de vida al que están acostumbrados los adultos. No está tan entrenado y es mucho más sensible a las presiones y al estrés.
Este es un motivo por el que no debes contagiar a tu hijo de tus prisas y vorágine. Pero hay otro motivo igual de importante que tiene que ver con sus habilidades cognitivas.
Tu hijo está en formación constante. Cada día aprende y descubre cosas nuevas. Necesita calma para asimilar sus aprendizajes y para poder aprovechar al máximo las oportunidades del día a día con conciencia plena.  Necesita cierto estado de equilibrio emocional e intelectual para revisar sus errores, sacar conclusiones y buscar estrategias para no repetirlos, para que distingan lo importante de lo que no lo es. Un pensamiento divergente, hipotético o deductivo necesita tener en cuenta muchas variables, pequeños detalles que bajo las prisas pasan desapercibidos.
E incoherentemente les exigimos un trabajo de calidad, que lo poco o mucho que hagan lo hagan  bien, que se organicen, que prevean consecuencias, que controlen su agenda y sus tiempos y, sin embargo, les enseñamos a ir por la vida corriendo, improvisando, con prisas para compensar la falta de planificación.
No solo les damos prisa para que se vistan, desayunen, recojan… también para que aprendan, para que entiendan lo que les explicamos, para que hagan amigos, para que se atrevan con nuevos desafíos…¡para que crezcan! Olvidamos que tienen su propio ritmo de aprendizaje y madurez, una personalidad diferente a la nuestra, unos intereses y objetivos distintos… Darles prisa no soluciona ningún problema sino que lo agrava, les impide crecer y los separa de nosotros.
Sustituye las prisas por organización y planificación. Ten en cuenta su capacidad de aprendizaje y reacción. Ante los problemas, media con tu hijo, negocia, haz reuniones familiares y resolución de conflictos, dale un tiempo para reflexionar antes de responder… ¡Incluso dale el espacio físico para hacerlo!
Por supuesto que nuestros hijos deben acostumbrarse al ritmo que marca la sociedad, por supuesto que deben acostumbrarse a trabajar bajo presión y a responder a estímulos estresantes pero preparémosles previamente para ello, dotémosles de recursos cognitivos, seleccionemos los estímulos para que desarrollen capacidades y no seamos nosotros el origen de su bloqueo y su estrés.
Con prisas no hay espacio para conectar con sus almas. Solo para hacer muchas cosas sin trascendencia.

martes, 12 de mayo de 2015

El secreto de una buena educación

Los padres tienen en su mano que sus hijos sean seguros, sociables, triunfadores… felices. Conozca las pautas para empezar con buen pie

El secreto de una buena educación
Los adolescentes necesitan tener normas por parte de sus padres para sentirse seguros
Los padres de hoy sienten una gran preocupación por la educación de sus hijos y tienen mucha información al respecto, y «sin embargo, nunca han estado más despistados», asegura María Jesús Álava Reyes, psicóloga y autora —junto a Susana Aldecoa, directora del colegio Estilo—, de La Buena Educación (editorial La Esfera de los Libros), que acaba de ver la luz.
Aunque a algunos padres les cueste asumirlo, la educación de los hijos comienza desde el mismo momento en que nacen. «Prueba de ello, es que muchos pediatras recomiendan que el recién nacido duerma y coma a demanda, para que los padres no se obsesionen. Un grave error —asegura rotunda Álava Reyes—. Tenemos la consulta llena de padres desesperados porque han dado de comer y dejado dormir al niño cuando él ha querido y no pueden ni descansar por las noches por atender sus continuas demandas».
Le han acostumbrado desde un principio a que sea el pequeño el que lleve las riendas, convirtiendo a los padres en verdaderos esclavos. «La educación en los primeros años es la clave para el futuro comportamiento de los hijos —advierte esta psicóloga—. Es importante ponerles límites y saber decirles que no en el momento adecuado para ir entrenando sus emociones; de lo contrario, tendremos adolescentes frustados».

Enfrentarse a la realidad

De hecho, según los estudios, más del 40% de los niños y adolescentes no saben cómo enfrentarse ante la realidad que les rodea en su día a día porque siempre han hecho lo que han querido y cuando lo han considerado, de manera que cuando les llega la primera dificultad, no saben cómo reaccionar. «Por eso, actualmente hay tantos jóvenes que no saben comunicarse, que se aislan en su ordenador… Son muy débiles emocionalmente, muy influenciables, manipulables, inseguros y, por ello, la salida más fácil a su manera de sentirse es mostrar agresividad. Además, por buscar una vía de escape tienen grandes posibilidades de caer en la adicción a drogas o alcohol. Al no ser dueños de sus emociones se hunden y el precio que pagan es muy alto: la infelicidad».
Por este motivo, la directora de colegio, Susana Aldecoa, iniste a los padres en que todo se fragua desde la infancia «y todos los matices que rodean a los niños a estas edades son importantes». En las aulas del colegio Estilo se concede mucha importancia a las emociones y a la formación integral de los alumnos desde que son muy pequeños. Combinan la formación humanística y la cultural con la excelencia, la responsabilidad, el respeto a los demás, la convivencia… «Les enseñamos a pensar, a empaparse de buena literatura y varios idiomas. No usamos libros hasta los siete años, cuando los alumnos se estrenan con Dickens, y tenemos asignaturas complentarias como el debate, para que aprendan a mostrar y defender su propios criterios, el arte, la religión, ajedrez o la música, entre otras».
No hay que olvidar, tal y como apunta Álava Reyes, que a los seis años se desarrolla el 80% de su acervo intelectual y a los 8 años se instala su personalidad. Reconoce que cada vez es más frecuente encontrarse en consulta a jóvenes de 20 años con una edad emocional de ocho años. «Hay que hacer saltar las alarmas en la sociedad porque el gran fracaso de nuestro país es tener una población que no está bien educada emocionalmente. Si no se pone remedio, estos adolescentes mañana tendrán hijos y ¿cómo les educarán?: carentes de valores emocionales. La bola irá creciendo. Hay que reaccionar ya».

Pautas positivas

•La educación debe iniciarse desde la edad más temprana.
•La relación entre profesores y alumnos debe sustentarse en el respeto y el afecto.
•Es esencial razonar con los niños al enseñarles buenos hábitos y normas para que los incorporen como propios a su bagaje personal.
•Hay que estimular la curiosidad del niño y reforzar su motivación.
•Debemos valorar la memoria como instrumento útil para el aprendizaje.
•Cada niño tiene su propio ritmo evolutivo.
•Los niños con dificultades deben recibir tratamientos específicos, pero sin perder de vista la integración con los demás alumnos.
•Es necesario fijarles normas, hábitos positivos y límites. El NO también educa.
•A los niños les influyen más los ejemplos de sus padres que los discursos o sermones.
•En ciertas situaciones, es productivo pactar con el niño para obtener un compromiso por su parte.
•Es esencial vigilar el comportamiento general y la conducta alimentaria del niño o el joven para detectar posibles trastornos.
•Asimismo, es necesario detectar posibles relaciones peligrosas, en especial en la adolescencia.
•Hay que transmitirles valores: respeto, tolerancia, sentido de la justicia, aprecio del arte y la cultura, interés por conocer y entender la diversidad de sociedades y costumbres.

ERRORES MÁS FRECUENTES

•La falta de tiempo para estar con los hijos y educarlos.
•La inflexibilidad de los padres, que puede frustrar a los niños.
•Lo contrario: pretender ser “colegas” en lugar de desempeñar el papel de padres.
•La no aceptación por parte de los progenitores de la realidad escolar o de la capacidad real de los niños, que conduce a la frustración de los padres.
•La elección de un centro educativo no acorde con las características del niño.
•Las divergencias entre los criterios educativos de los padres y los profesores.
•Las diferencias de criterios educativos y los mensajes contradictorios dirigidos a los hijos por parte de ambos progenitores.
•Sobreproteger a los niños impidiendo que hagan cosas para las que están capacitados, como, por ejemplo, colaborar en las tareas hogareñas.
•Permitir el abuso de los videojuegos o de internet en detrimento del deporte y las actividades al aire libre.
•La permisividad y la falta de normas, que les desorientan y les privan de objetivos y valores.
•Cederles a los adolescentes el control de su entorno, renunciando a ejercer una razonada autoridad.
•Tolerarles conductas irrespetuosas o violentas.
•No requerir la ayuda profesional cuando la situación lo hace necesario.

lunes, 11 de mayo de 2015

Perdamos el miedo a la palabra “aburrimiento”


Me imagino una escena cotidiana donde un niño le dice a su madre: “Mamá estoy aburrido”, ¿qué creen ustedes que haría la madre ante esta situación? No es muy difícil acertar con la respuesta. Puedo asegurar que lo primero que haría una madre hoy en día ante esta situación, sería buscar cualquier alternativa o estímulo “externo”, ya sea videojuego, televisión, juguete, actividad…, con tal de que el niño se ocupe en algo que supuestamente lo va a sacar de este “estado” tan temido por todos actualmente.
Ahora me pregunto, ¿cómo vamos a incentivar entonces la creatividad, la imaginación, la curiosidad de nuestros niños, si en realidad no les damos el espacio apropiado? Todos hablamos de la creatividad, de conservar la curiosidad, el asombro, de potenciar la imaginación; sin embargo no nos hemos puesto a pensar que es en los momentos de aburrimiento donde pueden salir a relucir nuestra habilidades y dones más particulares.
Muchas veces he leído que personajes reconocidos se descubrieron y tuvieron contacto con sus talentos precisamente cuando no tenían “nada que hacer” . Fue allí donde salieron a la superficie sus capacidades, capacidades que cada uno de nosotros posee y serían  fáciles de descubrir si no viviéramos en una sociedad sobreestimulada desde lo exterior, lo que hace que poco a poco se vaya perdiendo nuestra aptitud de crear e inventar.
Todos somos curiosos por naturaleza.  Me atrevería a decir que hasta “inventores” por naturaleza. Sin embargo al pasar los años, poco a poco esta capacidad, esta “lamparita mágica” se va apagando. Puedo decirles que yo he vuelto a encender la lamparita, la vida el último tiempo me ha regalado muchos momentos de aburrimiento y los he sabido aprovechar…, he descubierto que me encanta escribir. Recuerdo que lo hacía cuando era niña, me gustaba escribir poemas, citas para pensar, canciones…, no me di ni cuenta cuando todo esto comenzó a alejarse, lo que sí sé es que lo he recuperado y no lo dejaré irse otra vez.
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Aunque suene sorprendente, es en esos momentos en que nos “aburrimos” donde inventamos, creamos, descubrimos, imaginamos; que no tenemos la posibilidad de experimentar si estamos siempre ocupados o tenemos estímulos externos.
Permitamos que nuestros peques “se aburran”, esto les permitirá sentir e inventar guiados por su curiosidad. Saldrán a flote una infinidad de dones que muchas veces se esconden y son invisibles a raíz de tantas actividades dirigidas.
Puede que vivamos más conectados que nunca exteriormente:  tecnologías, internet, redes, televisión, pero no olvidemos que la conexión más importante es la que hacemos con nosotros mismos.
Yo estoy perdiendo el miedo a aburrirme, espero que poco a poco tú lo pierdas también…

viernes, 8 de mayo de 2015

¿Eres un buen modelo de comunicación emocional para tu hijo?

¿Has observado la diferencia que existe entre una persona educada con tabús y prejuicios y otra que ha vivido en una familia que ha fomentado la expresión de sentimientos en sus hijos? Expresar sentimientos es difícil, pero los padres podemos contribuir a que nuestro hijo interprete sus emociones y aprenda a expresarlas. De esta manera, le ayudaremos a ser un adulto emocionalmente estable.
Conocer los sentimientos de nuestro hijo y ayudarlo a expresarlos no es una tarea sencilla. De hecho, todas las personas, seamos padres o no, nos movemos en el universo de los sentimientosde forma más o menos competente y con mayor o menor éxito. Tal vez pensemos que, por el hecho de ser padres, estamos dotados de una especie de don que nos facilita la expresión y comprensión de sentimientos en la relación entre padres e hijos, porque amamos a nuestro hijoy él nos ama. Y que esto es suficiente para iniciar a nuestro hijo en el arte de sentir y comprender lo que siente, sin reparar en los medios, las formas o las palabras que vamos a emplear para ello.
Cuando nuestro hijo nace nos ocupamos diligentemente de qué comerá, cómo será su habitación, sus primeros juguetes, etc. Intentamos garantizarle un espacio físico inmejorable, buena educación y actividades extraescolares diversas que propicien su desarrollo en la mejor dirección. Pero me pregunto si, paralelamente a todo lo anterior, también nos aseguramos de proporcionarle los modelos más adecuados de aprendizaje emocional y de comunicación de sentimientos.

¿Eres buen modelo de comunicación emocional para tu hijo?

¿Por qué preguntarnos algo así? Pues porque los sentimientos componen el sustrato sobre el cual el niño, en su interacción con el mundo, elabora su interpretación del mundo y de sí mismo. Y porque este tipo de aprendizaje se realiza fundamentalmente en el seno de la familia.
Como señala D. Goleman en su obra Inteligencia emocional:
“La familia es el crisol doméstico en el que aprendemos a sentirnos a nosotros mismos y en donde aprendemos la forma en que los demás reaccionan ante nuestros sentimientos; ahí es también donde aprendemos a pensar en nuestros sentimientos, en nuestras posibilidades de respuesta y en la forma de interpretar y expresar nuestras esperanzas y nuestros temores. Este aprendizaje emocional no sólo opera a través de lo que los padres dicen y hacen directamente a sus hijos, sino que también se manifiesta en los modelos que les ofrecen para manejar sus propios sentimientos y en todo lo que ocurre entre marido y mujer. En este sentido, hay padres que son auténticos maestros mientras que otros, por el contrario, son verdaderos desastres.”

Seis pautas para dialogar con nuestros hijos desde el corazón

Veamos ahora en qué forma A. Faber y E. Mazlish, psicólogas especializadas en la comunicación entre padres e hijos, en Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen, nos recomiendan cómo podemos actuar para ayudar conscientemente a nuestros hijosa manejar sus sentimientos, revisando a la vez nuestros propios hábitos de respuesta frente a las situaciones de conflicto emocional en las relaciones familiares.
  1. Debes ser capaz de escuchar con toda tu atención a tu hijo cuando te esté explicando un problema, un conflicto, un logro o una duda, dejando de lado lo que estés haciendo, los problemas que te preocupen e, incluso, el concepto que tengas forjado de él. Es importante demostrar a nuestro hijo que realmente sus sentimientos son tan importantes para nosotros como lo son para él.
    Los padres solemos poner poco en práctica esta actitud de escucha atenta, sumergidos como estamos en un mar de trabajo y de responsabilidades, y sin embargo es una de las condiciones básicas a seguir si de verdad queremos que nuestro hijo nos exprese sus emociones de forma habitual.
  2.  Dale tiempo suficiente para que se explique, sin intervenir hasta conocer el problema en su totalidad. Después, permítele llegar a sus propias conclusiones haciéndole preguntas mediadoras.
  3.  Concede credibilidad y confianza a los sentimientos de tu hijo. Así aprenderá a confiar en sí mismo y en nosotros. No neguemos sus sentimientos ( “¡va, no te pongas así” o “no será para tanto”); si no lo hacemos facilitamos que se observe porque no se siente ni recriminado ni juzgado.
  4.  Ten en cuenta que, en ocasiones, las mejores palabras son aquellas que no se dicen. Asentir con la cabeza, o con expresiones cortas y neutras del tipo: ¡Vaya!, ¡Hum!, ¡Ajá!, le dará a nuestro hijo el espacio que necesita para expresarse sin sentirse juzgado, pudiendo a la vez pensar en voz alta y buscar sus propias soluciones. Este tipo de diálogo nos permitirá a nosotros escucharle, intentar comprenderle más allá de las palabras y no intervenir hasta conocer totalmente la situación que nuestro hijo ha vivido y cómo se ha sentido.
  5. Debes ayudarle a nombrar lo que siente. La identificación es necesaria para que tuhijo comprenda sus emociones. Los niños a menudo confunden las sensaciones más elementales o se angustian ante un sentimiento al que no saben nombrar y, por tanto, reconocer y enfrentarse a él. Debemos verbalizar el estado emocional de nuestro hijo desde pequeño para ayudarle a identificar lo que siente y mostrarle que somos capaces de ponernos en su lugar y comprender sus reacciones.
  6. Promueve en casa un ambiente general de escucha y de respeto por los sentimientos de todos los miembros de la familia. Recordemos que somos para nuestros hijos modelos de conducta. Ellos aprenderán más sobre sus emociones de lo que capten del ambiente que de lo que les enseñemos directamente.
El niño que se siente bien, normalmente se porta bien. Sentirse comprendido y aceptado por los padres es requisito previo para aceptarse a sí mismo, y la aceptación de uno mismo es, a su vez, requisito previo para el bienestar interior, puerta de la felicidad.
Cuando el niño expresa lo que siente sabiéndose escuchado, respetado y comprendido, aprende a fiarse de sus sentimientos, aprende a escucharse y a saber manejar emociones tan intensas como la antipatía, la vergüenza, la ira o el rechazo. Los estudios más recientes revelan que la capacidad de expresar los propios sentimientos constituye una habilidad social fundamental.
Difícilmente el niño podrá desarrollar esa habilidad si el ambiente familiar no se lo facilita. Podemos haber heredado una tendencia de carácter, pero un ambiente comprensivo y abierto al diálogo facilitará la adquisición del control emocional necesario para funcionar y tener éxito en las relaciones personales.


miércoles, 6 de mayo de 2015

ENSEÑANDO A LOS NIÑOS CÓMO PENSAR, EN LUGAR DE QUÉ PENSAR.

El sistema no quiere pensadores. No quiere que la gente cuestione sus métodos. Quiere una población que pueda ser fácilmente manipulada y controlada para que renuncien a todo su poder para la élite.

En este momento nuestro sistema educativo está haciendo más para adoctrinar a nuestros hijos que para educarlos. De hecho, ese ha sido el caso desde hace bastante tiempo.

A nuestras mentes jóvenes se les dice que acepten la autoridad como verdad en lugar de la verdad como autoridad, y los maestros hablan a los estudiantes en lugar de con ellos. Los maestros se han convertido en repetidores de información. Simplemente están regurgitando todo lo que una vez aprendieron de sus propios maestros, y perpetuando el reciclaje de la información; información que ha logrado evadir el escrutinio por generaciones.

Los niños ya no son los dueños de su propio aprendizaje, y en su lugar, sus mentes están siendo tratadas como contenedores de almacenamiento.

El modelo de fábrica de la educación, con su enfoque en el elitismo académico y económico, está produciendo trabajadores obedientes para el sistema, animados a conformar cada paso del camino.

No estamos siendo tratados como seres humanos orgánicos, creativos, investigativos,sino como partes de una máquina. El sistema educativo está filtrando la naturaleza inquisitiva de nuestro ser, con el objetivo último de evitar la disidencia contra el sistema.

El sistema no quiere pensadores. No quiere que la gente cuestione sus métodos. Quiere una población que pueda ser fácilmente manipulada y controlada para que renuncien a todo su poder para la élite.

Hay quienes dicen que las habilidades del pensamiento crítico no pueden enseñarse en las escuelas. Sócrates es probable que se burlase de esa noción, si él siguiera vivo hoy. Fue Sócrates quien dijo:
"No puedo enseñar nada a nadie; sólo puedo hacerles pensar."

Si hemos de resolver el problema del adoctrinamiento en nuestro sistema escolar, tenemos que aprender a empezar a hacer preguntas en vez de dar respuestas. El verdadero aprendizaje se logra a través del proceso de investigación.

Los niños tienen que ser alentados a buscar las respuestas por sí mismos. Corresponde a los profesores proporcionar las herramientas y recursos necesarios para que los niños lleven a cabo estas investigaciones y hacer descubrimientos significativos.

Una pregunta bien formada hará más para inspirarque cualquier número de respuestas. En todas las facetas de nuestras actividades educativas, se vuelve crucial comenzar un diálogo abierto con nuestros estudiantes, fomentar el debate sano y hacer que formen sus propias conclusiones.

La importancia de enseñar la filosofía en las escuelas no se puede subestimar.

En un mundo donde la mayoría de la humanidad está corriendo en la máquina para correr con los ojos vendados, es primordial que re-evaluemos nuestras propias perspectivas de vez en cuando, y mirar el cuadro grande.

Lo que la enseñanza de filosofía hace es que nos pone a pensar, nos hace cuestionar, y nos hace contemplar. Sin estas habilidades, la humanidad va a seguir funcionando en piloto automático, y permitiremos a aquellos en el poder seguir dominando, oprimiendo y esclavizándonos en todos los sentidos.

Tenemos que recuperar nuestra propia mente...

martes, 5 de mayo de 2015

LOS VALORES DEL DEPORTE

Hacer deporte es una actividad que va más allá de sudar, mejorar tu figura, perder peso o divertirte un par de horas. Cuando practicamos alguna disciplina deportiva solemos experimentar emociones muy diferentes. ¿Sabes que podemos compararlas con lo sucedido en el aula? Te ponemos un ejemplo. Cuando perdemos un partido podemos sentirnos tristes o, al contrario, podemos sentirnos alegres cuando lo ganamos. De la misma forma sucede en el aula, podemos sentirnos tristes por obtener una mala calificación o sentirnos felices por lograr la nota más alta de la clase. Por lo tanto, sabemos que si adoptamos la filosofía y el código del deporte a nuestras vidas, seremos personas felices y exitosas durante mucho tiempo.

Algunos valores que podemos adoptar del deporte:

Respeto: El respeto es esencial para la convivencia entre los seres humanos. Si no hay respeto, no hay relaciones personales de ningún tipo, a ningún nivel. En la cancha de baloncesto la clase social, la raza, la creencia del rival o de tus compañeros no tiene influencia sobre el resultado. Compartir equipo con personas diferentes a ti te enseñará a convivir con las diferencias que le dan brillo a nuestro mundo. Las reglas del juego deben ser respetadas por todos, sin excepción. Respetar al rival también significa honrar el juego.
 niños deporte balones
Liderazgo: Muchas personas se proclaman líderes sin serlo de verdad. También sucede lo contrario, muchas personas se convierten en líderes sin darse cuenta, sorprendiéndose de lo que son capaces. En el deporte siempre te enfrentarás con situaciones complicadas que harán difícil alcanzar la victoria de tu equipo. Para sobreponerse ante esto, es necesario sacar a tus compañeros adelante inspirándolos a través de tu propio esfuerzo o de tus palabras. Contagiarlos de ese espíritu positivo que cree que no hay cosas imposibles.
Carácter: Ante las circunstancias adversas muchas personas se dejan llevar por sus emociones y pierden el control. En alguna ocasión también puedes sentirte ofendido por acciones de un rival o de algún árbitro. No hay que sentir temor por hacer valer tus derechos de una manera firme y educada. Debes saber que el deporte no construye el carácter, lo revela.
Esfuerzo y disciplina: Tu condición física va ligada a tu desempeño sobre la cancha de fútbol. Si no estás en buen estado físico, no podrás dar lo mejor de ti para ayudar a tu equipo. Esforzarte para alcanzar un mejor estado físico y desarrollar al máximo tus habilidades deportivas requiere de preparación y dedicación. Ambas cosas van acompañadas de esfuerzo y disciplina, nadie nace superdotado, ¿por qué crees que Messi y Cristiano Ronaldo son tan buenos futbolistas? Porque practican todos los días. Una vez que conozcas el esfuerzo que se necesita para hacer las cosas, aprenderás a valorar más lo que hacen tus familiares y amigos por ti. Además, también te enseñará una de las lecciones más importantes de la vida: valorarte a ti mismo. El éxito no llega por casualidad ni suerte, llega porque lo buscas.
Comunicación: En los deportes debes saber comunicarte adecuadamente con tus compañeros para poder jugar mejor. Cuanto más os entendáis, mejores resultados obtendréis. Además, esto puede ayudar a crear lazos con tus compañeros, aprendiendo a confiar en ellos. Esto mismo sucede en la vida. La comunicación es esencial para hacer buenos trabajos en grupo y aprender a confiar los unos en los otros.
Resolución de problemas: Estás perdiendo un juego. ¿Qué vas a hacer? ¿Cambiarás la estrategia? ¿Seguirás con ella? ¿Te rendirás? Tienes multitud de caminos, alguno, puede conducirte al éxito, pero, ¿cuál lo hará? Debes analizar bien la situación en la que te encuentras y evaluar rápidamente cuál te conviene más. ¿Quién dice que el deporte es para personas brutas? Solo un bruto es capaz de pensar algo así.
Saber perder y saber ganar: A nadie le gusta perder un juego, pero siempre hay posibilidades cuando practicamos deportes. Cuando se pierde, cada uno debe buscar las causas de la derrota en sí mismo y no en los demás. De este modo nos responsabilizamos de nuestras acciones. Por otra parte, también hay que saber ganar, no hay que sentirse invencibles por obtener una victoria cuando aún quedan muchos desafíos por delante. Por último, hay que saber reconocerle al rival su esfuerzo, estrecharle la mano y no burlarse de su práctica.
Actitud ganadora: No hay nada imposible. Si estás dispuesto a jugar, seguro que vas a querer ganar. Claro está que no debes hacer trampas o poner en peligro la integridad física de los rivales o compañeros. Todo juego debe desempeñarse dentro de las reglas que todos conocen. Ponte a prueba para ver de lo que eres capaz, ve más lejos de lo que has llegado, más allá de tus límites. El deseo de ganar te hará superarte a ti mismo cada día más.
Algunos de los más grandes deportistas de la historia tenían todas estas cualidades. Derek Jeter, Lebron James, Michael Schumacher, Michael Phelps, Usain Bolt, Rafael Nadal y el legendario Michael Jordan.
“Fallé más de 9000 tiros libres en toda mi carrera. He perdido más de 300 juegos. En 26 ocasiones, me han confiado el lanzamiento que podría ganar el juego y no pude anotar. He fallado mil y una veces. A través de mis fracasos aprendí a tener éxito” – Michael Jordan