sábado, 2 de mayo de 2015
AYUDA PARA MAESTROS: 5 vídeos para celebrar el Día de la Madre
AYUDA PARA MAESTROS: 5 vídeos para celebrar el Día de la Madre: 1. SER MADRE ES UN PLUS : ser madre supone un plus que toda la sociedad debe ver y valorar. 2. ¿QUÉ ES PARA TI TU MADRE? :...
sábado, 25 de abril de 2015
¿Sabes lo que se pierde tu hijo por no estar en contacto con la Naturaleza?.
Ni videojuegos, ni películas ni series de televisión, ni aplicaciones informáticas... Nada puede sustituir lo que un niño aprende en plena naturaleza. El olor de las flores, el vuelo de las mariposas, el viento en su cara... Experimenta todo lo que existe a su alrededor. Un grupo de investigadores ha constatado ahora que, además, el medio natural hace a los niños más fuertes para afrontar el estrés y ser más respetuosos con el medio ambiente. En definitiva, contribuye a su bienestar.
Los expertos llegaron a esta conclusión mientras intentaban conocer y definir un nuevo trastorno denominado «trastorno de déficit de Naturaleza», es decir la falta de contacto directo con el medio natural. «La vida cotidiana actual nos aleja de los espacios naturales y nuestro sistema nervioso y el funcionamiento psicológico requiere contacto continuo con la naturaleza para nuestro bienestar. Al fin y al cabo, vivimos en las ciudades desde hace poco», explica José Antonio Corraliza, catedrático de Psicología Ambiental en la Universidad Autónoma de Madrid, uno de los investigadores en colaboración con Silvia Collado, investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Mayor bienestar
«Solo nos damos cuenta del bienestar que proporciona la Naturaleza cuando estamos en el medio natural, cuando damos un paseo por el bosque o tenemos frente a nosotros unas vistas maravillosas», matiza el profesor. En el caso de los niños, lo ha podido comprobar. El equipo de Corraliza realizó un estudio entre mil niños teniendo en cuenta la naturaleza que se encontraba cerca de su domicilio. Se establecieron tres grupos: aquellos que disfrutaban de elementos naturales cerca de su domicilio (jardín propio, árboles, parque, vistas de la casa...), los que tenían la naturaleza a una media distancia y los que la tenían lejos.
Tienen mayor conciencia ambiental
Los investigadores también han comprobado que el «trastorno de déficit de Naturaleza» se puede producir en cualquier entorno. Tanto en laciudad como en el medio rural, a ambos han llegado los nuevos hábitos infantiles y se ha incrementado el consumo de nuevas tecnologías. «Un niño ya puede jugar al tenis con la Wii», insiste el investigador.
El «trastorno de déficit de Naturaleza» se vincula, a su vez, con cuatropatologías: aumento de la obesidad,enfermedades respiratorias, déficit de atención con hiperactividad e hipovitaminosis D(falta de la vitamina D, que se obtiene en buena medida de la exposición al sol).
Por eso, Corraliza aboga por romper los actuales hábitos infantiles, centrados en las nuevas tecnologías, y recuperar los espacios naturales públicos: jugar en la calle, en jardines, en parques, aprovechar salidas al campo los fines de semana, a granjas... Por ejemplo. «Se puede aprender cómo es una mariposa a través de un microscopio, peromotiva más si se ve la mariposa al aire libre», concluye el profesor.
lunes, 20 de abril de 2015
LA SEMANA CULTURAL 14-15
El día 23 de abril fue elegido como "Día Internacional del Libro", pues coincide con el fallecimiento de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega en la misma fecha en el año 1616 (aunque realmente no es así: Cervantes falleció el 22 y fue enterrado el 23, mientras que Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano, que corresponde al 3 de mayo del calendario gregoriano). En esta fecha también fallecieron William Wordsworth (en 1850) y Josep Pla (en 1981). La Unión Internacional de Editores propuso esta fecha a la Unesco, con el objetivo de fomentar la cultura y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. La Conferencia General de la Unesco la aprobó en París el 15 de noviembre de 1995, por lo que a partir de dicha fecha el 23 de abril es el "Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor".
Para nosotros supone el día, probablemente, más importante del año dentro de las festividades que celebramos en el colegio. Para ello contamos, como en años precedentes, con la colaboración de la Biblioteca Pública Provincial que nos cede gustosamente su patio central para organizar un concierto dentro de nuestra SEMANA CULTURAL. Para este año, DR. SAPO, han venido a contarnos, en clave musical, "LAS AVENTURAS DE SAM":
Para nosotros supone el día, probablemente, más importante del año dentro de las festividades que celebramos en el colegio. Para ello contamos, como en años precedentes, con la colaboración de la Biblioteca Pública Provincial que nos cede gustosamente su patio central para organizar un concierto dentro de nuestra SEMANA CULTURAL. Para este año, DR. SAPO, han venido a contarnos, en clave musical, "LAS AVENTURAS DE SAM":
“Erase una vez un ratoncito muy travieso que se llamaba Samuel, pero todos sus amigos le llamaban Sam…” Así comienza la maravillosa historia de amistad de un ratón llamado Sam que sale de su caja de cartón en busca de una ilusión, una estrella, encontrándose por el caminopersonajes a los que ayudará en sus búsquedas particulares. Rogelio el Caracol que busca la valentía de conseguir su lechuga, un malhumorado Tarzán que ha perdido a su mona, y Espinete que busca un tesoro. Juntos se darán cuenta que solo encontrarán lo que están buscando en equipo, y comprenderán el gran valor de lo que finalmente encuentran, tener amigos.
El aprendizaje social y emocional, las habilidades para la vida.
Las emociones…, si nos ponemos a pensar detenidamente en esta palabra lo primero que se nos puede venir a la mente es alegría, tristeza, rabia, miedo… O bien podemos remontarnos al pasado y recordar algún momento que nos hizo sentir felices y nos quedó tan grabado que al escuchar dicha palabra es lo primero que se nos viene a la cabeza. Quizás también si tu pasión es la música cerrarás los ojos y escucharás muy en el fondo esa bella melodía que te transporta a lugares donde solo puedes dirigirte saboreando esa bella canción que te despierta nostalgia. Es de este modo que podemos darnos cuenta que al hablar de “emociones”, cada uno de nosotros según las experiencias de vida que haya acumulado a lo largo de su historia, podrá interpretar o darle significado a esta palabra de manera distinta.
Sin embargo, ¿qué pasa si habláramos de educación emocional? Quizás para algunos que les interesa el tema conocerán de qué se trata. Habrá también otros que sabrán darle una pincelada a partir de lo que han escuchado, o bien por propio interés se han preocupado del tema. No obstante, sabemos que existirán muchos que no sabrán de qué estamos hablando, y esto no es raro. No creen entonces que siendo un tema tan trascendente, de suma importancia, ¿debería ser manejado por la mayoría y no solo un privilegio de algunos?
Lo anterior pasa porque este concepto nunca fue debidamente incorporado a nuestras vidas desde el momento que nacimos o desde antes, desde cuando nuestras madres nos tenían en su vientre. Hay estudios que demuestran que la educación emocional comienza ya en el útero materno, ya que hay evidencias que indican que las emociones o estado emocional de la madre son traspasadas al bebé. Cuando fuimos a la escuela, ¿alguien nos habló sobre educación emocional?, y ¿se le dedicaba las horas y la importancia debida? O dentro de nuestras familias ¿alguna vez se tocó el tema? ¿Se nos enseñó a tomar conciencia de nosotros mismos, de nuestras emociones, las ajenas y se nos dijo como regularlas? “Inteligencia emocional” se le llama a lo anterior, pero a estas alturas creo que aún nos queda mucho por aprender. Nunca es tarde, lo importante no es buscar culpables a esto ni mucho menos, desligarnos de la responsabilidad diciendo: “Es que a mí nunca me habían hablado de esto”. Porque si bien nuestros padres o nuestras escuelas no tenían conocimiento o no nos instruyeron en el tema, será también porque ellos no tuvieron a alguien que los apoyara y se los diera a conocer.
Entonces nuestra tarea es hacernos conscientes de que este tema sí es relevante, sí hay que darle cabida en la educación de nuestros niños y jóvenes, y nosotros como adultos también necesitamos educarnos en nuestras emociones. A los profesores y padres y todas las personas en general que sí tenemos la posibilidad de beneficiarnos de información relacionada con el maravilloso e inquietante mundo de las emociones, los invito a que nos nos quedemos atrás y empecemos juntos a reaprender y reeducarnos. De a poquito podremos contribuir juntos a cambiar el rumbo y redirigir la educación por el camino ya no solo intelectual sino que también emocional que necesitamos hoy.
Para complementar el tema les comparto un video muy interesante que recalca la importancia de los primeros años de vida, ya que es aquí donde se forman nuestros primeros patrones emocionales. Las emociones y el manejo de las mismas que predomine en nuestros primeros años, nos marcarán a largo plazo ya sea de manera favorable o desfavorable. Es de suma importancia sentirnos amparados y seguros en nuestra primera etapa de vida, donde el contacto físico y la conexión con nuestras figuras de apego juega un rol fundamental, dentro de entornos saludables que potencien emociones positivas.
En resumidas cuentas el que nos convirtamos en personas equilibradas e íntegras tanto física como emocionalmente, con un alto grado conocimiento de nosotros mismos y empatía hacia los demás, dependerá en un gran porcentaje del conocimiento y el manejo que tengamos de nuestras emociones y las de los demás, y mejor aún si esta educación emocional comienza en nuestros primeros años de vida. Siempre rodeados de un ambiente que sepa potenciar y estimular nuestras habilidades en un ambiente positivo.
En resumidas cuentas el que nos convirtamos en personas equilibradas e íntegras tanto física como emocionalmente, con un alto grado conocimiento de nosotros mismos y empatía hacia los demás, dependerá en un gran porcentaje del conocimiento y el manejo que tengamos de nuestras emociones y las de los demás, y mejor aún si esta educación emocional comienza en nuestros primeros años de vida. Siempre rodeados de un ambiente que sepa potenciar y estimular nuestras habilidades en un ambiente positivo.
Como dice Eduardo Punset en el libro (muy recomendado) “¿Cómo educar las Emociones?”
La manera ideal de reducir los futuros niveles de violencia, de aumentar los de altruismo, de prevenir los tambaleos de la salud y con ello, de dismunuir la presión que está colapsando los sistemas sociosanitarios y la asfixia a todo tipo de prestaciones, pasa por la temprana apuesta en práctica del aprendizaje social y emocional.”
lunes, 13 de abril de 2015
LA IMPORTANCIA DEL REFUERZO POSITIVO.
El refuerzo positivo ayuda a que los niños se sientan bien acerca de las decisiones que toman y eso tiene repercusiones tanto en su capacidad de aprendizaje como en sus hábitos de comportamiento. Pero ¿en qué consiste el refuerzo positivo, qué beneficios tiene y cuales son las claves para aplicarlo en casa y en el cole? Aquí te lo contamos.
El refuerzo positivo consiste en motivar, reconocer y apreciar los esfuerzos que hacen los pequeños. Todo ello contribuye a un aumento en su autoestima, a tomar buenas decisiones y estimular sus motivaciones. Pero, ¿cómo y cuando podemos aplicar el refuerzo positivo en casa y en el cole?
Expertos de la Universidad de Utah estudiaron los efectos del refuerzo positivo y aseguran que cuando mejor funciona es justo después de un buen comportamiento. Pero cuidado, tal y como publicamos aquí en Cuaderno de Valores, demasiados elogios pueden ser destructivos. Es importante ser sinceros y respaldar nuestros comentarios con argumentos.
CÓMO DARLES EL REFUERZO POSITIVO.
Pon más énfasis en lo positivo, no lo negativo. No existe una universidad para padres y si no leemos sobre psicología y educación infantil, seguimos nuestro instinto o nos guiamos por cómo fuimos educados. Pero, esto no es siempre bueno.
Uno de los errores que cometemos es reforzar un comportamiento negativo y dar por hecho que nuestros hijos lo van a hacer bien. Otros emplean el chantaje para cambiar el comportamiento de sus hijos. “Si te comes todas las verduras/si dejas de llorar/si te portas bien… te daré un premio/regalo/postre…” Es mucho más productivo felicitarles por algo que hayan hecho bien. Erin Schlincher, en un artículo publicado por Psychology Today, asegura que “es importante entender que el chantaje puede crear un patrón de comportamiento que enseña al niño a portarse mal para conseguir lo que quiere.”
ESTABLECER OBJETIVOS.
Como educadores y padres, sabemos la importancia que tiene lo que les decimos y cómo se lo decimos pero, a veces, con las prisas, nos equivocamos. A continuación hay una serie de frases hechas que deberíamos aprender a sustituir con alternativas positivas.
- Sustituye: “Recoge tus juguetes” por: “Por favor, recoge tus juguetes y guárdalos en la caja.”
- “Pórtate bien” es demasiado general. Puedes sustituirlo por: “Cuando estés en casa de Marcos, acuérdate de compartir y ser paciente o lávate las manos antes de comer.”
- En lugar de “no corras” di: “Camina por favor”.
- La frase “no te levantes de la mesa y salgas corriendo” puede ser sustituido por: “Cuando termines de comer, por favor recoge tu servilleta y coloca tu plato en el fregadero.”
HACERLES VER SUS PROGRESOS.
A la hora de reforzar el buen comportamiento de tu hijo, haz memoria para que se de cuenta de su progreso. Por ejemplo: “Hace un año, no sabías atarte los zapatos. Y mira ahora, qué bien lo haces.” O “¿te acuerdas cuando escondías tus juguetes al llegar tus amigos a casa? Hoy te he visto jugando y me alegré mucho verte compartirlos con los demás.”
Acuérdate que las recompensas vienen de formas diferentes. No siempre tienes que ofrecer algo material cuando tu hijo se porte bien o mejore una habilidad. Un abrazo, un comentario positivo, un beso, un guiño de ojo, una sonrisa, su plato preferido, una actividad divertida son todas recompensas positivas. Prueba a sorprenderles con frases así: “Gracias por ayudarme a preparar la cena. ¿Por qué no lo celebramos viendo una peli juntos? “
Recuerda que los niños necesitan buenos ejemplos y modelos que les inspiren, motiven y les ayuden a mejorar y a aprender valores y virtudes importantes como la responsabilidad, la amistad y la perseverancia.
martes, 7 de abril de 2015
El poder de los padres en el cerebro de los hijos.
Los seres humanos al nacer somos los que necesitamos más tiempo para seguir formándonos, de ahí la idea de exterogestación, es decir, continuar la gestación fuera del cuerpo de la madre como si estuviera dentro del cuerpo de la madre, para eso los especialistas en neonatología, como Nils Bergman y otros, recomiendan para el recién nacido humano: no separar al recién nacido de la madre, contacto permanente con el cuerpo de la madre, la menos medicalización posible en el parto, ya que interfieren el los procesos de regulación fisiológica mutua entre el bebé y la madre, lactancia a libre demanda, brazos, seguridad, calma, meceos, palabras, suavidad. En países nórdicos, han entendido tan bien el mensaje de la evidencia empírica que han ofrecido los investigadores en cerebro humano que han decidido comenzar la escolarización a los 7 años, una vez que el cerebro, específicamente las áreas de pensamiento y lenguaje están lo suficientemente maduras, como para que el mamífero humano, pueda desempeñarse en una independencia relativa de sus padres. Claro comprendieron por fin, que somos sumamente dependiente de la regulación de nuestros cuidadores principales. Mamá, papá, abuela, nana, tía.
Se ha dicho en múltiples investigaciones, que somos las mamás y los papás o quien cuide al niño o niña, los que organizamos el aparato mental de nuestros hijos, siendo Allan Schore, uno de los líderes en este campo con una de sus ideas centrales, de que somos los padres los arquitectos del cerebro de los niños, y a él se le une Daniel Siegel, otro investigador, señalando que somos los adultos, los cuidadores principales los que moldeamos el cerebro de nuestros hijos.
Sue Gerhardt, como para ejemplificar, señala: “Los bebés de madres deprimidas han de ajustarse a una baja estimulación y se acostumbran a la carencia de sentimientos positivos. Los bebés de madres irritables, están, a menudo, en un estado de sobreexitación, con la sensación de que los sentimientos salen de la madre de manera explosiva, y que ésta o cualquier cuidador en general, poca cosa puede hacer para evitarlo. Por el contrario, los bebés bien cuidados esperan del mundo que les rodea que sea receptivo a sus sentimientos y que les ayude a volver a su nivel normal cuando se presentan intensos estados de excitación; en este caso, mediante la experiencia de lo que hacen sus progenitores aprenden a hacerlo por sí mismo.” Claro, los hijos esperan que los adultos que los cuidan sean los que entreguen calma, seguridad, palabras que los protejan y cuiden.
Perfecto, entonces, el cómo tratemos a nuestros hijos, será la manera en cómo ellos vivencian el mundo, como ellos manejarán las situaciones estresantes. La manera cómo nosotros nos relaciones con ellos, será más o menos, la manera que ellos tendrán para relacionarse con otros en el futuro y será la manera que tendrán para tratarse a sí mismo.
Si lo miramos de otra forma, el como tu mamá o tu papá te cuidó mientras eras una guagua, estaba o se sentía (estaba deprimido, irritable, agresivo) será cómo tu sentías era el mundo. El mundo era los ojos de tu mamá. Si te trataban a golpes de más grande cuando te estresabas, simplemente porque tu cerebrito de 4 años aún no lograba encontrar su propia manera de gestionar el estrés, seguro, hoy de adulto, cuando tus hijos hacen pataletas, tu debes apretar los dientes y te deben dar unas ganas locas de pegarle como te pegaban tus padres, o simplemente le pegas, incluso, puedes decir, que “qué tanto pegarle, si a mi me pegaron y no tengo ni un trauma”, pues ya vez que lo tienes, tu cerebro se moldeó para tener descontrol de impulsos y aprendiste a que frente una situación que a ti te genera estrés, sueles responder de la misma manera que lo hacía quien te golpeó o metió a la ducha fría. Ahora bien, quizás no golpees a tu mujer y tu, no golpees a tu marido, pero si, quizás se gritan, se hacen la ley del hielo, no saben comunicarse, no son empáticos, se sienten en competencia e incluso son infieles, esas son otras formas de violencias. Y ahora, vamos a ver cómo te tratas a ti misma o a ti mismo, te automedicas? Usas anisolíticos y te vas consiguiendo recetas por aquí y por allá? Cuánto alcohol tomas? Puedes parar de trabajar el fin de semana? Puedes controlar tus impulsos agresivos? Te conectas con tus hijos? Cómo te tratas a ti misma? Te cuidas? O te maltratas?
Pero también se ha investigado que algunos de los que bebés, niños y niñas que recibimos golpes, no golpeamos, ni castigamos a nuestros hijos, algunos, logramos ser resilientes y podemos reparar para las futuras generaciones, otros siguen gritando y tironeando como locos a sus hijos, evadiéndolos con excusas de que hay tanto que hacer, cuando en realidad hay tanto por evadir en el mall. Ojo acá no juzgamos, acá, se entiende, comprende, empatiza y se ayuda … la niñez de los propios hijos iluminan las sombras de la propia niñez. La buena noticia como dice Daniel Siegel, es que “A medida que los padres adquieren mayor consciencia y son cada vez más sanos emocionalmente, sus hijos cosechan los frutos y también ellos avanzan hacia la salud. Eso significa que integrar y cultivar tu propio cerebro es uno de los regalos más afectuosos y generosos que puedes ofrecer a tus hijos.” Me encanta esta idea… y la veo todos los días en mi consulta y cada quince días en mis Círculos de Mujeres…. Y la veo en mi y en mis hijos…. J Estoy segura, vamos a ir cambiando para mejor, estoy segura.
Pero sigamos, qué hay detrás de un adulto que justifica un golpe o una ducha fría o la ley del hielo a sus propios hijos?
-Un niño al que le hicieron lo mismo.
-Una niña que hoy es madre, que sigue pegada a su propia madre, a pesar de los malos tratos recibidos, tanto que todo lo que la madre dijo es ley. Le organizó el cerebro.
-Un adulto con serios problemas en el control de impulsos. Es decir que de niño vio a sus propios padres descontrolados frente a situaciones de estrés o frente a mínimos estímulos.
-Un padre o una madre que tiene algún trastorno del ánimo (depresión, bipolaridad, etc)
-Un adulto, con un trastorno fronterizo de la personalidad.
-Un padre y/o una madre alcohólico, que con “caña” o “resaca”, reacciona de manera violenta frente a una pataleta o desorden de un niño. Recordemos que las pataletas se dan entre el año de vida hasta los 5 años en el 84.6% de los niños y niñas, por tanto, es una reacción normal, frente a situaciones que para la inmadurez de la edad, no alcanzan a manejar.
-Un padre y/o madre adictos a drogas.
-Adultos con problemas en las relaciones interpersonales y dificultades laborales.
-Dificultad con la ética.
-Mamás y papás estresados.
-Mamás que cursan depresión post parto. Irritadas. Cansadas.
Y podría seguir.
Lo que quiero demostrar con este texto, es que detrás de un golpe, ducha fría, ley del hielo, negligencia por acción u omisión, siempre habrá un adulto que tiene un cerebro que fue estructurado por las personas que lo criaron. Y acá es donde la palabra AMBIENTE, cobra peso por sobre la genética, tema que tanto gusta. Se ha demostrado que “LA EXPERIENCIA MODIFICA LA EXPRESIÓN DE LOS GENES” (epigenética) Y esto es clave, porque si yo tuve abuelo alcohólico, padre alcohólico y yo bordeo el alcoholismo, pero en mi familia no hay golpes, ni castigos, y por el contrario, la mayor parte del tiempo hay palabras, compañía, amor, una madre y/o un padre que trabajan su propio cerebro, se les está ofreciendo a los propios hijos un NUEVO AMBIENTE, un ambiente, una familia distinta a la que vivió mi padre, mi abuelo….¿se entiende?
Las experiencias que vivan nuestros hijos con nosotros sus padres será clave para la formación de su cerebro. Si los agredimos con golpes, duchas frías, ley del hielo, indiferencias, soledades, desamparos, drogodependencias, abusos, etc etc, estamos afectando directamente la formación de estructuras cerebrales, y en palabras sencillas, los dejaremos con las membranas rotas, sin defensas adecuadas para defenderse ante otros agresores, ante sus propias agresiones… y ahí, esperemos exista una buena abuela, una buena terapeuta, que los ayude a reparar los daños que quedaron.
Leslie Power.
Psicóloga Clínica.
viernes, 3 de abril de 2015
Competir atenta contra el aprendizaje
La escena es común: termina una competencia escolar y los participantes reciben un diploma o regalo simbólico, que los felicita por su participación. En un bando están los padres que celebran este gesto, pues creen que se trata de una estrategia para proteger el fortalecimiento de la autoestima de sus hijos. Pero no son pocos los apoderados que levantan la voz, alegando que premiar a todos es injusto hacia los que ganaron y que lo único que se consigue es que los pequeños no quieran dar lo mejor de sí.
Alfie Kohn –conferencista, académico, escritor y educador estadounidense conocido por sus controversiales puntos de vista sobre educación y paternidad– no está de acuerdo con ninguno de estos dos grupos. Desde su casa, en Boston, dice con ironía:
No quiero decir que darles premios a todos sea bueno; más bien me parece un poco inocuo; al final, no es más que una expresión de cariño. Si yo critico estas competencias y la entrega de premios es desde una mirada más profunda: es el concepto mismo de competitividad y esfuerzo a toda costa el que me parece negativo”.
¿Por qué afirma que la competitividad es nociva?
Lo que yo quisiera es ver más juegos cooperativos que competitivos. La competitividad como valor destruye las relaciones humanas, porque la idea que está en su base es que los demás son potenciales obstáculos para mi éxito. Esto crea desprecio hacia uno mismo, junto con incentivar la agresividad y estimular la trampa, el engaño, la estafa. Además, evita el surgimiento de conductas cooperativas, que a la larga se traducen en una mayor productividad. La gente rinde más y se siente mejor consigo misma cuando tiene éxito, pero además es parte de una comunidad en la que todos se apoyan.
Kohn, padre de dos hijos preadolescentes, está habituado a disparar hacia las bases mismas del sistema educativo occidental: los rankings de notas, que estimulan la competitividad entre instituciones, son uno de sus blancos favoritos. Por algo la revista Time lo calificó como “el más franco y abierto crítico de las notas, pruebas y tests” que hay en Estados Unidos. Columnista habitual de influyentes medios de comunicación, como The Washington Post y The Huffington Post, ha escrito más de una decena de libros sobre estos temas. Uno de los más conocidos es El mito de las tareas (2007), donde asegura que el hábito de enviar actividades para que los niños hagan en la casa, después del colegio, no refuerza los contenidos, como se cree, sino que solo consigue que los escolares pierdan interés en aprender.
Kohn acaba de lanzar una nueva publicación: El mito del niño malcriado. Desafiando la sabiduría convencional sobre niños y paternidad, volumen en el que profundiza en la filosofía que le ha dado fama.
Quise escribir este libro –dice– porque hay un cúmulo de ideas sobre cómo son los niños y sobre cómo debieran ser enseñados, que no solo carece de respaldo científico, sino que además se basa en valores que son muy conservadores, como la evaluación excesiva del esfuerzo y la competencia.”
Kohn agrega que en Estados Unidos reina la idea de que los niños están recibiendo todo “demasiado fácil”, sin haber hecho suficiente trabajo ni haber sido tan persistentes.
Por esta razón, habría toda una generación de niños malcriados, consentidos, que no saben lo que es la frustración, a la que se evalúa como ‘vital’ para aprender a sobrevivir en este ‘mundo cruel’ ”, agrega.
Usted cuestiona el valor del trabajo duro como camino hacia el éxito. ¿Por qué?
En Estados Unidos, la última moda en educación es la necesidad de instalar la persistencia en los niños; para mí se trata de un sofrito de la antigua ética protestante sobre el valor del trabajo.
¿Qué le dice la palabra ‘meritocracia’?
Me parece muy difícil afirmar que alguien tuvo éxito sobre la base de sus méritos. En el caso de los niños, me parece peligrosa esta idea, porque, para forjar la creencia en su propio valor fundamental como personas, necesitan sentir apoyo incondicional, independientemente de sus ‘méritos’.¿Estamos más preocupados de seleccionar a los mejores y ponerlos como ejemplo, o de que todo niño tenga acceso a una buena educación?
Si estas ideas no tienen respaldo científico, ¿de dónde vienen?
El esfuerzo a toda costa es un punto de vista muy conservador, porque reproduce las instituciones y valores que tenemos hoy, en vez de estimular el cambio social. Por eso, al final de mi libro, invito a los adultos a ayudar a los niños a convertirse en lo que llamo ‘rebeldes reflexivos’; que se escandalicen por las cosas escandalosas, que hagan preguntas incómodas, aunque no sean bienvenidas por las autoridades.
En una de sus columnas en ‘The Washington Post’ asegura que hoy se habla de ‘educación de calidad’ sin que las partes involucradas se pongan de acuerdo sobre lo que eso significa. ¿Cómo define usted esta discusión?
Cada vez que hago una conferencia, tanto frente a padres como frente a educadores, pregunto: “¿Cómo quieren que los niños sean cuando adultos?”. Y siempre responden que quieren que sus hijos sean felices y éticos, independientes y compasivos; que sean pensadores críticos y creativos, que amen aprender. Pero, cuando les pido que comparen estas metas con las características de sus colegios, descubren una enorme brecha, una profunda desconexión. El sistema educativo no está enfocado en ninguno de estos valores. Lo que parece motivar a los colegios es alcanzar puntajes. Y esto hace que los niños odien la institución y duden de sus propias capacidades. Aprenden que el objetivo de conseguir buenas notas es ser mejor que el resto.
Cada vez que hago una conferencia, tanto frente a padres como frente a educadores, pregunto: “¿Cómo quieren que los niños sean cuando adultos?”. Y siempre responden que quieren que sus hijos sean felices y éticos, independientes y compasivos; que sean pensadores críticos y creativos, que amen aprender. Pero, cuando les pido que comparen estas metas con las características de sus colegios, descubren una enorme brecha, una profunda desconexión. El sistema educativo no está enfocado en ninguno de estos valores. Lo que parece motivar a los colegios es alcanzar puntajes. Y esto hace que los niños odien la institución y duden de sus propias capacidades. Aprenden que el objetivo de conseguir buenas notas es ser mejor que el resto.
Pero esos mismos padres dirían que sí quieren tener a sus hijos en colegios que demuestran buenos resultados en los ‘rankings’.
Si los padres dicen eso es porque no han sido invitados a pensar en el efecto destructivo de las notas y las pruebas estandarizadas. La investigación científica demuestra de manera consistente que, cuando los alumnos son evaluados de esta manera, suceden tres cosas: tienden a estar menos interesados en el aprendizaje por sí mismos; escogen siempre el camino más fácil si tienen la opción (no porque sean flojos, sino porque son racionales) y tienden a tener un pensamiento más superficial. En vez de hacerse preguntas del tipo ‘¿estamos seguros de que esto es así?’ o ‘¿esto no se contradice con lo que vimos la semana pasada?’, preguntan ‘¿qué entra en la prueba?’. Pero la ironía más triste es que mucha gente que no sabe sobre pedagogía o educación –me refiero a políticos o altos ejecutivos– hablan sobre los rankings como indicadores de calidad, cuando justamente atentan contra la calidad en su sentido más profundo.
SOFÍA BEUCHAT
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